|
Imagínate un
bebé acostado en su cuna pensando para sí mismo: "Ojalá no hubiera
llorado esta mañana porque mi mamá se molestó mucho; claro que ayer
también lloré y la semana pasada también. Pensándolo bien, lloro todos
los días y esto la fastidia mucho. ¿Cuándo voy a parar de hacer esto?".
¿Se lamentan los bebés por el pasado? No, los bebés no piensan de esa
manera. Ellos nunca se arrepienten del pasado. O imagínense un bebé
pensando en el futuro: "Me pregunto con quién me casaré cuando crezca.
Me pregunto a qué universidad asistiré. Me pregunto si seré un médico o
un campesino. ¿Cómo pagaré las cuentas?
¿Cuántos hijos
tendré? ¿Cómo pagaré una buena educación para ellos?". ¿Acaso los bebés
se preocupan por el futuro? No, y tampoco se lamentan por el pasado.
Viven totalmente el momento. Si están tristes lloran; si están
contentos, se ríen; si están furiosos, gritan y al momento siguiente
están contentos otra vez.
Imagínense otra
vez al bebé acostado en su cuna pensando para sí mismo: "He estado
tomando demasiada leche y mira cómo estoy engordando, voy a tener que ir
al gimnasio. Mami, ¿me puedes llevar al gimnasio para poder hacer
abdominales y así poder quitarme mi barriguita? ¿O quizás sería más
rápido hacerme una liposucción, mami, qué cirujano plástico me
recomiendas?" ¿Acaso los bebés juzgan sus cuerpos? No, el bebé piensa
que es perfecto como es. No juzga su cuerpo en ningún momento.
Imagínense otra vez al bebé pensando para sí mismo: "¡Uy, este pañal se
me ve tan feo que se me escurre hasta las rodillas! Mami, yo no puedo
salir viéndome así, ¿qué pensara todo el mundo? Me gustaría ponerme mi
vestido azul nuevo hoy, ya me puse ese blanco dos días seguidos y
alguien puede darse cuenta, ¿qué dirán?". ¿Acaso a los bebés les importa cómo se
ven? No, a los bebés no les importa qué clase de ropa les ponen y
solamente se quejan cuando están incómodos.
Un bebé sabe que es perfecto
exactamente como es. Vive en total inocencia y allí es donde yace la
libertad total. |