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Cuando
me inclino sobre la tierra,
advierto mi deuda
con Dios y también
que -si soy
digno de esta morada- debo
reducirme a polvo y
regocijarme por
entablar lazos no apenas
con los seres humanos más
inferiores sino también con las
formas más bajas
de la creación, cuyo
sino -ser reducidas
a polvo- debo
compartir. Las
formas más ínfimas de la
creación son tan imperecederas
como mi alma.
*
Mi
consejo es: satyagraha
al principio,
satyagraha al
final. No existe mejor camino
para
alcanzar la libertad.
*
La experiencia
me enseñó
que el
silencio forma parte de la
disciplina espiritual
del devoto de
la verdad. La propensión a
exagerar, a suprimir o modificar la verdad
-sea o no a
sabiendas- es una
debilidad natural del
hombre. Por
consiguiente, para vencer
dicha debilidad se
hace necesario el silencio.
El hombre de
pocas palabras raramente
será descuidado con su habla, pues
medirá sin
falta cada sílaba que pronuncie.
*
La verdad
me resulta infinitamente más
apreciable que mi título de
Mahatma [magnánimo
o "gran
alma"] que no es más que un
simple fardo para mí:
lo que hasta ahora
me salvó
de la opresión
de ese
título de Mahatma es
el conocimiento de mi
indignidad
y de mi nada. |