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Armonizando Rosario > J. Krishnamurti
El recto pensar surge sólo cuando la mente no se halla esclavizada por la tradición y la memoria.
 

Qué es lo que la ambición ha hecho en el mundo?

Muy pocos de nosotros hemos pensado alguna vez en eso.  Cuando ustedes ven a un hombre luchando por sacar ventaja, por alcanzar y adelantarse a algún otro, ¿alguna vez se han preguntado qué hay en su corazón?  Si miraran en su propio corazón cuando son ambiciosos, cuando están bregando por llegar a ser alguien, espiritualmente o en el sentido mundano, encontrarían allí el gusano del miedo.  El hombre ambicioso es el más temeroso de los hombres, porque tiene miedo de ser lo que es.  Dice: 'Si permanezco siendo lo que soy, no seré nadie; por lo tanto, tengo que ser alguien, tengo que convertirme en magistrado, en juez, en ministro".  Si examinan muy atentamente este proceso, si ven detrás de la pantalla de las palabras y las ideas, si van más allá del muro de la posición social y del éxito, encontrarán que hay miedo, porque el hombre ambicioso teme ser lo que es.  Piensa que en sí mismo es insignificante, pobre, feo, se siente solo, totalmente vacío; por lo tanto, dice: "Tengo que ir y obtener algo más".  De modo que, o bien va detrás de lo que llama Dios, que es solamente otra forma de ambición, o trata de llegar a ser alguien en el mundo.  De esta manera encubre su soledad, su sentido de vacuidad interna, del cual está realmente atemorizado.  Escapa de eso, y la ambición se vuelve el medio a través del cual puede escapar.

Entonces, ¿qué es lo que está sucediendo verdaderamente en el mundo?  Todos están luchando con alguien.  Un hombre se siente inferior a otro, pugna por llegar bien arriba.  No hay amor, no hay consideración, no hay un pensar profundo.  Nuestra sociedad es una batalla constante del hombre contra el hombre.  Esta lucha nace de la ambición por llegar a ser alguien, y los adultos los alientan a ustedes para que sean ambiciosos.  Quieren que lleguen a ser algo importante, que se casen con una mujer rica o con un hombre rico, que tengan amigos influyentes.  Estando atemorizados, siendo feos internamente, tratan de hacerles iguales a ellos; y ustedes, a su vez, desean ser como ellos, porque todo eso les atrae.  Cuando llega el gobernador, todos se inclinan hasta el suelo para recibirle, le ofrecen guirnaldas, elaboran discursos. Él les ama y ustedes también le aman.  Se sienten honrados si conocen al tío de él o a su secretario, y se calientan al sol de su ambición, de sus realizaciones.  De ese modo quedan presos en la perversa telaraña de la generación más vieja, en el patrón de esta sociedad monstruosa.  Solamente si están muy alerta, constantemente vigilantes y no temen ni aceptan sino que cuestionan todo el tiempo, sólo entonces no estarán presos sino que irán más allá de esto y crearán un mundo diferente.

Por eso es muy importante que descubran su verdadera vocación. ¿Saben qué significa "vocación"?  Algo que les gusta hacer, que aman y que es natural para ustedes.  Después de todo, ése es el sentido de la educación: ayudarles a que crezcan independientemente, de modo que estén libres de ambiciones y puedan descubrir su verdadera vocación.  El hombre ambicioso jamás ha descubierto su verdadera vocación; si lo hubiera hecho, no sería ambicioso.

Es pues, responsabilidad de los maestros, del director, ayudarles a que sean inteligentes, a que no tengan miedo, de manera que puedan descubrir su verdadera vocación, su propio modo de vida, el modo como realmente quieren vivir y ganarse la subsistencia.  Esto implica una revolución en el pensar, porque en nuestra sociedad actual se considera que quien es capaz de hablar, de escribir, el hombre que puede mandar, que tiene un gran automóvil, es el que está en una posición maravillosa; se menosprecia al hombre que cava en el jardín, al que cocina, al que construye una casa.

¿Se percatan ustedes de sus propios sentimientos cuando miran a un albañil, al hombre que repara la carretera, al que conduce un taxi o tira de una carreta? ¿Han advertido cómo le miran con absoluto desdén?  Para ustedes apenas si existe, hacen caso omiso de él.  Pero cuando un hombre tiene un título de alguna clase, o es un banquero, un comerciante, un gurú o un ministro, inmediatamente le respetan.  Pero si cada uno de ustedes descubriera realmente su verdadera vocación, contribuiría a desbaratar por completo este sistema corrupto; porque entonces, si es un jardinero o un pintor o un ingeniero, estará haciendo algo que ama con todo el ser; y eso no es ambición.  Hacer algo maravillosamente bien, hacerlo de manera completa, genuina, conforme a lo que uno piensa y siente profundamente, eso no es ambición y en eso no hay temor alguno.

Ayudarles a descubrir su auténtica vocación es muy difícil, porque significa que el maestro ha de prestar muchísima atención a cada estudiante, a fin de descubrir para qué está capacitado.  Ha de ayudarle a no tener miedo, a cuestionar, a investigar.  Puede que el estudiante sea un escritor, un poeta o un pintor en potencia.  Cualquier cosa que sea, si realmente ama lo que hace, no es ambicioso; porque en el amor no hay ambición.

¿No es, entonces, esencial que, mientras son jóvenes, se les ayude a despertar su propia inteligencia, para que de ese modo puedan encontrar su vocación auténtica?  Entonces amarán lo que hacen, lo amarán a lo largo de toda la vida, lo cual implica que no habrá ambición ni competencia, que no pelearán con otro por la posición, por el prestigio; y entonces quizá sean capaces de crear un mundo nuevo.  En ese mundo nuevo dejarán de existir todas las cosas abominables de la vieja generación: sus guerras, su perversidad, sus dioses separativos, sus rituales que no significan absolutamente nada, sus gobiernos soberanos, su violencia.  Por eso, la responsabilidad de los maestros y de los estudiantes es muy grande.

Interlocutor: Si alguien tiene la ambición de ser un ingeniero, ¿no significa eso que le interesa la ingeniería?

K.: ¿Dirías que estar interesado en algo es ambición?  Podemos dar a esa palabra "ambición" diversos significados.  Para mí, la ambición es consecuencia del temor.  Pero si yo soy un chico y estoy interesado en ser ingeniero porque quiero construir estructuras maravillosas, magníficos sistemas de irrigación, espléndidos caminos, significa que amo la ingeniería, y eso no es ambición.  En el amor no existe el miedo.

Por lo tanto, la ambición y el interés son dos cosas diferentes, ¿no es así?  Si estoy realmente interesado en pintar, si amo la pintura, no compito para ser el mejor o el más famoso de los pintores.  Sólo amo la pintura.  Tú puedes ser mejor pintor que yo, pero no me comparo contigo.  Cuando pinto, amo lo que estoy haciendo y para mí eso es suficiente en sí mismo.


29/12/2008  19:16 hs.

 


   
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