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Así
que el primer martillazo vino de Karl Marx. El segundo martillazo
vino de Sigmund Freud. Él declaró que hombres y mujeres
son iguales, pertenecen a la misma especie, y cualquier teoría o
filosofía que condene a las mujeres es simplemente inhumana
y machista. Y luego el tercer y último martillazo vino de las
investigaciones de Masters y Johnson, que revelaron que la mujer ha
sido privada del orgasmo durante siglos. Probaron que el comportamiento
del hombre ha sido realmente inhumano. En lo referente
a sus propias necesidades sexuales, el hombre utilizó a la
mujer, pero no permitió que la mujer disfrutara del sexo.
Estas tres
cosas han cambiado toda la atmósfera en Occidente;
pero estas
tres cosas aún no han penetrado en la mente oriental,
tradicional.
Como consecuencia, la mujer occidental está en pie de
guerra. Pero
es un fenómeno reaccionario; por eso no estoy a favor
de lo que
pasa en nombre de la liberación de la mujer.
Quiero que
las mujeres se liberen, pero no que se vayan al otro
extremo, ya que eso es tratar de ser
vengativas, es tratar de hacer
al hombre exactamente lo mismo que el hombre le ha hecho a ella.
Esto es una
pura estupidez. El pasado es el pasado, ya no existe,
y lo que ha hecho el hombre ha sido hecho inconscientemente.
No se
trataba de algo consciente contra las mujeres. Ni él era consciente,
ni la mujer era consciente.
El movimiento
de liberación de la mujer está declarando que
no quieren tener ninguna
relación con los hombres, romped todas
las relaciones con los hombres.
Están promoviendo el lesbianismo,
un paralelo de la
homosexualidad, que las mujeres sólo deberían
amar a otras mujeres y
boicotear a los hombres. Esto es pura perver-sión. Y como reacción,
las mujeres deberían hacer al hombre todo lo que él les ha hecho a
ellas: portarse mal, maltratar, decir
obscenidades como siempre ha
hecho el hombre, fumar cigarrillos como siempre ha hecho el
hombre.
Naturalmente, están perdiendo su encanto, su belleza... se visten
como siempre ha vestido el hombre. Pero es un extraño fenó-meno
que la manera de vestir tenga tanta influencia. La ropa de
la mujer oriental tiene
encanto, y da encanto a todo su cuerpo. La mujer occidental está
tratando de competir con los vaqueros: pantalones
téjanos, ropas de aspecto estúpido, cortes de pelo muy
feos.
Quizá piensen
que se están vengando, pero se están destruyendo
a sí mismas. La venganza siempre te destruye, la reacción siempre
te destruye. Me gustaría que se comportaran como rebeldes2.
Me siento
atraída casi siempre por mujeres y sólo en
muy raras ocasiones profundamente
por un hombre. Esto me molesta
un poco. Por favor, ¿podrías decir
algo sobre esto?
+El sexo ha
sido llamado el pecado original, no es ni original ni pecado.
Incluso antes de que Adán y Eva comieran el fruto del árbol del
conocimiento ya tenían relaciones sexuales, y todos los demás
animales del jardín del Edén, también. Lo único que sucedió
después de
comer el fruto del conocimiento fue la conciencia: se dieron cuenta
de ello. Y al darse cuenta les dio vergüenza.
¿Por qué les
dio vergüenza? ¿De dónde vino la vergüenza? Les
dio vergüenza
porque vieron que se estaban comportando igual
que los
demás animales. Pero ¿qué hay de malo en comportarse
como los
demás animales? El hombre también es un animal. Pero
apareció el
ego: la fruta del conocimiento creó el ego. Creó la
superioridad, la idea de la superioridad: «Somos seres humanos superiores.
Estos animales estúpidos, si hacen ciertas cosas se les puede
perdonar. Pero a nosotros no se nos puede perdonar, esto
está por debajo de nuestra
dignidad.» The Rebel,
cap. 29
El sexo es
una actividad tan fundamental en la naturaleza que
el ego del hombre empezó a intentar
librarse de él.
Lo primero
que me gustaría que recordaras es: el sexo es natural.
No hay ninguna necesidad de hacer esfuerzo alguno para librarse de
él, aunque sé que llega un momento en que lo trasciendes,
pero eso es algo totalmente diferente. No puedes librarte de él
mediante tu esfuerzo. Si
tratas de librarte de él, serás víctima de
perver-siones. El hombre ha
creado muchos tipos de perversiones porque durante siglos ha estado
tratando de librarse del sexo. La
homosexualidad ha surgido porque
hemos privado a la gente de la heterosexualidad. La homosexualidad
surgió como fenómeno religioso
en los monasterios porque forzamos a los monjes a vivir juntos en
un lugar y a las monjas a vivir en otro lugar, y los separamos
con grandes muros.
Todavía ahora
hay monasterios católicos en Europa en los que
no ha entrado una sola mujer durante
mil doscientos años, ni siquie-ra
se permitió que entrara un bebé de seis meses, una bebita. ¿Qué tipo
de personas viven ahí que tienen miedo de una niña de
seis meses? ¿Qué tipo de
personas? Deben de haberse pervertido
muchísimo, deben de tener miedo
de que podrían hacer algo. No
pueden fiarse de sí mismos.
La
homosexualidad tiene que suceder. Sucede sólo en los monas-terios
y en el ejército, porque estos dos son los sitios en los que no se
permite que se mezclen los hombres y las mujeres. O sucede
en los
internados de chicos y de chicas; tampoco ahí se les permite
mezclarse. El fenómeno entero de la homosexualidad es una
consecuencia de esa educación
estúpida. La homosexualidad desaparecerá
del mundo el día que se permita a hombres y mujeres encontrarse
de manera natural.
Desde la
misma infancia empezamos a separarlos. Si un chico
juega con
chicas lo condenamos. Decimos: «¿Qué haces? ¿Eres un
mariquita?
¡Eres un chico, eres un hombre! ¡Sé un hombre, no
juegues con
las chicas!» Si un chico juega con muñecas, inmediatamente
lo condenamos: «Eso es de chicas.»
Si una chica
trata de subirse a un árbol, la paramos inmediata-mente:
«Eso no está bien; eso va contra el encanto femenino.» Y
si una chica intenta persistir
y se rebela, la llamamos marimacho;
no se la respeta. Empezamos a
crear estas feas divisiones. A las chicas
les gusta subirse a los árboles; es una experiencia muy hermo-sa. ¿Y
qué tiene de malo jugar con muñecas? ¡Un chico puede tener
muñecas, porque en su vida tendrá que conocer a muñecas y
entonces no se le ocurrirá qué hacer!
Todo este
fenómeno no tiene nada que ver contigo personalmente.
Es una enfermedad social extendida por todo el mundo.
Dos
caballeros ingleses de la vieja escuela hablaban una noche
sobre viejos
conocidos en su club de Londres.
-¿Qué ha sido
-preguntó uno- del viejo Cholmondeley?
-¿Cómo? ¿No
te has enterado? Cholmondeley fue a África de
cacería y,
¡por Júpiter, el tío se lió con un mono!
-¿Un mono?
¿El viejo es maricón?
-¡No, por
Dios! Era una hembra.
Si es una
hembra, incluso de mono, entonces todo está perfectamente
bien.
Creamos
estos condicionamientos tan profundamente que de
tanto
condicionamiento la gente a veces empieza a rebelarse contra ellos.
El sexo debería tomarse de forma muy natural, nos lo
hemos estado tomando muy en serio. O lo condenamos como feo
y animal, o lo elevamos a la categoría de algo divino, pero nunca lo
aceptamos como humano y nunca lo aceptamos como diversión.
¡Básicamente,
es algo divertido, es un buen deporte! Y la humanidad
va a seguir cargada con feas tonterías si no aceptamos su belleza
como deporte. Es también una buena actividad física, y el mejor
de los ejercicios. |