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Cuando hemos crecido y dejamos la escuela después de haber recibido
una así llamada educación, tenemos que afrontar innumerables
problemas. ¿Qué profesión vamos a elegir a fin de que en ella
podamos realizamos y ser felices? ¿En qué vocación o trabajo
sentiremos que no estamos explotando a otros, que no somos crueles
con ellos? Tenemos que comprender el hambre, la superpoblación, el
sexo, la pena, el placer. Tenemos que habémoslas con las múltiples
cosas confusas y contradictorias de la vida: las riñas entre hombre
y hombre, entre el hombre y la mujer, los conflictos internos y las
luchas externas. Tenemos que comprender la ambición, la guerra, el
espíritu militar; y es mucho más esencial que comprendamos esa cosa
extraordinaria llamada paz. Tenemos que comprender el significado de
la religión -la cual no es una mera especulación o la adoración de
imágenes- y también esa cosa muy extraña y compleja llamada amor.
Tenemos que ser sensibles a la belleza de la vida, al pájaro que
vuela, y también al mendigo, a la escualidez del pobre, a las
feísimas construcciones que la gente levanta, a las sucias calles y
al templo más sucio aún. Tenemos que afrontar todos estos
problemas. Y tenemos que enfrentamos con la cuestión de a quién
seguir o no seguir y si debemos seguir a alguien en absoluto.
La
mayoría de nosotros se interesa en producir un cambio aquí y allá, y
con eso se satisface. Cuanto más avanzamos en edad, tanto menos
queremos cualquier cambio profundo, fundamental, porque tenemos
miedo. No pensamos en los términos de una transformación total,
sólo pensamos en términos de un cambio superficial; y si uno lo
examina encontrará que el cambio superficial no es cambio en
absoluto. No es una revolución radical, sino solamente una
continuación modificada de lo que ha sido. Todas estas cosas tienen
ustedes que afrontar, desde su propia felicidad y desdicha hasta la
felicidad y desdicha de la mayoría, desde sus propias ambiciones y
búsquedas egocéntricas a las ambiciones, motivaciones y búsquedas de
los demás. Tienen que afrontar la competencia, la corrupción en sí
mismos y en otros, el deterioro de la mente, la vacuidad del
corazón. Tienen que conocer todo esto, tienen que afrontarlo y
comprenderlo por sí mismos. Pero, por desgracia, no están
preparados para ello.
¿Qué hemos comprendido cuando dejamos la escuela? Podremos haber
recogido unos pocos conocimientos, pero somos tan torpes, vacíos y
superficiales como cuando llegamos. Nuestros estudios, nuestra
asistencia a la escuela, nuestros contactos con los maestros no nos
han ayudado a comprender estos problemas tan complejos de la vida.
Los maestros son tediosos y nosotros nos volvemos tan tediosos como
ellos. Ellos sienten temor y nosotros sentimos temor. Es tanto
responsabilidad nuestra como de los maestros ver que salgamos de
aquí para entrar en el mundo con madurez, con profundidad en el
pensar, sin temor y, por lo tanto, con capacidad para afrontar la
vida inteligentemente.
Ahora bien, parece muy importante encontrar una respuesta a todos
estos problemas tan complejos; pero no hay respuesta. Todo cuanto
podemos hacer es afrontar estos problemas inteligentemente a medida
que surgen. Por favor, comprendan esto. Instintivamente, ustedes
desean una respuesta, ¿verdad? Piensan que leyendo libros,
siguiendo a alguien, encontrarán respuestas a todos estos problemas
tan complejos y sutiles problemas de la vida. Encontrarán
creencias, teorías, pero ésas no serán respuestas, porque estos
problemas han sido creados por seres humanos como ustedes. La
espantosa insensibilidad, el hambre, la crueldad, la fealdad, la
escualidez, todo esto ha sido creado por los seres humanos; y para
dar origen a una transformación fundamental tienen que comprender la
mente y el corazón humanos, que son la mente y el corazón de cada
uno de ustedes. Buscar meramente una respuesta en un libro o
identificarse con algún sistema político o económico, por mucho que
pueda prometer, o practicar algún absurdo religioso con todas sus
supersticiones o seguir a un gurú, ninguna de estas cosas les
ayudará a comprender estos problemas humanos, porque son creados por
ustedes y por otros como ustedes. Para comprenderlos tienen que
comprenderse a sí mismos, comprenderse tal como viven de instante en
instante, de día en día, de año en año; y para esto necesitan
inteligencia, muchísimo discernimiento, paciencia, amor. |