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No os preocupéis por el futuro, porque llegará un momento en que el
hombre sentirá necesidad de mirar al cielo, y entonces nuestros
descendientes empezarán a recordar todo lo que está pasando aquí, y será
de nuevo entre los pobres que surgirán mis palabras, y ellos sacarán a
la luz lo que tanto tiempo ocultaron las religiones, la justicia de
Dios..."
Yehoshuah de Nazerat |
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El impuesto de los pobres
En cierta ocasión, entrando Yehoshuah en el pueblo con sus amigos,
tras una larga y agotadora jornada de pesca, los recaudadores de
impuestos los abordaron en la calle recordándoles la obligación del
pago del impuesto: –Pensad en pagar el tributo, y tú Yeschu no
olvides que debes dinero por el censo de tus hijos.
Pero tanto el rabí como sus amigos pescadores no tenían dinero y no
podían pagar, así que Yehoshuah dijo a Simón: –Simón, sólo queda
una solución, vender los peces que hemos pescado y sacar dinero para
pagar el tributo–. Así hicieron, vendiendo como pudieron la
pesca y con el dinero que les quedó, pagaron el impuesto a los
recaudadores, y se quedaron aquel día sin poder llevar nada que
comer a sus casas.
Pero de vuelta a sus hogares, sin nada que ofrecer a sus familias
aquel día, pasaron delante del templo y vieron como una pobre
anciana antes de entrar en el edificio se sacaba dinero para darlo a
los sacerdotes; Yehoshuah no pudo aguantar aquella escena, entonces
se acercó a la pobre anciana y le dijo: –Mujer, guarda tu dinero,
no lo des a los sacerdotes, porque, si no es justo que los pobres
tengamos que pasar hambre para pagar impuestos a los romanos, más
injusto es que pasemos hambre para enriquecer a quienes no trabajan
y predican las cosas de la religión.
Y contándole lo que les había pasado con el pescado y el impuesto,
la mujer agradeció las palabras del rabí y desde aquel día la
anciana ya no dio más dinero al templo. El rabí, dirigiéndose a sus
seguidores les decía: – ¿Os habéis dado cuenta de la lección que
hemos tenido hoy?.
Y Simón le dijo: –¿Qué quieres decirnos con esto rabí?.
Entonces Yehoshuah le contestó preguntándole: – Dime Simón, los
romanos, ¿a quienes cobran el tributo, a los ricos o a los pobres?.
Y Simón le respondió: –A los pobres. –Entonces, –dijo
el rabí– ¿no te das cuenta de que los únicos extraños en nuestra
propia tierra somos los pobres, y que los rabinos y sacerdotes, en
vez de denunciar esto se callan y continúan ellos también con la
injusticia exprimiendo al pueblo?. Ya veis, tan sólo les preocupa el
dinero, aunque los más pobres tengan que pasar hambre; abrid pues
los ojos y procurad estar atentos a estas cosas. |