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Somos nosotros
los que creamos exteriormente esta autoridad, porque tenemos
propiedades que proteger. La propiedad es nuestra y no queremos
que ningún otro la tenga, y así creamos un gobierno para que
proteja lo que poseemos. El gobierno se convierte en nuestra
autoridad; es nuestra invención, para que nos proteja, para que
proteja nuestro estilo de vida, nuestro sistema de pensamiento.
Gradualmente, a través de siglos, hemos establecido un sistema
de leyes, de autoridad: el estado, el gobierno, la policía, el
ejército, para que "me" proteja y proteja lo "mío".
También está la
autoridad del ideal, que no es externa sino interna. Cuando
decimos: "debo ser bueno, no debo ser envidioso, debo sentirme
fraternal con todos", creamos en nuestra mente la autoridad de
un ideal, ¿no es así? Supongamos que soy intrigante, estúpido,
cruel, que lo quiero todo para mí, que deseo el poder. Ése es el
hecho, es lo que realmente soy. Pero pienso que debo ser
fraternal porque así lo han dicho las personas religiosas, y
también porque es conveniente, provechoso decir eso; en
consecuencia, creo el ideal de la fraternidad. No soy
fraternal, pero por diversas razones deseo serio; de ese modo,
el ideal se convierte en mi autoridad.
Entonces, a fin
de vivir conforme a ese ideal, me impongo una disciplina. Me
siento muy envidioso de usted porque tiene un abrigo mejor o un
sari más bonito o más títulos; por consiguiente, digo: "no debo
tener sentimientos de envidia, debo ser fraternal". El ideal se
ha vuelto mi autoridad y trato de vivir conforme a ese
ideal.¿Qué sucede entonces? Que vida se convierte en una
batalla constante entre lo que soy y lo que debería ser. Me
disciplino, y el estado también me disciplina; ya sea comunista,
socialista o capitalista, el estado tiene ideas acerca de cómo
debo comportarme. Si vivo en un estado así y hago algo
contrario a la ideología oficial, soy reprimido por el estado, o
sea, por los pocos que controlan el estado. |