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En la religión de Dios, todos los hombres, mujeres, niños y ancianos
han de comer,
no como ocurre en las religiones humanas, en cuyos templos y
sinagogas,
compuestos de ricos y pobres, mientras unos comen y lo tienen todo,
otros se mueren de hambre o han de mendigar y robar.
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Todo hombre o mujer que se agarra fuertemente a la roca espiritual
que es Dios,
y no a las religiones de los hombres, nada teme.
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Cuando uno se deja guiar por el Espíritu, tiene fuerza suficiente
para decir a esas montañas de la vida
¡apartáos! y se apartan, y a las tormentas ¡basta! y se calman.
No olvidemos que el único guía en estas cosas es el Espíritu.
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¿Por qué creéis que es mejor aquel que tiene estudios y se somete a
las leyes romanas,
que aquel que sigue los dictados de la ley de Dios, que salen de su
corazón, y al mismo tiempo clama justicia
ante los hombres y sus leyes violentas?.
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A Dios nadie lo ha visto jamás, pero podéis estar seguros que si nos
amamos los unos
a los otros, nuestro Creador se alegra de nosotros, que somos parte
de su obra.
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Buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y las demás
cosas os serán
por añadidura.
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Es necesario, que tengáis experiencias propias con el Espíritu, y
cuando esto ocurra,
será el Espíritu que os guiará hacia la verdad, y la verdad os hará
libres.
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“Yo soy el Buen Pastor, y el buen pastor conoce a sus ovejas y las
llama a cada una
por su nombre, y ellas le conocen; pero tengo otras ovejas que he de
cuidar y no son
de este redil, pero no temáis nada, manada pequeña, porque siempre
estoy con vosotros”, dice el Espíritu.
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A Dios no hay que buscarlo entre las nubes para que digamos, ¡que
alto está!;
ni tampoco dentro de la tierra para que acabemos diciendo, ¡qué
profundo se
encuentra!, ¡Dios es todo, y nosotros nada somos sin Él!.
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Dios és Amor, y todo el que vive en amor vive en Dios, y Dios en él.
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Dios, el Creador de todas las cosas, es eterno, y nosotros, hombres
y mujeres que formamos parte de Él,
somos tan eternos como nuestro Padre, somos dioses en potencia.
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A nadie llaméis Padre espiritual, porque sólo tenemos un Padre
espiritual, Dios;
y a nadie llaméis Maestro porque sólo hay un Maestro, el Espíritu de
nuestro Padre Dios.
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La auténtica sinagoga del Espíritu no se edifica con piedras, barro
ni libros, si no con la práctica de la bondad
y la justicia entre hombres y mujeres, lo demás sobra
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“Yo no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su
señor, sólo obedece como un cordero y va
andando a ciegas esperando la voz de su amo; yo os llamo amigos,
porque el verdadero amigo está siempre
presente cuando es necesitado; por eso os digo
que la verdadera sinagoga se construye en el corazón del hombre, a
través de la bondad humana, y no con
piedras y barro; quien tenga oídos, oiga”, dice el Espíritu.
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Estáis equivocados en pensar que la religión de Dios consiste en
unos hombres que predican y comen,
mientras la gran mayoría escuchan, malviven y os pagan tributos.
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Debemos trabajar todos, nadie tiene derecho a enriquecerse con el
trabajo de los
demás hombres; el que puede, tiene que trabajar, salvo los niños,
los enfermos,
los ancianos, etc. Dios dice “no robarás”, y yo os digo que nadie
puede hacerse
rico si es honrado, ama la justicia y tiene a Dios en su corazón.
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Si queréis ser luz, tenéis que alumbrar, porque una luz estropeada
o escondida no alumbra.
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Si un hombre es rico, sea judío o no, ama la justicia, y quiere
respetar la ley de Dios
que es el amor al prójimo, no tiene más remedio que repartir entre
sus obreros el
beneficio del trabajo que ellos producen. |