| | | | | | | Armonizando Rosario > | | | ENSEÑANZAS |
|
 |
|
|
TANTRA,
AMOR Y SEXO |
|
TANTRA, AMOR Y SEXO
El corazón del sexo tántrico
by Diana Richardson
Capítulo 2
Condicionamiento sexual
Si el sexo es una fuerza connatural a todos los seres humanos, por qué nos
olvidamos entonces de su más valioso potencial orgásmico? Por qué desechamos
el arte de generar amor y saborearlo? Por qué nos centramos tanto en el
simple orgasmo? La contestación a todas estas preguntas, aunque nos parezca
triste, es que a medida que nos fuimos haciendo más civilizados, nos fuimos
haciendo también más inconscientes.
A lo largo de miles de años, hombres y mujeres han venido manteniendo entre
ellos un fuerte estado de desequilibrio.
Cada vez nos hemos preocupado más, en detrimento del verdadero amor y del
sexo estimulante, por racionalizar nuestro tiempo y lograr nuestras metas.
Con el desarrollo tecnológico ha crecido en nosotros un ansia desmedida por
aprovechar al máximo nuestro tiempo, por planificar hasta nuestras más
nimias acciones y por alcanzar nuestros objetivos. Cuanto más desarrollado
está un país, más importancia le atribuye al tiempo; y así vemos como la
gente vive sujeta a apretadas agendas y a citas cronometradas al segundo.
Esto proyecta sobre nosotros una presión tal que no sólo nos hace perder la
capacidad de amar sino que muchas veces nos sume en serios trastornos
somáticos y psíquicos.
En nuestro moderno mundo, el estrés ataca como agente responsable de un
porcentaje inquietantemente alto de enfermedades.
Los estados de relajación y tranquilidad interior se nos han hecho tan
extraños que cuando no tenemos nada que hacer nos sentimos impacientes y
aburridos.
Buscamos con empeño la acción y todo aquello que de alguna manera nos excite
y estimule.
Parece como si hubiésemos vuelto del revés las normas de la naturaleza.
Paradójicamente, vivir esclavos del reloj da, por lo visto, significado a
nuestra vida, mientras que la tranquilidad y el ocio nos la llena de
ansiedad y zozobra.
Por qué nos centramos tanto en el orgasmo?
Cuántas veces te habrás dicho a ti mismo o a tu pareja que te apetecía hacer
el amor pero que no tenías tiempo? En cierto sentido, esto no deja de ser
verdad: las relaciones

sexuales satisfactorias requieren tiempo.
Sin embargo, cuando encontramos finalmente tiempo y nos disponemos a hacer
el amor, siempre nos entra una excesiva prisa por llegar al final, es decir,
al orgasmo. Cuando esto ocurre, nos evadimos de nuestro propio ser; es como
si no estuviésemos ´presentes´ en el coito, como si en realidad no
entrásemos en contacto con nuestra pareja.
Nuestras mutuas caricias y tocamientos sólo tienen una meta: alcanzar el
clímax. Si abordamos de este modo la cuestión, el orgasmo se convierte en el
único medio de satisfacción sexual; y ello, porque estamos convencidos de
que el sexo no es realmente sexo si no llegamos a ´corrernos´, o sea, si no
se produce esa culminación y liberación de energía de las que hemos hablado.
Y así vemos cómo millones de mujeres se preocupan y sufren emocionalmente
porque no logran sentir un orgasmo que se les resiste, o cómo legiones de
hombres están desesperados porque eyaculan con más rapidez que la que les
gustaría o porque lo hacen bastante antes de que su compañera quede
satisfecha.
A menos que la pareja consiga ´correrse al mismo tiempo, ambos protagonistas
terminan con la sensación de que les ha faltado algo, de que han fallado o
de que son sexualmente incompatibles.
Esta urgencia y sin razón por llegar al clímax ataca en nosotros casi como
un reflejo automático, lo cual no nos deja otra alternativa que aspirar a lo
que normalmente aspiramos,
esto es, a alcanzar a toda costa el orgasmo. Es tan fuerte este deseo que
parece absolutamente instintivo; si este es el caso, hay menos
posibilidades de que lleguemos a darnos cuenta de que existen otras maneras
de hacer el amor.
Así las cosas, parecería que estamos condenados para siempre a repetirnos en
el juego del amor y a buscar algo que nunca llegaremos a encontrar. Esta
tendencia a marcarnos una meta y la consiguiente prisa por alcanzarla, ha
sido durante siglos la tónica predominante en las relaciones sexuales;
tendencia que, junto con ciertos dogmas religiosos, ha reprimido seria y
eficazmente nuestra energía sexual.
En este aspecto, estamos condicionados por un buen numero de temores,
inseguridades, ansiedades, tensiones y presiones en torno al orgasmo y al
sexo; y es con estos antecedentes tan poco propicios, y en cierto modo
desconocidos para nosotros, como dentro de unos límites específicos
mantenemos nuestro placer.
Se nos ha vedado el conocimiento de otras formas de hacer el amor, a la par
que se nos imponían una serie de condiciones que nos marcaban la ruta que
teníamos que recorrer para la expresión de nuestra energía sexual: Tenéis
que empezar de esta manera y terminar de esta otra, nos decían.
Prácticamente nos arrojaban al pozo de la rutina. Lo más penoso de todo esto
es que estas condiciones atacan sin que ni siquiera nosotros nos demos
cuenta, ya que suelen estar escondidas tras razonamientos de este estilo:
´Mi madre, mi abuela y mi bisabuela hicieron el amor de esta manera y les
fue bien, por qué no tiene que irme bien a mí también?´ Así pensaba yo hasta
que comencé a explorar el amor a la luz de un contexto diferente.
29/09/05 |
|
| | |
|
|
| | | | | |