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 ENSEÑANZAS

La historia es la del hombre

 En el original: His Story. Juego de palabras intraducibie al castellano. El sustantivo History (historia, en el sentido de texto que recoge sucesos significati­vos del pasado de la colectividad) se descompone en el adjetivo posesivo masculi­no singular His y el sustantivo Story (historia, en el sentido de relato). (N. del T.)

  En El profeta, de Khalil Gibran, una mujer pide a Al-mustafa que hable sobre el dolor. ¿Podrías comentar este fragmento?

Y una mujer habló, diciendo «Háblanos del dolor».

Y Almustafa dijo:

Tu dolor es la ruptura del caparazón

que encierra tu entendimiento.

Así como el hueso del fruto debe romperse

para que su núcleo pueda exponerse al sol,

así tú debes conocer el dolor.

Y si pudieras mantener tu corazón maravillado

ante los milagros diarios de tu vida,

tu dolor no te parecería menos maravilloso que tu alegría.

Y aceptarías las estaciones de tu corazón,

así como siempre has aceptado las estaciones

que pasan sobre tus campos.

Y observarías con serenidad

a través de los inviernos de tu sufrimiento.

Gran parte de tu dolor es tu propia elección.

Es una poción amarga

con la que el médico que hay en ti cura tu ser enfermo.

Por lo tanto, confía en el médico,

y bebe su remedio con silencio y tranquilidad:

porque su mano, aunque pesada y dura,

está guiada por la mano tierna de lo invisible,

y el cáliz que trae,

aunque quema tus labios,

ha sido hecho del barro

que el Alfarero ha humedecido

con Sus propias lágrimas sagradas.

 

Parece muy difícil, incluso para un hombre del calibre de Khalil Gibran, olvidar una actitud machista profundamente arraigada. Digo esto porque las afirmaciones de Almustafa son correctas en cierta forma, pero, sin embargo, olvidan algo muy esencial.

Almustafa olvida que la pregunta la ha hecho una mujer, y su respuesta es muy general, aplicable tanto al hombre como a la mu­jer. Pero la verdad es que el dolor y el sufrimiento que han padeci­do las mujeres del mundo es mil veces mayor que el que ha cono­cido el hombre. Por eso digo que Almustafa está respondiendo la pregunta, pero no a quien la formula. Y a no ser que se responda a quien pregunta, la respuesta es superficial, no importa lo profunda que pueda sonar... La respuesta parece académica, filosófica.

No tiene en consideración lo que el hombre ha hecho a la mu­jer, y no es cuestión de un día, sino de miles de años. Almustafa ni siquiera lo menciona. Al contrario, continúa haciendo lo mismo que los sacerdotes y los políticos han estado haciendo siempre, ofreciendo frases de consuelo. Detrás de las bellas palabras no hay nada más que consuelos. Y los consuelos no pueden ser un susti­tuto de la verdad.

 Y una mujer habló...

¿No es extraño que de toda esa entera multitud ningún hom­bre pregunte acerca del dolor? ¿Es puramente accidental? No, ab­solutamente no. Es muy significativo que una mujer haya hecho la pregunta Háblanos del dolor, porque solamente la mujer sabe cuántas heridas ha estado llevando, cuánta esclavitud -física, men­tal y espiritual- ha estado sufriendo y continúa aún sufriendo.

La mujer está sufriendo en el centro más profundo de su ser. Ningún hombre sabe lo profundo que puede entrar en ti el dolor y destruir tu dignidad, tu orgullo, tu humanidad misma.

Almustafa dice: Tu dolor es la ruptura del caparazón que en­cierra tu entendimiento.

Una afirmación muy pobre, tan superficial que a veces me  aver­güenzo de Khalil Gibran. Cualquier idiota puede decirlo. No está a la altura de Khalil Gibran: Tu dolor es la ruptura del caparazón que encierra tu entendimiento. Es una afirmación muy simple y general.

Así como el hueso del fruto debe romperse para que su núcleo pueda exponerse al sol, así tú debes conocer el dolor. Odio esta afirmación. Está apoyando la idea de que debes pasar por el dolor. Es un truismo, pero no una verdad. Es muy objetivo, una semilla tiene que pasar por un gran sufrimiento, porque a no ser que la se­milla muera en ese sufrimiento, el árbol nunca nacerá, y el gran fo­llaje y la belleza de las flores nunca llegarán a existir. Pero ¿quién recuerda a la semilla y su valor para morir para que pudiera nacer lo desconocido?

También es verdad que si ...el caparazón que encierra tu entendi-miento... atraviesa el sufrimiento, se rompe, da la libertad a tu entendimiento, habrá cierto dolor. Pero ¿qué es el caparazón? Así es como los poetas han evitado las crucifixiones; él debería haber explicado qué es el caparazón: todos tus conocimientos, todos tus condicionamientos, el proceso entero de tu formación, tu educa­ción, tu sociedad y civilización, todo ello constituye el caparazón que te mantiene a ti, y a tu entendimiento, aprisionados. Pero él no menciona una sola palabra respecto a lo que quiere decir con «ca­parazón».

 Gautama el Buda es un hombre; sus grandes discípulos -Ma-hakashyap, Sariputta, Moggalayan- son todos hombres. ¿No había ni una sola mujer que pudiese haber alcanzado el mismo nivel de conciencia? Pero el mismo Gautama Buda negaba la iniciación a las mujeres, como si no fueran una especie de la humanidad sino de algún estado subhumano. ¿Para qué molestarse por ellas? Pri­mero, que logren llegar a ser hombres.

La afirmación de Gautama Buda es que el hombre es la encru­cijada desde la que puedes ir a cualquier parte: a la iluminación, a la libertad suprema. Pero a la mujer no la menciona en absoluto. Ella no es una encrucijada, sino tan sólo una calle oscura en la que ninguna corporación municipal ha puesto ni siquiera luces; no conduce a ninguna parte. El hombre es una autopista. Así que pri­mero deja que la mujer venga a la autopista, que llegue a ser un hombre, que nazca en el cuerpo de hombre, entonces habrá algu­na posibilidad de que se ilumine.

 

Fuente : Osho El libro de la mujer

23/02/2009    11.45

   
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