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Ustedes
tienen que descubrir qué es la verdad, porque eso es lo que
realmente importa, no si son ricos o pobres o si están felizmente
casados y tienen hijos, porque todas estas cosas tocan a su fin, y
siempre está la muerte. Por lo tanto, sin ninguna forma de
creencia, tienen ustedes que tener el vigor, la confianza propia, la
iniciativa para descubrir por sí mismos qué es la verdad, qué es
Dios. La creencia no libera a sus mentes, la creencia tan sólo
corrompe, ata, oscurece. La mente puede liberarse sólo mediante su
propio vigor y la confianza en sí misma.
Ciertamente, una de las ficciones de la educación es crear
individuos que no estén atados por ninguna forma de creencia, por
ningún patrón de moralidad o respetabilidad. Es el "yo" el que
busca volverse meramente moral, respetable. El individuo
auténticamente religioso es el que descubre, el que experimenta
directamente lo que es Dios, lo que es la verdad. Esa experiencia
directa nunca es posible a través de ninguna forma de creencia, de
ningún ritual, de ningún seguimiento o veneración de otro. La mente
verdaderamente religiosa está libre de todos los gurúes. Cada uno
de ustedes, como individuo, a medida que crezca y viva su vida,
podrá descubrir la verdad de instante en instante y, en
consecuencia, podrá ser libre.
La
mayoría de la gente piensa que estar libre de las cosas materiales
del mundo es el primer paso hacia la religión. No lo es. Ésa es una
de las cosas más fáciles de hacer. El primer paso es estar libre
para pensar de manera plena, completa e independiente, lo cual
implica no estar atado por ninguna creencia ni agobiado por las
circunstancias, por el medio, de manera que uno sea un ser humano
integrado, capaz, vigoroso y confiado en sí mismo. Sólo entonces
puede nuestra mente, estando libre, libre de prejuicios, de
condicionamientos, descubrir lo que es Dios. Ciertamente, ése es el
propósito básico por el cual debe existir cualquier centro
educativo: ayudar a cada individuo que llega allí a estar libre para
descubrir la realidad. Esto significa no seguir ningún sistema, no
aferrarse a ninguna creencia o ritual y no venerar a ningún gurú.
El individuo tiene que despertar su inteligencia, no mediante alguna
forma de disciplina, resistencia, compulsión o coacción, sino
gracias a la libertad. Es sólo gracias a la inteligencia nacida de
la libertad, como el individuo puede descubrir aquello que está más
allá de la mente. Esa inmensidad, lo innominable, lo ilimitado,
aquello que no puede ser medido por las palabras y en lo cual existe
el amor que no es de la mente- debe ser experimentada de manera
directa. La mente no puede concebirla; por lo tanto, la mente tiene
que estar muy quieta, asombrosamente silenciosa, sin la exigencia de
ningún deseo. Sólo entonces es posible que revele su existencia
aquello que puede ser llamado Dios o la realidad. |