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Al parecer,
esa es la única manera de cambiar la condición social de las mujeres:
permitir a la ciencia plena libertad para transformar la relación entre
hombres y mujeres y abandonar la idea del matrimonio, que es algo
absolutamente repulsivo porque es una forma de propiedad privada. Los
seres humanos no pueden ser poseídos, no son una propiedad. Y el amor
debería ser un juego gozoso. Y si quieres niños, entonces los niños
deberían pertenecer a la sociedad de modo que la mujer no fuera
etiquetada como madre, como esposa o como prostituta. Estas etiquetas
deberían desaparecer.
Lo que
dices es: «Me siento prisionera del temor a intimar con un hombre y
perder totalmente el control». Toda mujer tiene miedo porque si pierde
el control con un hombre, el hombre alucina. No puede manejarlo; su
sexualidad es muy pequeña. Como es un donante, pierde energía cuando
hace el amor. La mujer no pierde energía mientras hace el amor; por el
contrario, se siente nutrida. Estos son hechos que hay que tener en
cuenta. Durante siglos, el hombre ha obligado a la mujer a controlarse y
la ha mantenido a distancia, no permitiéndole jamás que intimara
demasiado. Así que toda esa charla acerca del amor es caca de vaca. (*)
Dices: «Hay
una mujer tremenda encerrada en mi interior. Por lo general, cuando en
alguna ocasión sale, los hombres se quedan, alucinados así que ella
vuelve a entrar en hibernación, juega sobre seguro y se queda totalmente
frustrada». Esta historia no es tuya solamente: es la historia de todas
las mujeres. Ellas están viviendo con una profunda frustración. Sin
encontrar ninguna salida, completamente ignorantes de aquello que les
ha sido arrebatado, no tienen nada más que una posibilidad: se las
encuentra en las iglesias, en los templos, en las sinagogas rezando a
Dios. Pero ese Dios es también un macho chovinista. No hay lugar para
las mujeres dentro de la
trinidad
cristiana. Todo son hombres: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Es
un club de gays.
Esto me
recuerda que, cuando Dios creó el mundo, hizo al hombre y a la mujer a
partir del barro y alentó la vida en ellos. Los creó iguales. Pero al
mirar el mundo puedes darte cuenta de que, fuera quien fuese el que lo
creó, es un poco estúpido. Creó al hombre y a la mujer pero hizo una
cama demasiado pequeña para que durmieran los dos en ella. La cama era
tan pequeña que sólo podía dormir en ella una persona. Ambos eran
iguales, pero la mujer insistió: ella dormiría en la cama y él dormiría
en el suelo. Te sorprenderá saber que su primera noche de existencia
fue el comienzo de una guerra de almohadas.
Tuvieron
que ir ante Dios. Y la solución era muy simple: bastaba con hacer una
cama extra grande, cualquier carpintero habría podido hacerla. Pero Dios
es un hombre y está tan lleno de prejuicios como cualquier otro hombre:
demolió a la mujer, la destruyó. Y entonces creó a Eva, pero ahora la
mujer no era ya igual al hombre: Eva fue creada de una costilla de Adán,
así que fue creada simplemente para servir al hombre, para cuidarle,
para ser utilizada por él.
Los
cristianos no te cuentan toda la historia. Empiezan su historia desde
Adán y Eva, pero Eva está ya reducida a un estado de esclavitud. Y desde
ese día la mujer ha vivido en esclavitud de miles de maneras. No se le
ha permitido ser independiente financieramente. No se le ha permitido
ser igual al hombre a nivel educativo, porque entonces habría podido ser
financieramente independiente. En lo religioso, no se le ha permitido
ni tan siquiera leer las escrituras o escuchar a algún otro.
A la mujer
se le han cortado las alas de muchas maneras. Y el mayor mal que se le
ha hecho ha sido instaurar el matrimonio, porque ni el hombre ni la
mujer son monógamos; psicológicamente son polígamos. De modo que toda su
psicología ha sido forzada en contra de su naturaleza. Y dado que la
mujer era dependiente del hombre, ha tenido que sufrir toda clase de
insultos; porque el hombre era el amo, era el propietario, tenía todo el
dinero. |