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Armonizando Rosario > J. Krishnamurti
El recto pensar surge sólo cuando la mente no se halla esclavizada por la tradición y la memoria.
 

El complejo problema del amor

No creo que podamos comprender el complejo problema del amor hasta que comprendamos el problema igualmente complejo al que llamamos mente. ¿Han notado, cuando somos muy jóvenes, lo inquisitivos que somos?  Queremos saber y vemos muchas más cosas que las que ven los mayores.  Si estamos del todo despiertos, observamos cosas que los adultos ni siquiera advierten.  La mente, cuando somos jóvenes, es mucho más alerta, curiosa y deseosa de saber.  Por eso es por lo que aprendemos con tanta facilidad matemáticas, geografía o lo que sea.  A medida que crecemos y nos volvemos adultos, la mente se cristaliza más y más, se vuelve cada vez más densa, más lerda. ¿Han notado cómo las personas de mayor edad están llenas de prejuicios?  Sus mentes no están abiertas, lo abordan todo desde un punto de vista fijo.  Ustedes ahora son jóvenes, pero si no están muy alerta, sus mentes también se volverán así.

¿No es, entonces, muy importante comprender la mente y ver si, en lugar de embotaría poco a poco, pueden ustedes ser flexibles, capaces de ajustes instantáneos, de extraordinaria iniciativa, de investigación profunda y de comprensión en todas las etapas de la vida? ¿No deben conocer las modalidades de la mente para comprender la naturaleza del amor?  Porque es la mente la que destruye al amor.  Las personas que son meramente ingeniosas, diestras, no saben qué es el amor porque sus mentes, si bien agudas, son superficiales; viven en la superficie, y el amor no es una cosa que exista en la superficie.

¿Qué es la mente?  No me refiero sólo al cerebro, al organismo físico que reacciona a los estímulos mediante diversas respuestas nerviosas y acerca del cual cualquier psicólogo puede hablarles.  Más bien vamos a averiguar qué es la mente.  La mente que dice: "yo pienso", "esto es mío", "me siento lastimado", "soy celosa", "amo", "odio", "soy indio", "soy musulmán", "creo en esto y no creo en aquello", "yo sé y tú no sabes", "yo respeto", "yo desprecio", "yo deseo", "yo no deseo"... ¿qué es esta cosa?  A menos que empiecen a comprenderlo ahora y se familiaricen enteramente con todo el proceso del pensar al que llaman la mente, a menos que estén por completo conscientes de ese proceso en ustedes mismos, gradualmente, a medida que vayan avanzado en años, se endurecerán, quedarán cristalizados, embotados, fijados en cierto patrón de pensamiento.

¿Qué es esta cosa que llamamos mente?  Es el modo como pensamos, ¿no es así?  Estoy hablando de la mente de cada uno de ustedes, no de la mente de algún otro: el modo como piensan y sienten, el modo como miran los árboles, como miran a los pescadores, el modo como consideran al aldeano.  Nuestra mente, a medida que envejecemos, se pervierte o queda fija en un patrón determinado.  Queremos algo, lo anhelamos, deseamos ser o llegar a ser alguna cosa, y este deseo establece un patrón; o sea, que nuestra mente crea un patrón y queda presa en él.  El deseo cristaliza la mente.

Digamos, por ejemplo, que quiero ser un hombre muy rico.  El deseo de ser rico crea un patrón, y entonces mi pensar queda atrapado en él; puedo pensar únicamente en esos términos y no puedo ir más allá.  Por lo tanto, mi mente se cristaliza poco a poco, se endurece, se embota. O, si creo en algo, en Dios, en el comunismo, en cierto sistema político, esa creencia misma establece el patrón porque ella es el resultado de mi deseo; y mi deseo refuerza los muros del patrón.  Poco a poco mi mente pierde su capacidad de rápido ajuste, de penetración profunda, de verdadera claridad, porque estoy atrapado en el laberinto de mis propios deseos.

Por lo tanto, hasta que comencemos a investigar este proceso que llamamos la mente, hasta que comprendamos nuestra propia forma de pensar y nos familiaricemos con ella, no podremos descubrir qué es el amor.  No puede haber amor mientras nuestras mentes deseen del amor ciertas cosas o le exijan que actúe de una manera determinada.  Cuando imaginamos lo que debe ser el amor y le damos ciertos motivos, creamos gradualmente un patrón de acción respecto del amor; pero eso no es amor, es meramente nuestra idea de lo que el amor debería ser.

Digamos, por ejemplo, que poseo a mi esposa o marido, tal como ustedes poseen un sari o una chaqueta.  Si alguien les quitara la chaqueta estarían ansiosos, irritados, furiosos. ¿Por qué?  Porque consideran esa chaqueta como su propiedad; la poseen y al poseerla se sienten enriquecidos, ¿no es así?  Mediante la posesión de muchas ropas se sienten enriquecidos no sólo físicamente sino internamente; y cuando alguien les quita la chaqueta se irritan, porque internamente se les priva de ese sentimiento de riqueza, de esa sensación de poseer algo.


23/02/2009  19:16 hs.

 


   
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