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Ese día que encontré y vivencié la clave
de mi vida, todo cambió. Comencé a ver, a sentir, a reconocer y a
aceptar mis sentimientos, mis emociones sin luchar, dejando mi cuerpo
abierto a las sensaciones, sintiendo que soy la vida y dueña de ella.
Dejé fluir, entrar y salir, circular las emociones y sentimientos- sin
prohibiciones, observando nada más- como las olas en el océano que
vienen a disolverse, a derretirse en la playa, en la arena .Y una paz
profunda se instaló en mi corazón. Viví el pulsar, el movimiento, el
ritmo del cual participo, entregándome aunque no sea mío.
Respirando, descubrí cómo transmutar esa
energía, conocí el nacer-vivir-morir de cada respiración , de cada
instante .Conocí la grandeza y la profundidad, el valor, el poder del
soplo. Cada sesión se torna un gozo cósmico, una fusión en los mundos
sensibles donde no existen límites .Inspiro el universo y me disuelvo en
él con la expiración .Me siento una ,unida...
Hoy sé, siento que disuelvo y resuelvo las
tensiones sin dolores ni violencia, entregándome al Todo, abriéndome
cada vez más a lo que la vida me ofrece .Cambié mi respiración y junto
con ello cambiaron mis patrones de pensamiento... acepto con paz lo que
está viniendo. Veo la vida con otros ojos, por fin veo la vida con Amor
y Luz. Me abrí a la respiración, me abrí a la vida.
La energía vital, divina que participa en
la respiración purifica nuestro cuerpo, libera nuestra alma resolviendo
y disolviendo los traumas, los miedos, si es que queremos y aceptamos
esa ayuda del universo. Abrirse a la respiración es abrirse a la vida
placentera, plena, a la vida armoniosa, amorosa.
Respirar es pulsar, fluir, vibrar, vivir.
Es ritmo, eterno movimiento, desligándonos sutilmente de nuestros padres
biológicos para religarnos, conectarnos, entregándonos en la eternidad
con nuestros padres cósmicos.
Respirar es descubrir la vida con un nuevo
ojo puro, cristalino donde la aceptación es total y la paz su
consecuencia.
Renacer es dar a luz a su Ser divino,
verdadero, confiable, creativo, independiente y responsable. Es dar a
luz a nuestra luz interna , chispa de la gran luz universal.
NACER
Durante nueve meses nos desarrollamos en
total sintonía con ese cuerpo que escogimos para pasar a este plano
físico en la Tierra. Estamos en relación muy estrecha con ese útero que
nos aceptó, participando de cada pensamiento, emoción y relación que
anima ese cuerpo mayor. Parece que no importa lo que pasó por que no nos
recordamos....Pero todo esta registrado...
Cuando se acerca el nacimiento las
contracciones nos asustan, nos aprietan, se achica nuestro espacio
vital... y más o menos rápidamente...con miedo y dolor...somos
proyectados afuera, expulsados del
paraíso...Luz...ruido...,frío...,dolores..., violencia... Nos
morimos..., nos mataron, cortaron nuestra fuente vital, que todavía
pulsaba en el cordón. Instinto de sobreviviencia, abrimos los
pulmones... respiramos... quema el pecho, los bronquios, el dolor y el
sufrimiento se instala... lo relacionamos con la vida. Agresiones,
maltratos para ese
pequeño vehículo, despertar violento para
nuestros sentidos. Nos abandonan en una cuna. Estamos solos,
desamparados, maltratados con inconsciencia pero con buena intención.
No supieron recibirnos por que ellos
tampoco se recordaron...Pensaban que no sentíamos..., que no importaba
...Pero morimos un instante...Perdimos conciencia...Preferimos
olvidar...pero toda una vida nos espera por delante...
Nacimos a la densidad. Esa luz, esa
potencialidad divina que somos se concentra en ese cuerpo físico ya
sellado de tantas experiencias limitantes....
Aparente amnesia de la experiencia ... El
trauma fue tan grande que no nos recordamos. ¿De dónde venimos? ¿Quiénes
somos? ¿Qué pasó? Nuestro cuerpo se quedó con la memoria, grabó todas
las sensaciones. Nuestra mente consciente apagó la experiencia y decidió
accionar solo postura de defensas para el futuro. Esas decisiones se
transformaron con el tiempo en patrones inconscientes de
comportamientos – que nos hacen reaccionar negativamente en la vida
cotidiana, temiendo y separándonos de los que más cerca nos sentimos y
vivimos, tales como desconfianza, inseguridad, carencia, agresividad ,
miedo, violencia, angustia, fobia...
Al nacer perdimos esa intimidad y unidad,
el calor y la protección que nos daba nuestra madre. Nacimos a la
dualidad, a la separatividad...Vivimos y crecemos conflictivos entre
ese amor – conexión que sentimos y recibimos de ella y un odio –
resentimiento, inconsciente y profundo, del trauma que sufrimos al
desprendernos salvajemente de ese lugar protegido para llegar a un medio
que percibimos hostil.
Oscilamos toda la vida en esta dualidad
protección /abandono, dependencia /independencia, amor /odio,
bienestar /malestar, atracción /rechazo, contracción /expansión y nos
mareamos, dejándonos llevar inconscientemente a repetir esas primeras
impresiones de la existencia, fluctuando en un espacio inseguro, sin
firmeza y con pocas raíces ... queriendo amar posesivamente o /y ser
amado pero resulta traumáticamente conflictivo.
¿Cuándo estaremos íntegros, firmes,
adultos, aceptándonos y reconociéndonos en los extremos, integrando esas
polaridades, regresando a la unidad, a la totalidad de lo que somos?
Nírmala Loaec
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