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La
boda de la alegría
María
de Magdalá y Yehoshuah de Nazerat se casaron celebrando la boda en Caná
de Galilea, junto con amigos y familiares de ambos, y ante los ojos
críticos de los sacerdotes del lugar que no bendijeron aquella unión.
Pero a
Yehoshuah poco le importaba las opiniones religiosas y llevó adelante su
boda con la alegría que suelen celebrarse en Israel, bailando y saltando
descalzo por toda la casa. Cuando se acabó el vino, su madre, preocupada
de que las cosas salieran bien, lo llamó aparte y le dijo: –Dí a
alguno de tus amigos que vaya a buscar vino, pues ya no queda, y no te
preocupes que nosotros ya lo pagaremos.
Yehoshuah, viendo la pena que pasaba María por estas cosas se puso las
sandalias y salió a buscar vino a la posada donde solía comer, y al poco
rato apareció en la casa con el posadero y con varias garrafas de vino
que cada uno traía en las manos. Al ver la alegría de la gente sólo
bebiendo agua, el posadero dijo al rabí: –
Pocas
veces he visto una fiesta tan alegre como la que celebráis hoy en esta
casa, es justo pues que sea celebrada con buen vino–.
Y quedándose en la fiesta, el posadero repartía el vino, hasta que bien
entrada la noche todos se fueron retirando a sus hogares.
Con el
paso del tiempo María y Yehoshuah tuvieron un niño al que llamaron
Yokanaán, y el pequeño sintió tal devoción por su padre, que siempre le
acompañaba allí donde éste iba. |