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La Iluminación es ser 100% real. Una persona iluminada vive en
su corazón, no es humilde ni arrogante. Puede estar feliz,
triste o enojada, pero incluso entonces está teniendo una
experiencia humana, lo que atestigua desde un lugar de dicha y
paz. Una persona iluminada hace lo que sea necesario para
empujar toda la creación hacia su grandeza; es amor y verdad y
nunca cede su verdad para lograr aprobación desde afuera. En
resumen, alguien que está iluminado es 100% real a cada momento
e instante, y juega el juego de despertar en un 100%. Para poder
ser como Jesús, tienes que ser Jesús, no imitarlo.
A continuación encontrarán la experiencia de Durga Ishaya y cómo
tuvo que soltar sus falsas máscaras y sus creencias, para llegar
a ser verdaderamente iluminada. Luego de haber transitado un
camino espiritual durante muchos años y tal como ella misma
explica, se vio obligada a soltar muchos conceptos y creencias a
fin de poder experimentar la libertad absoluta.
Ascensión de Los Ishayas
¡Camino a la Iluminación!
¡Pasaporte a la libertad!
Historia de una búsqueda
He transitado los últimos 25 años de mi vida buscándome.
Buscando aquello que desde dentro me traiga el sentir de paz, de
seguridad en mí misma, de felicidad. Y he conocido a miles de
personas como yo, que están en la permanente búsqueda. Búsqueda
que ahora está lista para el encuentro. Con cada cosa que
experimenté crecí, a veces, mucho, y otras, de manera más sutil;
pero siempre regida por mi voz interior, aquélla en la que sólo
habla el corazón.
Comencé cuando tenía 23 años, momento en el que, por primera
vez, me topé con una profunda depresión que tomó las raíces de
mi ser.
Hasta entonces, y a pesar de haber tenido una infancia y una
adolescencia muy espirituales, había elegido imponerme la
actitud de atea y había construido dentro de mí todo lo
necesario para fundamentar esta posición en mi vida y mi acción.
Al miedo, lo controlaba con ideología. Me refugié de manera
creciente en este camino, pero una gran confusión comenzaba a
crecer. El tiempo pasó, y fueron creciendo los conflictos en mi
vida.
De la destrucción al renacer
Mi crisis llegó a tal punto que comencé a hacer terapias. De
todas maneras, la crisis finalmente explotó y mi vida cambió. Mi
cuerpo habló, y lo hizo a través de una hemorragia interna que
me llevó al borde de la muerte. No podía comprender cómo había
llegado hasta este punto, teniendo en cuenta que yo estaba
haciendo terapia. Este fue el llamado más poderoso de mi vida: a
partir de ese momento fui invitada a vivir desde el corazón y el
cuerpo y, no sólo desde el intelecto. Un sueño premonitorio me
dio a elegir dado que únicamente podría seguir viviendo si
lograba integrar mi espíritu a mi vida. Fue entonces, que un
nuevo capítulo de mi vida comenzó.
Mi búsqueda se inició a través de maestros, y primeramente,
decidí seguir el camino del yoga, llegando así a Sai Baba.
Mientras tanto, y como estudiante de psicología social, mi
mundo interior comenzaba a expandirse.
De allí, pasé al Zen y a Gurdieff. Luego, llegó Osho, quien
cambió mi vida. Había logrado encontrarme con alguien que había
trascendido las limitaciones de la mente y que pensaba tal como
yo. Y me entregué nuevamente. Me entregué a descubrir dentro de
mí misma la verdad, a confiar en lo que sentía aunque el mundo
me dijera lo contrario; a descubrir dentro de mí la puerta por
donde podía pasar y encontrar que mi conciencia y Dios, fueran
una sola cosa. Comenzaron a cautivarme la expansión de la
conciencia y las meditaciones, al mismo tiempo que las terapias
que aplicaba, crecieron en efectividad y creatividad. Sin
embargo, y más allá de todo esto, dentro de mí, aún existía un
profundo dolor, un dolor histórico, que ahora quedaba tapado por
muchas experiencias interesantes, tales corro mis viajes
astrales y todo lo relacionado con el mundo fuera del cuerpo.
Esta habilidad siempre había estado conmigo como refugio y huida
del dolor; ahora, como herramienta de trabajo, aumentaba con la
práctica de la meditación.
Pasaron los años y también se sucedieron distintas situaciones
en mi vida; desempeñé muchos roles más como sanadora, maestra de
Reiki, creadora de esencias florales, escritora, líder,
alcanzando el éxito tanto en mi país como en el exterior. Sin
embargo, una gran cantidad de creencias e ideas dominaban toda
mi experiencia espiritual. El lugar de la Iluminación era una
gran idea más, pero ya no sabía que más era necesario hacer para
alcanzarla. Mi personalidad estaba invadida por una arrogancia
evolucionada, un ego espiritual. Sentía que cuanto más hacía
para alcanzarla, más me alejaba, si bien podía verla.
Aparentemente, tenía todo lo que quería. Aun así, dentro de mí,
una sed aumentaba incontrolablemente. |