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 Armonizando Rosario > J. Krishnamurti
 
El recto pensar surge sólo cuando la mente no se halla esclavizada por la tradición y la memoria.
 

EL  EDUCADOR

Tal vez, la mayor dificultad que debe afrontar el educador es la indiferencia de los padres a una educación más amplia y profunda.  La mayoría de ellos se interesa solamente en el cultivo de algún conocimiento superficial que asegure a sus hijos posiciones respetables en una sociedad corrupta.  Así que el educador no sólo ha de educar a los niños del modo correcto, sino también ha de ver que los padres no deshagan lo que de bueno pueda haberse hecho en la escuela.  En realidad, la escuela y el hogar deben ser centros mancomunados de educación correcta; de ninguna manera han de oponerse entre sí, con los padres deseando una cosa y el educador haciendo algo por completo diferente.  Es muy importante que los padres sean plenamente informados de lo que el educador está haciendo y se interesen vitalmente en el desarrollo total de sus hijos.  Es tanto responsabilidad de los padres ver que esta clase de educación sea llevada a la práctica, como de los maestros, cuya carga ya es suficientemente pesada.  Un desarrollo total del niño sólo puede producirse cuando existe la correcta relación entre el maestro, el estudiante y los padres.  Como el educador no puede ceder a las fantasías pasajeras o las obstinadas exigencias de los padres, es necesario que éstos comprendan al educador y cooperen con él, sin generar conflicto y confusión en sus hijos.

La curiosidad natural del niño, el impulso de aprender existe desde el principio mismo, y sin duda debe ser alentado inteligentemente de manera constante, a fin de que se mantenga vital y sin distorsión alguna; ello habrá de conducirlo gradualmente al estudio de una variedad de materias.  Si esta avidez por aprender es estimulada en el niño todo el tiempo, entonces su estudio de las matemáticas, de la geografía, de la historia, de la ciencia o de cualquier otra materia no será un problema, ni para el niño ni para el educador.  El aprendizaje se facilita cuando hay una atmósfera dichosa de afecto y atenta solicitud.

La apertura emocional y la sensibilidad pueden cultivarse únicamente cuando el estudiante se siente seguro en la relación con sus maestros.  El sentimiento de seguridad es una necesidad primordial en los niños.  Hay una diferencia inmensa entre el sentimiento de seguridad y el sentimiento de dependencia.  Consciente o inconscientemente, la mayoría de los educadores cultiva el sentimiento de dependencia y, por lo tanto, alienta sutilmente el temor, lo cual también hacen los padres a su propia manera, afectuosa o agresiva.  La dependencia es producida en el niño por las aseveraciones autoritarias o dogmáticas de los padres y de los maestros acerca de lo que el niño debe ser y hacer.  La dependencia va siempre acompañada por la sombra del temor, y este temor obliga al niño a obedecer, a amoldarse, a aceptar sin reflexión los edictos y las sanciones de sus mayores.  En esta atmósfera de dependencia queda aplastada la sensibilidad; pero cuando el niño sabe y siente que está seguro, su florecimiento emocional no se ve bloqueado por el temor.

Este sentido de seguridad en el niño no es lo opuesto a la inseguridad.  Implica que se siente tan cómodo en la escuela como en su propia casa, siente que él puede ser lo que es sin que lo fuercen en modo alguno, que puede subirse a un árbol sin que lo reprendan si llega a caerse.  Este sentido de seguridad puede tenerlo sólo si los padres y los educadores están profundamente interesados en el bienestar del niño.

Es importante que el niño, en la escuela, se sienta tranquilo, completamente seguro desde el primer día.  Esta primera impresión es fundamental.  Pero si el educador, artificialmente, por diversos medios trata de ganarse la confianza del niño y le permite hacer lo que a éste le plazca, entonces está cultivando la dependencia, no le transmite al niño el sentimiento de que está seguro, de que se encuentra en un lugar donde hay personas hondamente interesadas en su bienestar total.

El propio impacto de esta nueva relación basada en la confianza, relación que tal vez el niño jamás había conocido antes, contribuirá a una comunicación natural en la que el joven no considerará a los mayores como una amenaza a la que debe temer.  Un niño que se siente seguro tiene sus propios medios naturales de expresar el respeto que es esencial para el aprendizaje.  Este respeto está despojado de toda autoridad, de todo temor.  Cuando el niño tiene este sentimiento de seguridad, su conducta o comportamiento no es algo impuesto por los mayores, sino que se vuelve parte del proceso de aprender.  A causa de que se siente seguro en su relación con el maestro, el niño será naturalmente atento; es sólo en esta atmósfera de seguridad donde pueden florecer la apertura emocional y la sensibilidad.  Sintiéndose cómodo, seguro, el niño hará lo que le gusta; pero al hacer lo que le gusta descubrirá qué es lo correcto, y su conducta no se deberá entonces a la resistencia ni a la obstinación ni a sentimientos reprimidos ni a la mera expresión de un impulso momentáneo.

La sensibilidad implica ser sensible a todo lo que nos rodea: a las plantas, a los animales, a los árboles, al cielo, a las aguas del río, al pájaro que vuela; y también a los estados de ánimo de las personas a nuestro alrededor, al extraño que pasa cerca de nosotros.  Esta sensibilidad genera la cualidad de una respuesta generosa, no calculada, que constituye la verdadera moralidad y conducta.  Siendo sensible, el niño tendrá una conducta abierta y sin reservas; por lo tanto, una simple sugerencia por parte del maestro será aceptada fácilmente, sin resistencia ni fricción alguna.

Como estamos interesados en el desarrollo total del ser humano, debemos comprender sus impulsos emocionales, que son mucho más fuertes que cualquier razonamiento intelectual; tenemos que cultivar la capacidad emocional y no contribuir a reprimirla.  Cuando comprendamos esto y, por consiguiente, seamos capaces de tratar tanto con los problemas emocionales como con los intelectuales, no habrá ninguna razón para temer abordarlos.

 

24/06/2008  19:16 hs.
   
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