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Vida espiritual y no religiosa
Todo esto decía Yehoshuah hace dos mil años a los pobres que le
escuchaban; de la misma manera este obrero yesero de Mallorca que os
habla os dice lo mismo. ¡Salgamos de la Babilonia amigos obreros!,
salgamos de la Babilonia que son todas las organizaciones religiosas,
démonos de baja de estas religiones de ricos, sean cuales sean, ya que
dentro de ellas sólo se bendice la explotación, la guerra, la injusticia
social, ricos y pobres, etc.; y vosotras mujeres, abortad si es
necesario, o por lo menos usad los medios anticonceptivos para no traer
más hijos a este mundo, ¿por qué?, muy sencillo, porque abortar es mucho
mejor que dejar que los lobos asesinos que dominan el mundo, agarren a
nuestros hijos, ni tan siquiera crecidos, y
los maten en sus guerras para hacerse más ricos.
Pero tened presente que darse de baja de las religiones no basta, no es
suficiente; sin tener el Espíritu del que hablaba el rabí Yehoshuah en
uno mismo no hay cristiano, pero como el Espíritu es universal, tampoco
hay budista, mahometano, etc., en una palabra, sin la justicia de Dios
despierta dentro del hombre, no hay tan siquiera persona humana, solo un
animal que vegeta por el mundo esperando devorar a los demás animales,
un robot programado para el egoísmo y el fanatismo religioso y la
bestialidad.
Así pues, lo importante es matar la bestia que todos llevamos dentro
para que el ángel, que también todos llevamos dentro, renazca. –Por sus
frutos los conoceréis, –decía el Maestro Yehoshuah–, no por sus estudios
del templo, ni por sus libros, ni tan siquiera por la Torah, ¡porque sin
el Espíritu de Dios en nosotros mismos no hay nada que hacer!.
Negar pues al Espíritu, es negar la bondad en el ser humano, es negar lo
único que verdaderamente le da vida al espíritu del hombre y esto
solamente lo puede negar el ignorante.
Pensemos por un momento; si nadie admite que una cosa pequeña, un reloj,
un silla, unos zapatos, un cuadro, etc. se hacen sólos, es porque vemos
con claridad que para ello se necesita un obrero o un artista que los
trabaje, alguien que los construya, el carpintero, la silla, el
relojero, el reloj, el zapatero, los zapatos, así como un cuadro
necesita a un pintor; ¿quién pues se atreve hoy a asegurar que el
Universo, poblado de un número indeterminado de mundos, de soles y
galaxias, etc., y considerado infinito, se ha hecho sólo?, nadie, tan
sólo el ignorante. Cuidado pues, no juzguemos por las creencias, porque
en muchas ocasiones, la aptitud y la vida de
los agnósticos llamados ateos, es más cristiana y espiritual que la
aptitud de quienes alardean de creer en Dios
e ir a misa diaria.
Y es que creer o no creer en Dios es lo mismo, y no sirve de nada,
porque lo importante es sentirlo como lo sintieron los profetas, como lo
vivió el carpintero de Nazerat. El rabí, en muchas ocasiones alentaba a
sus amigos los obreros;“Aprended de mi” les decía, incitándoles a
vivir su propia vida espiritual y superando el atraso de la religión
judía; en ese momento, cuando cobraba mayor sentido sus palabras, fue
cuando dió el punto clave a través de la oración del padre nuestro:
“Padre nuestro, que estas en los cielos...”; ¡qué maravillosa
lección del rabí Yehoshuah de Nazerat al espíritu del ser humano!.
Yehoshuah de Nazerat, un hombre pobre convertido en mito |