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K.: ¿Qué es la
muerte? ¡Qué pregunta para una niñita!
Has visto los
cuerpos que llevan al río; has visto hojas muertas, árboles muertos;
sabes que las frutas se marchitan y se pudren. Las aves que están
tan llenas de vida en la mañana, parloteando, llamándose unas a
otras, puede que estén muertas a la noche. La persona que está viva
puede ser abatida por un desastre mañana. Vemos que ocurre todo
esto. La muerte es común a todos nosotros, todos terminaremos de
ese modo. Podemos vivir treinta, cincuenta u ochenta años, gozando,
sufriendo, temiendo, y al final de ello ya no estamos más.
¿Qué es eso que
llamamos el vivir y qué es lo que llamamos muerte? Es realmente un
problema complejo y no sé si quieren investigarlo. Si pudiéramos
descubrir, comprender qué es el vivir, quizá comprenderíamos qué es
la muerte. Cuando perdemos a alguien a quien amamos, nos sentimos
desconsolados, solos; en consecuencia, decimos que la muerte no
tiene nada que ver con el vivir. Separamos la muerte de la vida.
¿Pero está la muerte separada de la vida? ¿No es el vivir un proceso
de morir?
¿Qué significa el
vivir, para la mayoría de nosotros? Significa el acumular, elegir,
sufrir, reír. Y en el trasfondo, detrás de todo el placer y el
dolor, está el miedo: el miedo de que llegue el fin, el miedo a lo
que va a suceder mañana, el miedo de no tener nombre ni fama, de no
tener propiedad ni posición social, de que termine todo lo que
queremos que continúe. Pero la muerte es inevitable; entonces nos
preguntamos:"¿Qué sucede después de la muerte?"
Y bien, ¿qué es lo
que llega a su fin en la muerte? ¿La vida? ¿Es la vida meramente un
proceso de inspirar y expeler el aire? Comer, odiar, amar,
adquirir, poseer, comparar, envidiar... esto es lo que la mayoría de
nosotros conoce de la vida. Para la mayoría, la vida es un
sufrimiento, una batalla constante de dolor y placer, esperanza y
frustración. ¿Y no puede eso terminar? ¿Acaso no deberíamos morir?
En el otoño, con la llegada del tiempo frío, las hojas caen de los
árboles y reaparecen en primavera. ¿No deberíamos, de igual modo,
morir a todo lo de ayer, a todas nuestras acumulaciones y
esperanzas, a todos los éxitos que hemos cosechado? ¿No deberíamos
morir a todo eso y vivir de nuevo mañana, de manera que, como una
hoja nueva, fuéramos puros, tiernos, sensibles? Para el hombre que
dice: "Yo soy alguien y tengo que continuar", para él siempre hay
muerte y ghat crematorio; y ese hombre no conoce el amor. |