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No os preocupéis por el futuro, porque llegará un momento en que el
hombre sentirá necesidad de mirar al cielo, y entonces nuestros
descendientes empezarán a recordar todo lo que está pasando aquí, y será
de nuevo entre los pobres que surgirán mis palabras, y ellos sacarán a
la luz lo que tanto tiempo ocultaron las religiones, la justicia de
Dios..."
Yehoshuah de Nazerat |
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La
Buena Nueva
Al ser
expulsado de las sinagogas, Yehoshuah llamaba con más fuerza a reunirse
con sus amigos, y después de acabar el trabajo, les decía que tenía
buenas noticias que contarles, y en muchas ocasiones sus amigos, los
pobres, al acabar sus trabajos iban a buscarlo allí donde sabían que
trabajaba y como una cosa normal el carpintero les decía:
–Bien
amigos, vamos a conversar un rato más; ya es hora de comunicarlo; la
buena noticia que os tengo que decir es que debemos buscar a Dios en
nosotros mismos, sin intermediarios. Ha llegado el momento de decir a
todo el mundo lo más importante de esta buena nueva; los pobres no
necesitamos sacerdotes ni rabinos que nos organicen nuestra vida
espiritual, porque si ellos no han visto jamás a Dios, tenemos tanto
derecho como ellos a predicar lo que pensamos.
Es
necesario que estas cosas que hablamos se digan a la gente, y no tengáis
miedo a la hora de hablar, porque es el Espíritu que habla y guía
nuestras palabras; y así como os he dicho que la luz se pone encima de
la mesa para alumbrar, así han de dar luz vuestras palabras, para que se
cumplan las profecías del Espíritu en boca de los pobres. No tengáis
pues temor amigos, vosotros sois también hijos del trueno como lo eran
los profetas; y ya es hora de que todo lo que oigamos al oído del
Espíritu, lo prediquemos desde los terrados si es necesario.
Las
palabras de aliento del carpintero fueron muy importantes para aquél
pequeño grupo de pobres, pescadores, jornaleros, sirvientes y esclavos
que le seguían, y apoyaban su enseñanza espiritual, y les comprometió
espiritualmente sabiendo la tensión social que existía en aquellos
momentos en todo Israel; aunque algunos se apartaron por temor, otros en
cambio continuaron a su lado:
–Maestro, estoy contigo y te seguiré,
–dijo
uno– pero primero he de enterrar a mi padre que ha muerto–. Pero
Yehoshuah siempre tenía las palabras de enseñanza a cada momento y les
explicaba las cosas con cariño y paciencia diciendo:
–Dejad
que los muertos entierren a sus muertos y tratad de entender estas
cosas; esta bien que enterremos a nuestros seres queridos, pero no
olvidemos que por causa de la religión, el espíritu de mucha gente ha
quedado tan dormido practicando sin sentido costumbres y ritos
religiosos, que los han convertido en muertos que andan, rezan, creen y
siguen a ciegas a pastores tan ciegos como ellos, sin saber a donde van.
Yo os aconsejo que procuréis estar siempre despiertos en estas cosas y
no tengáis tanto temor de la muerte, sino estar despiertos delante de
quienes tratan de matar vuestro espíritu. La religión de Dios es vida
para el espíritu y nada tiene que ver con los ritos de sufrimiento
religioso; procurad entender estas cosas y tratad de enriquecer vuestra
vida espiritual. |