MIL ESPEJOS
Mil espejos fueron dispuestos con cuidado sobre la
mesa de mi vida.
Ya
que la vida misma era un enigma, buscaba significado
en los reflejos.
Cada espejo tenía su anchura y su profundidad y
también sus propias distorsiones.
Algunos reflejos eran más pequeños y otros más
grandes;otros estaban fuera de toda proporción.
Sin embargo, parecían hablar de la vida y arrojar
sentido sobre la existencia.
Yo
observaba miríadas de reflejos de sentimientos,
pensamientos y acciones.
Al
principio todo era divertido,como un juego de
niños;pero el juego no estaba lejos de lo real.
Mil espejos se volvieron mi morada.
El
tiempo pasó, observando.
Parecía una cómoda forma de vivir.
Luego la gracia del Guru golpeó mi vida.
Uno por uno, cada espejo fue roto en pedazos.
La
realidad de mi existencia estaba en juego.
La
mesa de mi vida temblaba.
Cuando la gracia siguió golpeando,cada espejo se
rompió en mil fragmentos,los reflejos se hicieron
innumerables.
Pero ya no tenían sentido.
Cada reflejo claro y único adquirió muchas facetas.
Un
reflejo de tristeza se convirtió en muchos.
Un
reflejo de alegría también se multiplicó.
Pero ya nada tenía ya sentido verdadero.
La
gracia del Guru siguió golpeando.
Finalmente, el último espejo, tan caro a mi
corazón,el espejo que mantenía la diferencia entre
el alma individual y el Alma suprema,iba a ser
destruido.
Mi
ser entero sollozó.
Los sentidos me abandonaron.
El
mundo se derrumbaba.
La
destrucción tomó su tiempo.
Mientras la gracia penetraba profundamente,me
dije:"La gente dice que la gracia es un refugio,
¿por qué, entonces, pierdo todo lo que tengo?"
El
último espejo, el que me daba esperanza, el que me
daba apoyo,
el
que sostenía todo mi universo, mi más querido amigo
vida tras vida
iba a ser presa de la gracia.
Una espada de luz brilló radiante.
Los reflejos se fundieron en este espejo.
Finalmente, cuando el espejo más fuerte estalló, no
quedó ni una traza
de
esa existencia que alguna vezhabía hallado sentido
en los reflejos.
Algo prodigioso sucedió:
todos los reflejos se convirtieron en gracia;
todos los espejos se convirtieron en gracia;
la
gracia había rebelado que todo es gracia.
El
Guru sonrió cuando mi vida inexistente se fundía en
la verdad única:
el
amor de mi Guru.
La
mesa de mi vida se había desvanecido; mi vida misma
se había vuelto la vida de mi Guru.
Del libro "Cenizas a los pies de mi Guru" de Gurumay