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Un cuento de conejos...
Un Nuevo
Sonido Irrumpió En La Escena
Entonces un día, en medio de la normalidad del día, un nuevo sonido
irrumpió en la escena: ¡ la puerta del sótano enmohecido se abrió
repentinamente y había alguien parado allí! Los conejos mas viejos eran
los únicos que recordaban si alguna vez se había abierto. ("Si, era en
el año '22, después de la inundación que trajo las ratas hacia aquí,
si") ¿Podría esa misteriosa presencia acaso ser Dios, cambiar los
diarios sucios o traer una nueva clase de bebedero para conejos?
¡Era Dios! (¡Debía serlo!) Era el conejo mas grande y mas hermoso que
habían visto. ¡Que milagro! Y hablaba (mientras que movía sus grandes
bigotes). Les hablo de una hermosa pradera de donde el venia, que estaba
del otro lado de la puerta. Una extensión ilimitada, con árboles verdes,
colinas, cielo azul, y muchas, muchas cosas ricas para comer. Y lugar de
sobra para correr y arrojarse y jugar. ¡Sin necesidad de darlos!
Los conejos pensaron que El Gran Conejo hablaba del mas allá, el gran
cielo al que todos los buenos conejos ascienden cuando les llega la
hora. Pero "¡No!" les dijo. "Les hablo de lo que esta al alcance de
ustedes ahora, su derecho de nacimiento." El Omnipotente Blanco les dijo
que era lo mas normal en el mundo tener acceso a tal grandiosidad, tal
abundancia, tal deleite. Y que todo lo que debían hacer era abrir sus
jaulas, trepar las escaleras y salir afuera.
Pero (ellos pensaron), El Conejo Majestuoso habrá olvidado cuanto tiempo
estos conejos ya habían vivido en las condiciones actuales, como estas
mismas condiciones definieron su vida real, y que si cualquier conejo
aspiraba a algo mas grande, se le respondía a el o a ella que debía ser
"realista". De hecho, esta realidad particular era Verdad (con V
mayúscula) para todos los conejos, ya que era todo lo que ellos
conocían. Se hubiera requerido mucho coraje para un conejo especialmente
curioso salirse del conocimiento colectivo y experimentar algo
diferente. Y que desafió también, considerando que cada conejo como
individuo había sido criado en este ambiente, esta sociedad de creencia.
El Espíritu Santo, Otro Conejo Admirable
Entonces, cuando El Ilustrado Con Pelo los invito a salir afuera y
experimentar por si mismos la gloria y la expansión de la realidad, el
sótano se lleno de voces de conejos.
Los conejos que habían leído libros espirituales hablaban de la batalla
entre el ego y el Espíritu Santo (era claramente otro Conejo Admirable,
pero con alas).
Los conejos con títulos médicos y otras licenciaturas mas avanzadas
hablaban de la necesidad de terapias y grupos de encuentro, para ayudar
a los conejos infelices a comprender y a aceptar sus vidas en las jaulas
del sótano. Otros conejos exclamaban la importancia de encontrar la
felicidad a través de la creatividad, ofreciéndose como voluntarios para
armar talleres de tejido, trabajos en madera y jardinería.
Los conejos mas viejos, que eran los pilares de la sociedad, les
recordaban a todos que todos los conejos podrían concretar cada uno de
sus deseos y necesidades en el mismo sótano: amistades, educación,
carrera, matrimonio... y luego alentaron a todos a "volver a la
realidad" y a no aspirar a fantasías que no habían sido comprobadas (y
por lo tanto eran muy sospechosas). Incluso fue sugerido que se
"ayudara" a recuperar la perspectiva de los conejos que intentaran
romper con la tradición - quizás un poco de reclusión serviría, o
encarcelación, o quizás un poco de terapia de shock. (Luego de escuchar
estas sugerencias, algunos de los conejos no tan valientes inclinaron
sus cabezas y resignaron su búsqueda por mas.)
Se escuchaban ir y venir a las voces de los conejos a medida que las
ideas y sugerencias atravesaban el sótano resquebrajado de goteras. Y El
Exaltado permanecía callado, escuchando, observando. Entonces, a medida
que la mayoría parecía llegar a un acuerdo en que la vida en las jaulas
del húmedo sótano era la Verdad y la Realidad, y que cualquier otra cosa
era una perdida de tiempo, El Noble hablo sin alzar la voz, y entonces
todos debieron silenciarse y esforzarse para escuchar. |