|
No
existe ninguna persona viva que no tenga una adicción a algo, a
menos que esté experimentando la conciencia. Puede ser adicción
al cigarrillo, al alcohol, a las drogas, las posesiones, a
personas, animales, a nuestros pensamientos, a nuestras
creencias e innumerables cosas más. ¿Por qué nos volvemos
dependientes de algo?
Son dos
las principales causas. La primera, tiene que ver con el hecho
de que estamos buscando el amor fuera de nosotros y así nos
obsesionamos, protegiendo aquello que creemos que nos da amor y
seguridad. Podemos volvernos adictos a nuestras parejas, a
nuestros hijos, nuestra familia, nuestros trabajos e incluso a
nuestras mascotas. Sentimos que estas cosas nos darán felicidad
y que sin ellas, sufriremos. La segunda causa principal de las
adicciones, es que, a fin de controlar el estrés en nuestros
cuerpos y el movimiento constante y agitado en nuestra mente,
recurrimos a la nicotina, al alcohol, drogas, sexo o a la
comida para anestesiar nuestros sentidos, buscando no
experimentar el violento caos en nuestro sistema nervioso.
Yo solía
beber mucho alcohol. Había diferentes razones para esto. Bebía
para olvidar mis miedos sociales, para ser más audaz,
extrovertida y el alma de la fiesta. Bebía para ahogar los
pensamientos torturantes que no quería pensar, normalmente la
pérdida de otra adicción y mi romántico corazón partido. Bebía
para olvidar todas las áreas de mi vida en las cuales estaba
transigiendo y sufriendo.
Lo triste
de las adicciones es que sólo nos dan un falso sentido de
alivio. En realidad son solamente un escape para enmascarar la
tristeza y los problemas profundamente arraigados y encerrados
en nosotros. El alivio dura muy poco. Algunas personas comen
demasiado, otras son adictas al sexo, o a tener la razón,
algunos son adictos a otras personas con adicciones, pensando
erróneamente que las van poder ayudar. Otros, son adictos a sus
emociones y a sus pensamientos. Pero todas estas situaciones no
son más que máscaras para evitar ponernos en contacto con
nosotros mismos. Recuerdo haber escrito en una de mis
canciones:
Corro
por el mañana y me pierdo el ayer,
mi
cabeza está tan llena,
tú me
invitas a jugar,
pero
tengo miedo de parar,
por si
acaso puedo ver,
la
persona adentro,
que no
quiero ser.
Ésta es la
triste verdad: la mayoría de nosotros sentimos tanto
resentimiento, tanto abandono y odio por nosotros mismos, que no
nos creemos merecedores del amor. Y más aún, en muchos casos, ni
siquiera nos damos cuenta de esos sentimientos. Una vez más, lo
paradójico es que el amor es lo único real que existe y es la
verdad de quienes somos. Todo el amor está encerrado dentro de
nosotros, esperando pacientemente ser reflotado. Es como una
fuente mágica, cuyo único objetivo es fluir a través nuestro y
bañarnos en dicha y riquezas ilimitadas. Ésta es la fuente
infinita del amor; la joya de la expansión de la conciencia. Ese
tesoro puede ser abierto con la llave de Las Técnicas de Los
Ishayas, El Eslabón Perdido.
Recuerdo
nuestro primer entrenamiento de maestros y a Saraswati Ishaya,
una de nuestras más preciosas Ishayas rojas. Esta es su historia
y cómo logró superar sus adicciones con la ayuda de estas
Técnicas. |