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Armonizando Rosario > ENSEÑANZAS  de Jesús

No os preocupéis por el futuro, porque llegará un momento en que el hombre sentirá necesidad de mirar al cielo, y entonces nuestros descendientes empezarán a recordar todo lo que está pasando aquí, y será de nuevo entre los pobres que surgirán mis palabras, y ellos sacarán a la luz lo que tanto tiempo ocultaron las religiones, la justicia de Dios..."

Yehoshuah de Nazerat

EL EVANGELIO POBRE DE YEHOSHUAH DE NAZERAT  (Jesús de Nazaret)                   JOSÉ J. MÉNDEZ – CAYETANO MARTÍ

Palma de Mallorca, año 2000
 

Entre el ayuno y el amor

Pero la gente pobre estaba con el rabí y con el estímulo de sus palabras, y cuando Yehoshuah hablaba de acabar con la enfermedad, pero no con el enfermo, era para dar a entender que todos somos en mayor o menor medida enfermos en lo espiritual, dando a entender así que más importante es la misericordia humana, que los sacrificios impuestos por la religión, sea cual sea.

Estando en Caná, un día se formó una discusión con los sacerdotes por causa del ayuno; estaban con el rabí algunos que habían sido seguidores de Yokanaán que, confusos por los sacerdotes preguntaron a Yehoshuah el por qué él y sus seguidores no lo practicaban. El rabí les ponía ejemplos sencillos para que comprendieran y les decía: –¿Qué padre se alegraría de ver que su hijo deja de comer para ganarse así su simpatía?, ninguno; un buen padre solo aconsejaría dejar de comer a su hijo en caso de enfermedad, pero nada más. Y si un padre no quiere que su hijo haga sacrificios por él, ¿por qué creéis que nuestro Padre Dios nos exige el ayuno y el sufrimiento para agradarle?.

Los pobres no debemos avergonzarnos de lo que comemos, porque digno es el obrero de su salario y de su sustento; los que deben avergonzarse son aquellos que, siendo jóvenes buscan la religión para comer sin trabajar y luego hacen largos ayunos delante de la gente para lavar su conciencia, creyendo que así agradan a Dios. A Dios no se le honra más ayunando o sacrificando el cuerpo, sino practicando la justicia y la paz; y podéis estar seguros que quien vive dentro de si estas cosas, no teme a nada, ya el Espíritu de nuestro Padre Dios está en todo hombre y mujer para guiarle a cada momento.

Y cuando vive el Espíritu en nosotros, tenemos alegría y no tristeza, es como ir a una boda; a nadie se le ocurre ir de luto a una boda, porque todos sabemos que una boda es alegría y no tristeza como es la muerte de un ser querido.

Seguir normas y costumbres religiosas y estar con Dios es imposible, por eso os digo que os es necesario nacer de nuevo en el Espíritu y dejar de una vez por todas los ritos y las ceremonias religiosas; a nadie se le ocurre poner un remiendo de tela nueva en un vestido antiguo, porque el vestido acabará desgarrándose; y a nadie se le ocurre meter vino nuevo en odres viejos, porque el nuevo llegará a corroer el cuero viejo y todo el vino acabará perdiéndose. Cada cosa tiene su lugar; quien bebe del vino añejo y lo saborea, no va a buscar el nuevo porque sabe que el añejo es mejor.

En las cosas de Dios, quien tiene el Espíritu, quien tiene el aliento de Dios en él mismo, no va a buscarlo en los templos, ni se sacrifica con ayunos religiosos; quien tiene el Espíritu, practica el amor con los demás seres humanos. “Misericordia quiero y no sacrificios”, dice el Señor.

Al acabar de hablar el rabí, unos y otros empezaron a discutir acaloradamente sobre el ayuno, y en medio de aquél grupo de gente había una mujer que quería acercarse a Yehoshuah para contarle su problema, pero la gente se lo impedía. Entonces la mujer se agarró fuertemente al vestido de Yehoshuah, y este, sintiéndose atrapado, gritó alto: –¡¿Quién me ha tocado?!. Simón se giró al rabí y le dijo sorprendido: –Rabí, estamos todos apretándonos y discutiendo sobre el ayuno y tú dices que quién te ha tocado?. Y Yehoshuah continuó diciendo:

–¡Sí, ya lo sé, pero alguien me ha agarrado de verdad y necesito saber quién és!.

Entonces una mujer llamada María, del pueblo de Magdalá, salió de entre el barullo y con miedo le dijo que ella le había tocado porque quería hablar con él. Al verla temerosa Yehoshuah la calmó y apartándose del barullo, la mujer empezó a contarle su historia y a pedirle consejo.

 02/02/09   12:37


   
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