Por Samael Aun Weor
La magia es, según Novalis, el arte de
influir conscientemente sobre el mundo interior.
Escrito está con carbones encendidos en el
libro extraordinario de la vida, que el amor ardiente entre
varón y hembra obra mágicamente.
Hermes Trismegisto, el tres veces grande Dios
Ibis de Thot, dijo en su tabla de esmeralda: "Te doy amor en
el cual está contenido todo el súmmum de la sabiduría".
Todos tenemos algo de fuerzas eléctricas y
magnéticas en nosotros y ejercemos, al igual que una
magneto, una fuerza de atracción y otra de repulsión. Entre
los amantes es especialmente poderosa esa fuerza magnética,
y su acción llega muy lejos.
La magia sexual (o "Sahaja Maithuna") entre
marido y mujer, se fundamenta en las propiedades polares que
ciertamente tienen su elemento potencial en el sexo.
No son hormonas o vitaminas de patente lo que
se necesita para la vida, sino auténticos sentimientos del
tú y yo, y por ende el intercambio de las más selectas
facultades afectivas, eróticas, entre el hombre y la mujer.
La ascética medieval de la fenecida edad de
Piscis, rechazaba el sexo calificándolo como tabú o pecado.
La nueva ascética revolucionaria de Acuario se fundamenta en
el sexo; es claro que en los misterios del "Lingam-Yoni" se
halla la clave de todo poder. De la mezcla inteligente del
ansia sexual con el entusiasmo espiritual, surge, como por
encanto, la conciencia mágica.
Un sabio autor dijo:
"La magia
sexual conduce a la unidad del alma y la sensualidad, o sea
la sexualidad vivificada: lo sexual pierde el carácter de lo
sospechoso y menospreciado que sólo se acata secretamente y
con cierta declarada vergüenza; por el contrario, es puesto
al servicio de un maravilloso gozo de vivir, penetrado por
él y alzado a componente de la afirmación de la existencia
que asegura felizmente el equilibrio de la personalidad
libre".
Necesitamos con urgencia evadirnos de la
sombría corriente cotidiana del acoplamiento vulgar común y
corriente y entrar en la esfera luminosa del equilibrio
magnético del "redescubrimiento en el otro", de "hallar en
ti la senda del filo de la navaja", "el camino secreto que
conduce a la liberación final".
"Sólo cuando
conocemos y empleamos las leyes del magnetismo entre los
cuerpos y las almas, no serán ya más imágenes fugaces y sin
sentido, nieblas que se desvanecen en la luz, todas las
palabras sobre amor, sexo y sexualidad".
Es ostensible la tremenda dificultad que
presenta el estudio de. la magia sexual. No resulta nada
fácil querer mostrar como "aprendible y visible" la sexo
yoga, el "Maithuna", con su gobierno de las más delicadas
corrientes de nervios y las múltiples influencias
subconscientes, infraconsciente e inconscientes sobre el
ánimo.
Hablemos claro y sin ambages; este tema es
cuestión de experimentación íntima directa, algo demasiado
personal.
Renunciar a la concupiscencia animal en aras
de la espiritualidad es fundamental en la magia sexual, si
es que en verdad queremos encontrar el hilo de ascenso de
Ariadna, el áureo bramante que ha de conducirnos de las
tinieblas a la luz, de la muerte a la inmortalidad.
Un gran filósofo cuyo nombre no menciono
dijo:
"Si las
auténticas fuerzas procreadoras, las anímicas y
espirituales, se hallan situadas en el fondo de nuestra
conciencia, encontramos precisamente en el "sympathicus",
con su red irradiadora de sensibles mallas de ganglios, al
mediador y conductor a la realidad interior, que no sólo
influye sobre los órganos del alma, sino que también
gobierna, dirige y controla los centros más importantes en
el interior del cuerpo; guía, de manera igualmente
misteriosa, la maravilla de la concepción hasta el
nacimiento del nuevo ser, así como los fenómenos del
corazón, riñones, cápsulas suprarrenales, glándulas
generadoras, entre otras".
"En cambio, a
toda sensibilidad y espiritualidad, a la vida ritmizada,
intenta él, como auténtico 'spiritus creator' del cuerpo, y
mediante la dirección de la corriente molecular y la
cristalización de rayos cósmicos, balancear en el ritmo del
universo a todos los elementos psíquicos y físicos que le
están subordinados".
"Este 'nervus
sympathicus' es en realidad también un 'nervus ideoplasticus',
debe ser comprendido como mediador entre nuestra vida
instintiva inconsciente y la moderación de la viva imagen
impresa en nuestro espíritu desde eternidades; es el gran
equilibrador medio que puede apaciguar y reconciliar a la
perpetua polaridad, a las albas y crepúsculos del sol del
alma, a las manifestaciones de negro y blanco, amor y odio,
Dios y Diablo, exaltación y decaimiento".
El andrógino divino de la primera raza
humana, "Adán Kadmon", se propagó sólo por el poder de la
voluntad y de la imaginación mágica, unidas en vibrante
armonía.
Los antiguos sabios de la Cábala afirmaron
que tal potencia volitiva e imaginativa se perdió por la
caída en pecado, por lo que el ser humano fue arrojado del
Edén.
Esta magnífica concepción sintética de la
Cábala hebraica tiene por base una tremenda verdad; siendo
así, es precisamente función de la magia sexual restablecer
dentro de nosotros mismos esa unidad original divina del
andrógino paradisíaco.
Cierto sabio dijo enfáticamente lo siguiente:
"Obra la magia
sexual transfigurando corporalmente y procura una
acentuación ideal a lo sexual en el alma. Por eso son
capaces de magia sexual sólo los seres que tratan de superar
el dilema dualista entre el mundo anímico y el de los
sentidos, quienes dotados de íntima 'vela', se hallan
absolutamente libres de cualquier especie de hipocresía,
mojigatería, negación y devaluación de la vida".
Tomado del libro
EL MISTERIO DEL AUREO FLORECER
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