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Esa nueva cosa
es el amor. Y es igual que el agua: la sed de muchas,
muchas vidas se sacia. De pronto estás satisfecho. Ese es el signo
visible del amor. Estás satisfecho, como si lo
hubieras conseguido todo. Ya no hay nada que conseguir. Has
alcanzado el objetivo. Ya
no
hay otro objetivo, el destino se ha cumplido. La semilla se ha
convertido en flor, ha alcanzado su total
florecimiento.
La satisfacción profunda es el signo visible del amor. Cuando
una persona ama, tiene una satisfacción profunda. El
amor no se
puede ver, pero la satisfacción, la profunda satisfacción que lo rodea...
cada una de sus respiraciones, cada uno de sus momentos, su
ser mismo, satisfecho.
Puede
que te sorprenda cuando te digo que el amor hace que
ya no tengas deseos, pero el deseo viene con la insatisfacción. Deseas
porque no tienes. Deseas porque piensas que si tienes algo te dará
satisfacción. El deseo viene de la insatisfacción.
Cuando hay amor y dos centros se han unido y disuelto y fundido,
y ha nacido una nueva cualidad alquímica, hay satisfacción. Es como
si la existencia entera se hubiera detenido, no hay movimiento.
Entonces, el momento presente es el único momento. Y
entonces puedes decir: «¡Ah,
esta tarta es deliciosa!» Incluso la muerte no significa nada
para un hombre que ama.
Por eso te digo que el amor hará que no tengas deseos. Sé intrépido,
abandona los miedos, permanece abierto. Permite que algún
centro encuentre el centro que hay dentro de ti. Renacerás
con ello; se creará una nueva cualidad de ser. Esta
cualidad de ser
dice: «Esto es Dios.» Dios no es un argumento, es una plenitud,
una
sensación de plenitud.
Puede que hayas observado que cuando te sientes descontento quieres
negar a Dios. Cuando estás insatisfecho, todo tu ser quiere
decir: «No hay Dios.» El ateísmo no surge de la
lógica, surge de la
insatisfacción. Puede que lo racionalices, eso es otra cosa. Puede
que no digas que eres ateo porque te sientes
insatisfecho. Puede que
digas: «No hay Dios y tengo pruebas.» Pero eso no es la verdad.
Si estás satisfecho, de pronto todo tu ser dice: «Hay Dios.» ¡De
pronto lo sientes! La existencia entera se vuelve
divina. Si hay
amor, por vez primera tendrás la sensación de que la existencia es
divina y todo es
una bendición. Pero hay que hacer mucho antes
de que esto pueda suceder. Hay
que destruir mucho antes de que esto pueda suceder. Tienes
que destruir todo lo que crea barreras
en ti.
Haz del amor un sadhana, una disciplina interna. No dejes que
sea tan sólo algo frivolo. No dejes que sea tan sólo
una ocupación
de la mente. No dejes que sea tan sólo una satisfacción corporal.
Haz que sea una búsqueda interna, y toma al otro como una ayuda,
como un amigo.
Si
has oído algo sobre el tantra, sabrás que dice: si puedes encontrar
un consorte, un amigo, una mujer o un hombre que esté
dispuesto a entrar contigo hacia
tu centro interno, que esté listo a
ir contigo a la cima más alta de la relación, entonces esta relación
se volverá meditativa. Entonces a través de esta
relación alcanzarás
la relación suprema. Entonces el otro se vuelve una
puerta.
Deja que te lo explique: si amas a una persona, poco a poco primero
desaparece la periferia de la persona, desaparece la forma de
la persona. Entras más y más en contacto con lo que
no tiene forma,
lo interno. Poco a poco, la forma se vuelve vaga, y desaparece.
Y si profundizas más, incluso este individuo sin
forma empieza a
desaparecer y a fundirse. Entonces se abre el más allá. Entonces
ese individuo particular era
sólo una puerta, una abertura. Y a través de tu amante,
encuentras lo divino. |