Es maravilloso
que muchos de ustedes hayan hecho acopio de su
valentía y traten de descubrir lo que valen.
Éste es un asunto muy delicado. Por mucho que
quieres amor, pones en duda merecerlo.
Por mucho que
desees conocimiento te preguntas: "¿Merezco en
verdad tener conocimiento?". Por mucho que
quieras tener grandes amigos en la vida, dudas
qué pasará una vez que te conozcan en verdad.
Siempre dudas de
tu propio mérito. La duda no es tanto: "¿Me
amará esa persona? ¿Me dará conocimiento?
¿Será mi
amiga verdadera?" Esas dudas tarde o temprano se
aclaran de alguna manera. Lo que atormenta a
todos es la duda sobre lo que uno vale de modo
innato.
Te rebajas no
sólo de vez en cuando, sino la mayor parte del
tiempo. Por eso digo que eres valiente al tratar
de saber lo que vales. Nunca sabes lo que vas a
encontrar al indagarlo.
Estás llevando
una gran tarea. No debes preocuparte demasiado
por el resultado final. Si sólo te preocupa el
resultado final, puedes quebrarte a mitad del
camino.
Si tienes la
valentía y la energía para continuar, eso dará
los mayores frutos. Así que no te concentres en
el resultado final. De ese modo nunca conocerás
lo que vales.
Debes
avanzar desde el punto en que te encuentres. Y
no necesitas preguntarte si estás al principio,
a la mitad o cerca de tu destino. Estés donde
estés, ése es el lugar perfecto para ti.
Puede ser
cómodo o incómodo, puede ser dichoso o muy
desdichado, en realidad no importa. Tu jornada
entera es para ahondar en tu propio Ser, para
elevarte en tu propio Ser. Las asperezas que se
te presenten no te detendrán.
Si perseveras,
incluso te ayudarán a avanzar, a viajar más
profundo en el mar del conocimiento, en el mar
del amor.
Y eso es
exactamente lo que hacemos en este camino. Nos
sumergimos en el océano del gran Ser; nos
sumergimos en el mar del amor. ¿Y cómo lo
hacemos? Meditamos.
Del libro
"Valentía y contentamiento" de Gurumay pag70
www.siddhayoga.org