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Muy pocos de
nosotros hemos pensado alguna vez en eso. Cuando ustedes ven a un
hombre luchando por sacar ventaja, por alcanzar y adelantarse a
algún otro, ¿alguna vez se han preguntado qué hay en su corazón? Si
miraran en su propio corazón cuando son ambiciosos, cuando están
bregando por llegar a ser alguien, espiritualmente o en el sentido
mundano, encontrarían allí el gusano del miedo. El hombre ambicioso
es el más temeroso de los hombres, porque tiene miedo de ser lo que
es. Dice: 'Si permanezco siendo lo que soy, no seré nadie; por lo
tanto, tengo que ser alguien, tengo que convertirme en magistrado,
en juez, en ministro". Si examinan muy atentamente este proceso, si
ven detrás de la pantalla de las palabras y las ideas, si van más
allá del muro de la posición social y del éxito, encontrarán que hay
miedo, porque el hombre ambicioso teme ser lo que es. Piensa que en
sí mismo es insignificante, pobre, feo, se siente solo, totalmente
vacío; por lo tanto, dice: "Tengo que ir y obtener algo más". De
modo que, o bien va detrás de lo que llama Dios, que es solamente
otra forma de ambición, o trata de llegar a ser alguien en el
mundo. De esta manera encubre su soledad, su sentido de vacuidad
interna, del cual está realmente atemorizado. Escapa de eso, y la
ambición se vuelve el medio a través del cual puede escapar.
Entonces, ¿qué es
lo que está sucediendo verdaderamente en el mundo? Todos están
luchando con alguien. Un hombre se siente inferior a otro, pugna
por llegar bien arriba. No hay amor, no hay consideración, no hay
un pensar profundo. Nuestra sociedad es una batalla constante del
hombre contra el hombre. Esta lucha nace de la ambición por llegar
a ser alguien, y los adultos los alientan a ustedes para que sean
ambiciosos. Quieren que lleguen a ser algo importante, que se casen
con una mujer rica o con un hombre rico, que tengan amigos
influyentes. Estando atemorizados, siendo feos internamente, tratan
de hacerles iguales a ellos; y ustedes, a su vez, desean ser como
ellos, porque todo eso les atrae. Cuando llega el gobernador, todos
se inclinan hasta el suelo para recibirle, le ofrecen guirnaldas,
elaboran discursos. Él les ama y ustedes también le aman. Se
sienten honrados si conocen al tío de él o a su secretario, y se
calientan al sol de su ambición, de sus realizaciones. De ese modo
quedan presos en la perversa telaraña de la generación más vieja, en
el patrón de esta sociedad monstruosa. Solamente si están muy
alerta, constantemente vigilantes y no temen ni aceptan sino que
cuestionan todo el tiempo, sólo entonces no estarán presos sino que
irán más allá de esto y crearán un mundo diferente.
Por eso es muy
importante que descubran su verdadera vocación. ¿Saben qué significa
"vocación"? Algo que les gusta hacer, que aman y que es natural
para ustedes. Después de todo, ése es el sentido de la educación:
ayudarles a que crezcan independientemente, de modo que estén libres
de ambiciones y puedan descubrir su verdadera vocación. El hombre
ambicioso jamás ha descubierto su verdadera vocación; si lo hubiera
hecho, no sería ambicioso.
Es pues,
responsabilidad de los maestros, del director, ayudarles a que sean
inteligentes, a que no tengan miedo, de manera que puedan descubrir
su verdadera vocación, su propio modo de vida, el modo como
realmente quieren vivir y ganarse la subsistencia. Esto implica una
revolución en el pensar, porque en nuestra sociedad actual se
considera que quien es capaz de hablar, de escribir, el hombre que
puede mandar, que tiene un gran automóvil, es el que está en una
posición maravillosa; se menosprecia al hombre que cava en el
jardín, al que cocina, al que construye una casa.
¿Se percatan
ustedes de sus propios sentimientos cuando miran a un albañil, al
hombre que repara la carretera, al que conduce un taxi o tira de una
carreta? ¿Han advertido cómo le miran con absoluto desdén? Para
ustedes apenas si existe, hacen caso omiso de él. Pero cuando un
hombre tiene un título de alguna clase, o es un banquero, un
comerciante, un gurú o un ministro, inmediatamente le respetan.
Pero si cada uno de ustedes descubriera realmente su verdadera
vocación, contribuiría a desbaratar por completo este sistema
corrupto; porque entonces, si es un jardinero o un pintor o un
ingeniero, estará haciendo algo que ama con todo el ser; y eso no es
ambición. Hacer algo maravillosamente bien, hacerlo de manera
completa, genuina, conforme a lo que uno piensa y siente
profundamente, eso no es ambición y en eso no hay temor alguno.
Ayudarles a
descubrir su auténtica vocación es muy difícil, porque significa que
el maestro ha de prestar muchísima atención a cada estudiante, a fin
de descubrir para qué está capacitado. Ha de ayudarle a no tener
miedo, a cuestionar, a investigar. Puede que el estudiante sea un
escritor, un poeta o un pintor en potencia. Cualquier cosa que sea,
si realmente ama lo que hace, no es ambicioso; porque en el amor no
hay ambición.
¿No es, entonces,
esencial que, mientras son jóvenes, se les ayude a despertar su
propia inteligencia, para que de ese modo puedan encontrar su
vocación auténtica? Entonces amarán lo que hacen, lo amarán a lo
largo de toda la vida, lo cual implica que no habrá ambición ni
competencia, que no pelearán con otro por la posición, por el
prestigio; y entonces quizá sean capaces de crear un mundo nuevo.
En ese mundo nuevo dejarán de existir todas las cosas abominables de
la vieja generación: sus guerras, su perversidad, sus dioses
separativos, sus rituales que no significan absolutamente nada, sus
gobiernos soberanos, su violencia. Por eso, la responsabilidad de
los maestros y de los estudiantes es muy grande.
Interlocutor: Si
alguien tiene la ambición de ser un ingeniero, ¿no significa eso que
le interesa la ingeniería?
K.: ¿Dirías que
estar interesado en algo es ambición? Podemos dar a esa palabra
"ambición" diversos significados. Para mí, la ambición es
consecuencia del temor. Pero si yo soy un chico y estoy interesado
en ser ingeniero porque quiero construir estructuras maravillosas,
magníficos sistemas de irrigación, espléndidos caminos, significa
que amo la ingeniería, y eso no es ambición. En el amor no existe
el miedo.
Por lo tanto, la
ambición y el interés son dos cosas diferentes, ¿no es así? Si
estoy realmente interesado en pintar, si amo la pintura, no compito
para ser el mejor o el más famoso de los pintores. Sólo amo la
pintura. Tú puedes ser mejor pintor que yo, pero no me comparo
contigo. Cuando pinto, amo lo que estoy haciendo y para mí eso es
suficiente en sí mismo. |