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AMOR Y MIEDO
Por
MSI (Maharishi Sadashiva Isham)
Existen solamente dos
raíces para todas nuestras emociones: amor y miedo. El amor es el estado
natural de la vida humana; el miedo es el instrumento que el ego usa
para controlar y poseer al mundo. Estos no pueden coexistir
simultáneamente: cuando el amor aumenta, el miedo se evapora - como
nunca fue real, se extingue en el Sol del amor perfecto. Cuando el miedo
aumenta, el amor se esconde y aguarda el momento propicio en que el
individuo se abra de nuevo a la verdad. El amor nunca puede ser
destruido, pero como el ser humano está dotado con ciertos derechos
inalienables (inclusive un perfecto libre albedrío), si el ego insiste
en ilusiones, el amor desaparecerá de la mente hasta que la personalidad
escoja la realidad una vez más.
El ego quiere poseer todo;
esto niega la invencibilidad de la entrega, la sirvienta del amor. El
amor es universal y se da libremente, pero el ego insiste en que debe
ser poseído, que obedezca estrictamente sus dictados severos de cuándo,
cómo y dónde. En esto, el ego siempre fracasará, pues pelea la batalla
equivocada. El amor nunca podrá ser limitado ni existir por separado o
aislado. Sólo mediante la renunciación del deseo de manipular y
controlar es que el ego se disolverá dentro del ser infinito universal,
el amor eterno.
No es tratando de forzar a
cambiar los sentimientos la manera en que estos cambian. Las emociones
evolucionan sólo cuando son aceptadas exactamente como son. La llave
para lograr esto es dejar de juzgarlas. Sólo el ego define lo bueno y lo
malo. Esta es su herramienta principal para controlar: si algunos deseos
son buenos y otros no lo son, la vida se mantendrá dividida. Al separar
nuestros sentimientos del sistema de creencias del ego, podemos usar su
energía poderosa para nuestro desarrollo personal.
Hay una historia de los
Ishayas que demuestra este punto. Los monjes eran atacados de cuando en
cuando por hordas de demonios cuando estaban en profunda meditación. No
importaba cuan duro trabajasen para liberase de ellos, no había
escapatoria. Fue sólo cuando dejaron de juzgarlos como malvados que
desaparecieron o se transformaron en ninfas celestiales o ángeles. Sólo
era la interpretación que los monjes le daban a la realidad lo que les
causaba dificultades. Este reconocimiento es una etapa necesaria de la
evolución.
A medida que la conciencia
crece, aprendemos que todo lo que viene a nosotros es nuestra propia
creación, no la de otros. Con la claridad de este entendimiento, dejamos
de gastar energía luchando, resintiendo o reprimiendo lo que creamos.
Esto nos capacita para usar la energía de nuestros deseos para alcanzar
un desarrollo mucho más rápido.
Centro Maharishi Sakti Ishaya, Santa Marta, Colombia,
www.losishayas.com
17/06
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