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Gurumay Chidvilasananda
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El Mahabharata dice que el perdón es uno de
los ocho caminos del dharma. Es una gran virtud. Una vez alguien le preguntó
a Baba Muktananda: ¿Debemos perdonar a una persona por su engaño y su
astucia, para cultivar la tolerancia, o debemos tomar represalias?.
Baba respondió: No debes tomar represalias, pero al mismo tiempo debes
mantener bien escondida tu naturaleza indulgente. A veces el perdón tiene
consecuencias negativas. Es bueno perdonar, pero eso no debe estimular una
actitud perversa ni en ti mismo, ni en los demás.
La respuesta de Baba incita a pensar y merece ser contemplada en
profundidad. Cuando realmente exploras en tu propio corazón, comienzas a
vivir desde un lugar que es sagrado y que complace mucho a Dios. Este lugar
debe ser protegido en todo momento. A menudo la gente dice que después de
cantar el nombre de Dios, o después de meditar, su corazón está abierto y se
sienten vulnerables.
Es importante que protejas esta
apertura del corazón, que protejas la santidad de tu propio corazón. No
quieras cerrar el corazón sólo porque creas que el mundo es despiadado.
Si cierras el corazón, te quedas sin poder beber la ambrosía del
corazón, sin experimentar el éxtasis de Dios. Por tanto debes proteger
la apertura de tu corazón.
Para perdonar debes ser también muy
fuerte; debes ser capaz de mantenerte firme en lo que verdaderamente
crees.
La habilidad de ofrecer un perdón completo no viene rápidamente ni con
facilidad. Es una gran virtud que debe ser cultivada durante mucho
tiempo. Debes entender cuál es el auténtico significado del perdón.
Escucha con atención.
Cuando ofreces un perdón puro, éste no reemplaza la necesidad de que
surja arrepentimiento en el corazón de la otra persona. El auténtico
perdón no es como darle un caramelo a un bebé que llora para que deje de
llorar. Que seas capaz de perdonar a alguien, no elimina la necesidad
por parte de los demás, de encararse con sus malas acciones.
Ellos deben hacer su propio trabajo
interior. El perdón no es echar una cálida manta sobre alguien diciendo:
Está bien. No pasa nada, de verdad. No. Cada persona debe pasar por el
fuego del arrepentimiento.
Y hay que comprender que el arrepentimiento no es llorar como una
víctima herida, ni contar a todo el mundo tu triste historia. El
arrepentimiento es una contemplación muy, muy profunda.
Es entrar en el sancta sanctórum de tu
propia alma, yendo muy profundamente hacia el interior, donde ninguna
otra persona tiene acceso, excepto tú y tu Dios. Ni siquiera tu mejor
amigo, ni la persona que más quieres, puede entrar ahí.
Existe un lugar dentro de ti que es puro,
sagrado y tranquilo. Sólo tú y tu Dios podéis ir allí y nadie más tiene
acceso a la cámara más profunda de tu alma.
Del libro “Llénate de entusiasmo” de Gurumay , pag140
www.siddhayoga.org
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