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Fui
a todos los Intensivos de Los Ishayas. Yo sabía que Las Técnicas
funcionaban y disfruté mucho de los Intensivos, pero en realidad
asistí porque sabía que mi esposa estaría allí. Y yo quería
reanudar mi relación con ella. Un día escuché que el primer
entrenamiento de maestros de habla hispana iba a tener lugar en
Puerto la Cruz, Venezuela. Sentía que ese curso iba a ser muy
enriquecedor para mí, pero sobre todo lo vi como la oportunidad
para estar cerca de mi esposa de nuevo. Durante un Intensivo de
17 días decidí hacer el entrenamiento. Era un programa de siete
meses para el cual no tenía el dinero en ese momento. Yo era
amigo de Bhushana y Sakti, las primeras maestras que trajeron
Las Técnicas de Los Ishayas a América Latina. Ellas hablaron de
la posibilidad de que alguien trabajara como asistente en la
cocina durante un año y pagar el entrenamiento con ese año de
servicio. Pensé que yo podría ser esa persona y fui directo a
contarles mi decisión.
Para mi sorpresa me dijeron que tenía que reunir el dinero a fin
de poder realizar el entrenamiento. ¡No lo podía creer! Ellas
eran mis amigas, ¡yo estaba seguro de que me iban a aceptar como
asistente!
Esto ocurrió el último día del Intensivo, mientras estábamos
reunidos, tal como lo hacíamos todas las noches. Era necesario
que hiciera algo al respecto. Todos hablaban del entrenamiento
de maestros, de lo magnífico que sería y de las experiencias
maravillosas que se lograrían haciéndolo.
Al final de la reunión preguntaron si alguien más quería decir
algo. Tenía tanto miedo de expresar cómo me sentía. Pero reuní
todo mi valor y dije que quería participar del entrenamiento y
que esto era lo único que deseaba. Expliqué que no contaba con
el dinero y de repente, me vi a mí mismo, pidiéndole a la gente
que me ayudara a pagar mi entrenamiento. ¡Estaba pidiendo
dinero!
En ese momento comencé a llorar porque estaba muy avergonzado de
lo que había hecho. Sin embargo, la gente empezó a decir: "Yo te
daré 100.000 bolívares". Después, otro decía: "Yo te daré
200.000".Y otro: "¡Yo te daré 300.000!". Así, la gente se
ofreció a darme dinero para que pudiera realizar el
entrenamiento. No podía creer lo que estaba escuchando. Estaba
tan atónito que ni siquiera pude darles las gracias en ese mismo
momento.
Logré reunir la mitad del costo del curso en sólo 20 minutos. Me
dieron el dinero con una sola condición: no podía usarlo si no
reunía la cantidad completa. Recuerdo que sólo tuve tres días
más para reunir el resto del dinero. Al día siguiente, me marché
a Caracas con mucha determinación: comencé a vender todo,
incluyendo el inventario entero de mi fábrica. No sólo recuperé
el dinero, algo que pensé que jamás podría hacer, sino que
también logré reunir el resto del dinero para el entrenamiento
en dos días.
Yo fui el primero en depositar el importe del curso para poder
hacer el entrenamiento, a pesar de ser quien tenía menores
posibilidades económicas. Algo extraño me pasó en ese momento:
súbitamente, me di cuenta de que yo podía crear cualquier cosa
que deseara si enfocaba toda mi energía en ella. ¡No había
límites! ¡Me di cuenta de que era un creador! Lo logré. ¡Genial!
En el entrenamiento tenemos que hablar acerca de nosotros
mismos. Fue entonces que caí en la cuenta de que había mentido
durante tanto tiempo y que había fingido tanto, que ni siquiera
sabía quién era yo en realidad. Al principio, era muy difícil;
comencé a notar que no importaba cuántas máscaras tuviera
puestas —el esposo perfecto, el hijo perfecto, el buen amigo—, a
las Ishayas no les importaba. Ellas me amaban igual. Pude sentir
su amor incondicional todo el tiempo. Entendí entonces que el
amor estaba dentro de mí, que lo único importante era estar en
el presente y que yo podía hacer una nueva elección a cada
instante. Sin embargo, la mejor noticia para mí fue saber que
era perfecto tal como era.
Aunque había venido a la maestría para seguir a mi esposa,
durante el proceso fui adquiriendo un verdadero deseo: lograr la
libertad interior, de la cual las maestras hablaban tanto. Para
mí, aquí reside lo maravilloso de Las Técnicas de Los Ishayas:
son mecánicas, con lo cual no importa con qué propósito uno las
practica, ni con qué fin. Las Técnicas funcionan mecánicamente:
nos llevan al crecimiento sin importar la motivación que cada
uno pueda tener. A medida que las iba practicando profundamente
en la maestría, fui sintiendo cada vez más ese amor dentro de
mí, y mientras más lo sentía, más lo quería. Así comenzó mi
verdadero deseo por el crecimiento.
Empecé a ver claramente que todas mis creaciones eran perfectas;
que todo lo que había vivido había sido para mi crecimiento; que
sólo tenía que amarme a mí mismo en cada momento; que no era
necesario buscar el amor afuera y que todo lo que me había
pasado era perfecto. También descubrí que todas las situaciones
en mi vida, incluyendo mi adolescencia, mi vida adulta y todos
los supuestos errores que había cometido, así como los momentos
de logros —como cuando creé el dinero para mi entrenamiento—,
habían sido perfectos para mí. Que yo siempre había sido un
maestro creador y eso era entonces mi experiencia.
Ahora puedo ver a las personas, no como víctimas, sino como
creadoras de todo. Cada vez que enseño "La primera esfera" y
hablo de Las Técnicas sé, desde mi experiencia, que creamos todo
para crecer. Si pudiéramos ver esto sabríamos con certeza que
todo es siempre perfecto y que cada situación trae un regalo
para nosotros. |