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Armonizando Rosario > Jesús

No os preocupéis por el futuro, porque llegará un momento en que el hombre sentirá necesidad de mirar al cielo, y entonces nuestros descendientes empezarán a recordar todo lo que está pasando aquí, y será de nuevo entre los pobres que surgirán mis palabras, y ellos sacarán a la luz lo que tanto tiempo ocultaron las religiones, la justicia de Dios..."

Yehoshuah de Nazerat

 

EL EVANGELIO POBRE DE YEHOSHUAH DE NAZERAT  (Jesús de Nazaret)

JOSÉ J. MÉNDEZ – CAYETANO MARTÍ  Palma de Mallorca, año 2000

 

El pacifismo de Yehoshuah

El pacifismo de Yehoshuah

En ocasiones la gente buscaba al carpintero para que les curara sus males y enfermedades físicas, pero el rabí siempre les decía que él no era curandero ni médico; sin embargo, imponía cariñosamente sus manos procurando aliviar el espíritu de aquella pobre gente.

En otra ocasión se le acercó un centurión pidiéndole ayuda para su siervo; pero el rabí siempre hablaba claro sobre estas cosas, y en aquella ocasión le dijo al centurión: –Tienes a tu siervo enfermo y quieres que lo cure, pero yo no soy curandero, en todo caso haré lo que pueda. Pero dime una cosa; tú eres un centurión, un militar, y como tal estás al servicio del ejército; tú llevas la espada en la mano, y cuando te lo ordenan la usas, ¿cómo es posible que ames a tu siervo, que es tu prójimo, y no tengas reparo en usar armas que sólo sirven para matar?.

El centurión, al escuchar al rabí se avergonzó y le dijo: –Es cierto rabí que no soy digno de ayuda y en muchas ocasiones he pensado en el trabajo que ejerzo; tengo a mis órdenes a mucha gente que obedecen mis palabras y tengo poder para hacer cumplir la Ley, pero me he dado cuenta de que nada sirven mis órdenes frente a la enfermedad o frente a la propia muerte, y te confieso que me encuentro totalmente perdido en estas cosas, por eso acudo a tí, no por mí, sino por mi siervo al que respeto como si fuera de mi propia familia.

El rabí se emocionó tanto de las palabras del centurión que le dijo: –Si quieres que se cure tu siervo, continúa practicando el amor al prójimo sin órdenes ni armas en la mano, porque lo que yo pueda hacer por ese hombre lo puedes hacer tú, y todos los hombres y mujeres sin excepción. Ve pues a tu casa, que es seguro que si actúas bien, tu siervo se sanará, porque el amor contiene más fuerza espiritual que las palabras.

28/09/2009 09:17hs.

 


   
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