|
Amor y Sexualidad Tántrica
Siva dijo:
En el instante del amor, el pasado y el futuro no
existen.
El amor te abre al infinito, a la eternidad de la
existencia.
Lalla, una maestra del Sivaísmo de Cachemira
Llamada también Lallesvarî por los Shivaitas y Lal
Didî o Lal Dêd por los Musulmanes, esta yogini vivió
en Cachemira entre 1300 y 1400 y fue contemporánea
del gran sufí syyid ´Ali Hamadânî que convirtió
Cachemira al Islam en 1380.
Lalla pertenecía a la religión Shivaita, pero es
posible que hubiera tenido la influencia del sufismo
y que hubiera conocido a célebres sufíes eclécticos
como Syyid y Amìr Shamsa´ddîn´Iraki, Nûru´ddîn shah
que incluso los hindúes veneran con el nombre de
Nand Rshi Sahazânanda. Su Gurú que se llamaba Sad
Mol no era Shivaita. Muy pronto Lallâ debió de
alcanzar el estado místico en el que él se
encontraba cuando se encontraron.
Casada en una noble familia de Cachemira, encerrada
por su suegra, Lalla erró como asceta, cantando y
danzando, enteramente desnuda, según se dice. Cuando
se le reprochaba su indecencia ante los hombres,
ella respondía que solo son hombres aquellos
respetuosos de Dios y, visto que su número era
escaso, no valía la pena de vestirse... Pero un día,
viendo a lo lejos a Syyid´Ali, salió corriendo y se
escondió en la casa de un panadero gritando "¡he
visto a un hombre!"
Musulmanes e Hindúes recitan ambos, todavía hoy, sus
versos llenos de una extraño encanto y musicalidad.
Su estilo es simple, directo, conciso y familiar;
sus imágenes sacadas de la vida común.
Lalla y Bhattanârâyana tienen en común la vivencia
nítida de la presencia divina. Su poesía brota de su
amor y nos devuelve constantemente a la Realidad
fundamental; siendo ambos muy vivos y originales,
nos hacen participar de sus emociones: luchas,
sufrimientos, arrebatos y asombros. Contrariamente a
muchos bhakta no tienen nada de solemne. Sentido del
humor e ironía decoran su profunda poesía que, solo
ateniéndose a lo esencial, se ríe de lo accesorio.
Lalla dice asimismo: "Aquel que, con la vía del
Cisne en la memoria (la repetición natural y
espontánea del mantra HAMSA con cada respiración),
sin cesar a Shiva invoca, y que, aunque activo noche
y día, del fruto se ha despreocupado, habiendo la
dualidad dejado su pensamiento, hacia él se muestra
siempre benévolo el Soberano de los dioses"
Hamsa, el cisne, simboliza el ritmo espontáneo e
ininterrumpido del aliento en todo ser, mientras
dura su vida; canto de Shiva "que penetra hasta el
centro de los seres" se vuelve en el yogui una
respiración extática en la cual vibra el aliento
bien interiorizado (simple expansión de la plegaria
silenciosa bajo su aspecto de kundalini) que le
lleva al apaciguamiento y a la revelación de Shiva,
Cisne muy puro. Bhattanarayana compara su aliento a
la columna que se eleva verticalmente en el centro
del cuerpo, o al tronco del árbol en el que reposan
los pensamientos revoloteadores.
Este amor sereno realiza así el milagro de hacer
adherir a Shiva toda la persona, aliento incluido,
en una comunión sin palabras y sin pensamiento. La
respiración se hace oración.
La plegaria no es de ninguna manera una repetición
mecánica del nombre de Shiva, es una emanación
espontánea del núcleo de la persona sin preparación
ni procedimiento, surgida de un deseo vigilante,
exclusivo, que no desea nada fuera de Shiva y no se
acuerda más que de él. Es la evocación de su nombre
( nama, esencia) para que se haga presente ante la
conciencia.
Puesto que el olvido de Sí es la causa del samsara
(la rueda continúa del mundo manifestado),
comprendemos que el recuerdo de nuestra verdadera
naturaleza juega un papel esencial contrarrestando
los efectos del enemigo de Shiva: Smara, cuyo nombre
significa "recuerdo del mundo". Ese recuerdo implica
olvido de Dios, ya que entre Dios y el mundo una
elección se impone: hay que olvidar uno si se quiere
rememorar el otro, Shiva hace desaparecer Smara en
cuanto se manifiesta. Pero cuando el amor invade el
mundo, no hay incompatibilidad entre Shiva, Dios, o
como te guste llamarlo y un mundo divinizado.
El Masaje Hindú Tántrico |