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No pierdas ninguna oportunidad de amar. Incluso paseando
por la calle puedes
ser amoroso. Incluso con un mendigo puedes
ser amoroso. No es necesario
que tengas que darle algo; puedes sonreír,
al menos. No cuesta nada, pero tu sonrisa misma abre tu corazón,
hace que tu corazón esté más vivo. Toma a alguien de la
mano, un amigo o un extraño. No
esperes pensando que sólo amarás cuando aparezca la persona
apropiada. Entonces la persona
apropiada no aparecerá nunca. Sigue amando. Cuanto más amas,
mayor es la posibilidad de que
aparezca la persona adecuada, porque
tu corazón comienza a florecer. Y un corazón en flor atrae a
muchas abejas, a muchos
amantes.
Te han educado de una manera muy equivocada. Primero, todo
el mundo vive con la falsa impresión de que todo el mundo ya sabe
amar. Sólo por haber nacido crees que ya sabes amar. No es tan
sencillo. Sí, hay potencial, pero el potencial hay que entrenarlo,
disciplinarlo. Existe una semilla, pero tiene que florecer. Conviértete
en una flor, no te quedes en semilla.
Dos personas que no son felices por separado, harán que el otro
esté aún peor cuando se junten. Eso es matemático. Tú no eras feliz,
tu esposa no era feliz, ¿y esperáis que estando juntos vais a ser
felices los dos? Esto es una aritmética muy sencilla, como que dos y
dos son cuatro. Es así de simple. No forma parte de ninguna aritmética
más elevada; es muy corriente, lo puedes contar con los dedos.
Ninguno de los dos será feliz.
-¿Ya no me amas? -preguntó la esposa de Mulla Nasrudin-. Ya
nunca me dices nada agradable como solías hacer cuando nos hacíamos
la corte. -Ella enjugó una lágrima de uno de sus ojos con
el borde de su delantal.
-Te amo, te amo -replicó Mulla Nasrudin-. Y ahora, por favor,
¿vas a callarte de una vez y dejarme beber mi cerveza en paz?
Hacer la corte es una cosa. No te fíes de eso. De hecho, antes de
casarte, deja eso de la corte. Mi sugerencia es que el matrimonio
debería suceder después de la luna de miel, nunca antes. Sólo si
todo va bien, sólo entonces debería suceder el matrimonio.
La luna de miel después del matrimonio es algo muy peligroso.
Que yo sepa, el 99 por 100 de los matrimonios ya han acabado para
cuando termina la luna de miel. Pero entonces estás atrapado, ya no
hay manera de escapar. Entonces toda la sociedad, la ley, los tribunales,
todos están contra ti si abandonas a tu esposa, o tu esposa te
abandona a ti. Entonces, toda la moralidad, la religión, el cura, todos
están contra ti. De hecho, la sociedad debería crear todas las barreras
posibles para el matrimonio y ninguna para el divorcio.
La sociedad no debería permitir que la gente se casara tan
fácilmente. Los tribunales deberían crear barreras: vive con esa
mujer al
menos dos años, y entonces el tribunal puede permitirte que te cases.
Ahora mismo están haciendo justo lo contrario. Si te quieres casar,
nadie pregunta si estás preparado o si sólo es un capricho, y
es sólo porque te gusta la nariz de esa mujer. ¡Qué insensatez! Uno
no puede vivir simplemente con una nariz larga. Pasados dos días
habrás olvidado la nariz. ¿Quién mira la nariz de la propia esposa?
Lo he oído: un cierto pabellón de un hospital estaba enteramente
provisto de enfermeras que parecían finalistas del concurso
de Miss Mundo, pero cada vez que uno de los pacientes las veía, se
quedaba mirando fijamente y decía: «¡Qué birria!»
El hombre de la cama de
al lado no lograba entenderlo en absoluto.
-Enfermeras guapísimas como éstas cuidándote y todo lo que se te
ocurre decir es «¡Qué birria!». ¿Por qué?
-No pensaba en las enfermeras -dijo el otro con tristeza-, pensaba
en mi mujer.
La esposa nunca parece guapa, el marido nunca parece guapo.
Una vez que os conocéis, la belleza desaparece.
No se debería permitir que dos personas vivieran juntas el
tiempo suficiente para conocerse, para familiarizarse. E incluso si
quieren casarse, esto no se les debería permitir. Entonces los divorcios
desaparecerían del mundo. Los divorcios existen porque los
matrimonios son erróneos y forzados. Los divorcios existen porque
los
matrimonios se llevan a cabo en un estado romántico.
Un estado romántico es bueno si eres poeta, y no se conoce a
los poetas como buenos maridos o buenas esposas. De hecho, los
poetas casi siempre son solteros. Juguetean mucho, pero nunca
los atrapan, y por eso su romance permanece vivo. Siguen escribiendo
poesía, bella poesía.. |