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Esto
no significa renuncia a la vida o ala riqueza.
Eliminen los malos pensamientos de su mente; este
sacrificio será verdaderamente la más alta renuncia.
Hoy no hacemos diferencia entre el apego y la
renuncia. ¡Si sólo pudiéramos hacer un esfuerzo para
comprender nuestra verdadera naturaleza! Hoy nos
apegamos a todos aquellos que están cerca de
nosotros, por ejemplo: pensamos en el bienestar de
nuestros familiares. Naturalmente, una cuota de
egoísmo es necesaria para obtener su bienestar, pero
se necesita fortaleza para tener una visión más
alta. Una vez que comprendan lo que significa el
desapego, estarán listos para comprender la Verdad
fácilmente. Hoy la gente busca el confort para el
cuerpo, sin darse cuenta de que éstos son sólo
placeres pasajeros. El cuerpo es como una burbuja, y
las riquezas son como la espuma de las olas. La vida
es como el hielo que se derrite cerca del calor.
Desarrollen la
renuncia y dense cuenta de que el cuerpo no es nada
más que una masa inerte. En el estado despierto o
consciente está esa entidad sutil llamada Maya
(Ilusión), que puede ser definida como el proceso
que tiende a probar la existencia de un fenómeno que
en la realidad no existe. Este Maya sutil es la
causa secundaria que produce la imagen, pero la
causa primaria yace detrás de él. El estado de sueño
profundo está más allá de la comprensión y está más
cerca de nuestra verdadera y auténtica naturaleza.
Una vez que el hombre alcanza este estado, el mundo
ya no existe para él. Lo mismo sucede cuando lleva a
cabo sus deberes con total desapego. He aquí un
ejemplo: el océano es muy vasto, no tiene límites,
muchas criaturas viven en sus aguas pero no hay
ligazón entre el agua y la experiencia de estas
criaturas.
El océano no está
para nada afectado por ellas, se mantiene
perfectamente calmo y desapegado. El hombre es como
el océano y debe permanecer inconmovible por las
críticas y por toda suerte de problemas. Es sólo
cuando estamos en grandes problemas que tenemos una
oportunidad de comprender nuestra verdadera
naturaleza. Miren al cucú; aun cuando come hojas
amargas, canta con una voz muy melodiosa; miren a la
vaca; la vaca come el pasto que nadie quiere, sin
embargo, le brinda al hombre la comida que le da
sustento.
El hombre vive hoy
una vida impura y es más y más esclavo de sus
sentidos. Cuando sus casas se incendian, ustedes
pueden salvarse corriendo hacia afuera, pero cuando
los sentidos queman dentro de ustedes, ¿adónde
pueden correr?
La primera causa de
la ignorancia es el apego, los deseos. Durante su
vida en la Tierra, el hombre piensa acerca de su
pequeña individualidad y tiene ambiciones
materiales. Cuando sus deseos se satisfacen, se
siente feliz y contento; pero en el momento en que
sus deseos no son satisfechos se enoja. Esta ira es
la hija de la ignorancia y surge de emociones que
nos hacen olvidar nuestra verdadera naturaleza, y
que nos impulsan a hacer cosas que, normalmente, no
haríamos.
El hombre no debe
vivir para sus sentidos, pero sí para sus ideales,
transformándolos en acción.
Sathya Sai Baba
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