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La ley del
amor entero
-sin excepciones ni
restricciones- es la
ley de mí ser. Pero
no predico esta ley
suprema mediante las
medidas políticas que preconizo:
sería condenarse al fracaso
por anticipado. No
sería razonable
esperar que las masas obedezcan
actualmente esta ley...
No soy un visionario:
sólo pretendo ser un
idealista
práctico.
*
La moralidad
es la
base de todas las
cosas, y la verdad
es la
substancia de toda
moralidad.
*
No comparto
la idea de que
en la tierra hay o
habrá una única
religión. Por
eso, lucho para
descubrir un factor
común y
también para
inducir la tolerancia
mutua.
*
La purificación
de sí mismo,
aunque no parezca
ofrecer alguna realidad palpable, es
el medio más poderoso para
reformular nuestro
entorno y superar los escollos
más pesados.
Este
proceso de
purificación obra de
un modo sutil,
invisible. Pese a
su aparente
lentitud, a
menudo fatigosa, es
el medio por
excelencia, el más directo,
el más seguro y
el más corto para
alcanzar la liberación. Jamás
se realizarán
bastantes esfuerzos
para lograrla. Pero
como punto
de partida debe haber
una fe inquebrantable
como una roca.
EL ERROR Y LA HERMANDAD
Un error no se convierte en verdad
como resultado de la propagación multiplicada, y tampoco
la verdad se
vuelve un error porque nadie la percibe.
*
Cuando veo a un hombre cayendo en el
error o hundiéndose en el vicio, me digo que eso también me pasó a mí no
hace demasiado tiempo. Por eso mismo, me siento hermano de todos los
hombres y, para ser feliz, tengo la necesidad de ver feliz hasta al más
pequeño de mis semejantes.
*
La vida solitaria que llevé en
Africa del Sur tanto
como jefe de familia, abogado, reformador social o político requería
para el debido cumplimiento de estos deberes una estricta regulación de
la vida sexual y una rígida práctica de la
no violencia y la verdad en las relaciones
humanas, ya sea en las
que mantenía con
mis compatriotas como con
los europeos. Sostengo que no
soy nada más que
un hombre común con menos
capacidades que las comunes. Tampoco puedo
afirmar que tengo
algún mérito especial por Ia no
violencia o
la continencia, puesto que
he podido
llegar a
eso sólo tras laboriosas
búsquedas. No
tengo la menor sombra de
duda que
cualquier hombre o
mujer podría lograr
lo que
he hecho si realizara
el esfuerzo que
yo hice y cultivara
la misma esperanza y
la misma fe.
*
Si
Dios quiere enviarme a
Occidente, iré allá
para tocar el corazón
de las masas,
para hablar con
toda serenidad con la
juventud de esos
países y, finalmente, para
tener el privilegio de
reunirme con hombres
que, como yo, buscan la
paz a toda costa, pero jamás
menoscabando
la verdad. |