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 ENSEÑANZAS

Matrimonio

Un mundo mejor, más inteligente

En un mundo mejor, más inteligente, la gente amará, pero no hará contratos. ¡No es un negocio! Se comprenderán mutuamente, y comprenderán el flujo cambiante de la vida. Serán sinceros. En cuanto el hombre sienta que su amada ya no le produce ninguna alegría, le dirá que ha llegado el momento de separarse. No hay necesidad de matrimonio, no hay necesidad de divorcio. Entonces será posible la amistad.

Me preguntas por qué no es posible la amistad entre los hombres y las mujeres... No es posible la amistad entre el carcelero y el prisionero. La amistad es posible entre seres humanos iguales, totalmente libres de todas las ataduras de la sociedad, la cultura, la civilización, que viven de acuerdo con su auténtica naturaleza.

No es ningún insulto a la mujer decirle: «Cariño, se acabó la luna de miel.» No es ningún insulto al hombre si la mujer dice: «Ahora las cosas ya no pueden ser bonitas. El viento que soplaba ya no está aquí. Ha cambiado la estación, ya no es primavera entre no­sotros; no salen las flores, no surgen las fragancias. Es hora de se­pararse.» Y como no existe la atadura legal del matrimonio, no sur­ge la cuestión del divorcio.

Es muy feo que los tribunales y la ley y el Estado interfieran en tu vida privada, tienes que pedirles permiso. ¿Quiénes son ellos? Es una cuestión entre dos individuos, un asunto privado.

Serán sólo amigos, no maridos, no esposas. Por supuesto, si sólo hay amistad, la pasión nunca se convertirá en odio. En cuan­to sientas que la pasión desaparece, dirás adiós, y se comprenderá. Incluso si duele, no hay nada que se pueda hacer, así es la vida.

Pero el hombre ha creado sociedades, culturas, civilizaciones, normas, reglas, y ha hecho que la humanidad ya no sea natural. Por eso los hombres y las mujeres no pueden ser amigos. Y los hombres y las mujeres se vuelven maridos y esposas, lo cual es algo absolutamente feo; empiezan a poseerse el uno al otro.

Las personas no son cosas, no puedes ser su dueño. Si creo que tu mujer es hermosa, y me acerco a ella, te enfadas, estás dispuesto a luchar porque me estoy acercando a tu propiedad. Ninguna es­posa es propiedad de nadie, ningún marido es propiedad de nadie. ¿Qué tipo de mundo habéis creado? Las personas se ven reducidas a propiedades; entonces hay celos, odio.

Tú mismo sabes que te sientes atraído por la mujer del vecino. Naturalmente, también puedes adivinar lo que le pasa a tu mujer. Tu mujer sabe perfectamente bien que se siente atraída por otra  persona, pero no puede acercarse a esa persona a causa del marido. ¡Él está ahí con una pistola! El amor se volverá necesariamente odio, y durante toda la vida se va acumulando el odio. ¿Y piensas que de este odio van a nacer niños hermosos? No nacen del amor, sino de la obligación. Es obligación de la mujer permitirte que la utilices.

A decir verdad, no hay diferencia entre las esposas y las prostitutas. La diferencia es como la que hay entre tener tu propio coche o ir en taxi.

A una prostituta la compras sólo por unas horas; las esposas son un asunto a largo plazo, es más económico. A las familias rea­les no se les permite casarse con alguien que no tenga sangre real: posición, dinero, poder... Nadie puede amar a nadie en semejantes circunstancias, en las que la relación es financiera.

La mujer depende de ti porque tú ganas dinero. Y durante siglos los hombres no han permitido que las mujeres tengan una educación, que entren en el mundo de los negocios, que tengan trabajo, por la sencilla razón de que si la mujer tiene su propia po­sición financiera, su propia cuenta bancaria, no puedes reducirla a una cosa. Así que ella tiene que depender de ti. ¿Y piensas que alguien que tiene que depender de ti te amará?

 

Fuente : Osho El libro de la mujer

25/05/2009    13.17

   
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