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¡Dulce Percepción! Todo es Para Mejor
Recuerdo el peor año de mi vida, era uno de esos años que están
hechos de pesadillas. Tenía 28 años, era totalmente yuppie, centrada
solamente en verme bien y hacer mucho dinero. Había comprado una
propiedad el año anterior y estaba en el proceso de subdividirla.
Había hecho un acuerdo con el consejo del pueblo y ya había vendido
dos lotes, así pues creía que estaba destinada a hacer una fortuna.
Puse mi propiedad a nombre de mis padres por motivos de impuestos y
para facilitar préstamos del banco.
Recuerdo estar sentada en la mesa de la cocina y mi padre diciendo:
"Debemos poner la propiedad a tu nombre; es mejor en caso de que
suceda algo. Uno nunca sabe lo que puede pasar si hay una muerte en
la familia y el dinero se vuelve un conflicto". Y recuerdo que me
sentí impactada y le dije: "Confío en mi familia".
Poco tiempo después, la tragedia comenzó. La primera cosa que
sucedió fue que mi nana murió. Ella era quizás la persona más
cercana a mí en el mundo, había vivido con mi familia toda mi vida y
había sido como una madre para mí. La contemplaba en su lento
fallecer y me aferraba de cada uno de sus últimos suspiros. No
quería dejarla ir, recuerdo que me decía: "Es hora de que me dejes
partir", pero yo no quería escuchar eso.
Luego mi abuela murió, dos de mis tías murieron también y,
finalmente, un compañero con quien compartí mi vida por seis años
fue diagnosticado con cáncer. Cuidé de él pero me tocó verlo irse
dolorosamente mientras el cáncer le carcomía los pulmones. Era algo
inconcebible para mí, que un hombre tan poderoso pudiera ser
derrotado por una enfermedad a edad tan temprana. En el momento de
su muerte ya no sosteníamos una relación, pero aun así teníamos una
conexión emocional muy fuerte. Murió y el día de su muerte, a mi
perro le diagnosticaron cáncer. Yo estaba muy apegada a mi perro, y
estaba tan mortificada que permití que le amputaran una de sus patas
para prevenir que el cáncer se esparciera, pero igual murió y luego
me reproche a mí misma por permitir la amputación de su pata. Mi
pareja en ese entonces me dejó al ser incapaz de entender mi dolor y
luego, trece días antes de Navidad, mi padre murió repentinamente.
Parecía que todos aquellos a los que amaba se morían o me dejaban.
Mi
madre, quien es probablemente una de las personas más increíbles y
poderosas que conozco, estaba golpeada igual o más por el dolor, ya
que había perdido todo y además ya no poseía la seguridad de la
juventud que a mí aún me quedaba. Ella había tenido poco antes una
operación de cerebro, que la dejó lisiada e incapaz de tener una
vida normal. Las dos personas más importantes en su vida habían
muerto, su madre y su esposo, y se aferró a mi hermano mayor por
seguridad. Entonces la advertencia de mi padre se hizo realidad.
Apareció la rivalidad entre parientes y los celos de mi hermano
salieron a la superficie, y me di cuenta de que él sentía mucho
resentimiento hacia mí.
Para hacer corta la historia, todo colapsó incluyendo la economía,
los intereses subieron por los cielos, el consejo negó mis
subdivisiones y perdí todo. Y cuando digo todo, quiero decir
absolutamente todo. Perdí todo aquello que me daba seguridad. El
universo me había quitado el piso. Comencé entonces a beber, a ir de
fiesta en fiesta, lanzándome a la locura con tal de evitar sentir la
profunda pena y dolor que llevaba dentro. Pero nada podía impedir
que sintiera las enormes olas de dolor que estallaban en las orillas
de mi autocontrol. Este fue el principio de mi retorno al Ser.
Eventualmente, asumí la responsabilidad de mi vida y retomé el largo
camino de regreso al Hogar, a la verdad de quien soy. Copiando un
viejo cliché, el peor año de mi vida resulto ser el mejor. Todo lo
que recibí de mi familia fue un regalo. Estoy segura de que su
percepción acerca de mí fue igualmente desilusionante pero ese fue
también un regalo para ellos. Hemos completado el círculo. Y también
estoy segura de que cada miembro de mi familia tiene una percepción
totalmente diferente de lo que sucedió y que todos sentimos la
traición y la injusticia. A veces se necesita una cuchillada fuerte
e imprevista para cortar las ataduras de la falsa seguridad y así
permitirnos terminar la jornada hacia el Hogar, hacia al Amor
Incondicional, hacia la Verdad de quienes somos. |