| | | |
| |
|
Armonizando Rosario > Servicios>Experiencias
|
|
La
Página de EXPERIENCIAS |
|
|
|
|
|
|
|
BUENOS
DÍAS, HERMOSO LUTO! |
Cuando se produce una herida emocional, el cuerpo comienza un proceso tan
natural como la curación de una herida física, y hay que dejar que el proceso
ocurra. Creer en esta capacidad dará lugar a la curación. Has de saber que el
dolor se irá y que, cuando se haya ido, serás más fuerte, más feliz, más
sensible y más despierto.
CÓMO SOBREVIVIR A LA PÉRDIDA DE UN AMOR

Melva Colgrove, Harold Bloomfield y P. McWilliams
Cuesta toda una vida decirle adiós a muchas cosas. A medida que vayamos
viviendo, le diremos adiós a los seres, cosas e ideas queridos. Y al final, le
decimos adiós a la vida misma con nuestra muerte. Aprende a decir adiós.
Permítete llorar cada pérdida. Lo mismo que con una herida física, el cuerpo
tiene su propio ritmo para curarse. El cuerpo te dirá cuándo está curado.
Comprender el proceso de recuperación de una herida emocional es algo valioso
(aunque no necesariamente una técnica para acelerar el proceso de recuperación),
pero sobre todo es como una garantía para que sepas que, cualquiera que sea la
fase en que te encuentres del proceso, todo se desarrolla con normalidad.
Hay tres fases distintas en el proceso de recuperación. Nosotros experimentamos
cada una de estas fases independientemente de la pérdida que hayamos sufrido. La
única diferencia es la intensidad del sentimiento y la duración. Cuando se trata
de una pérdida de poca importancia pasamos por las tres etapas, en cuestión de
unos pocos minutos. Pero si se trata de una pérdida muy grande, el proceso de
recuperación puede durar años.
La primera fase es la de shock/negación. Nuestro cuerpo y nuestras emociones se
vuelven insensibles al dolor. La mente se niega a aceptar la realidad. A menudo,
las primeras palabras que proferimos al enterarnos de la pérdida son: "No, no es
verdad" o "No, no puede ser".
La segunda fase es la rabia/depresión. La persona o cosa causante de la pérdida
nos hace sentir enojados (incluida la persona perdida). A menudo volvemos la
rabia en contra nuestra y nos sentimos culpables por lo que hicimos o no (el
hecho de querer darle la culpa a los demás o a nosotros mismos no siempre es
racional). La fase depresiva de la pérdida es la tristeza que la acompaña a
menudo: las lágrimas, el dolor, la desolación. Tenemos miedo de que nunca más
volveremos a querer o a ser queridos.
La tercera fase es la comprensión/aceptación. Nos damos cuenta de que la vida
sigue, que la pérdida es algo consubstancial a la vida y que nuestra vida puede
y será completa sin la presencia de aquello que se perdió. También nos damos
cuenta de que, al vivir las dos primeras etapas de la recuperación, hemos
aprendido muchísimo acerca de nosotros mismos, que nos hemos hecho mejores
personas por la experiencia que hemos adquirido.
Si no nos damos el tiempo y la libertad necesarios para curarnos, una parte de
nuestra capacidad para vivir la vida se congela, se vuelve inservible para los
grandes sentimientos que parecen gustarnos tanto: felicidad, alegría, contento,
amor, paz. El mecanismo que nos hace sentir la rabia y la depresión es el mismo
que nos hace sentir la paz y el amor. Si tú rechazas sentir la rabia y el dolor
de una pérdida, no estarás en condiciones de sentir cualquier otra cosa hasta
que esa parte que hay en ti que los rechaza se restablezca.
En el pasado, quizá negábamos el dolor que nos producía una pérdida (trabajando
horas extra, tomando drogas -entre ellas el tabaco y el alcohol-, realizando
otras actividades que crearan adicción, o mediante la fuerza de voluntad pura y
simple -"¡No pienso volver a sentirme triste por esto nunca más!"-). Si todo eso
es cierto, lo más probable es que las zonas que antaño sufrieron alguna pérdida
todavía no se hayan recobrado.
Cuando te abres a un mayor aprendizaje acerca de ti mismo, en todas esas zonas
se produce un "deshielo", y todos los sentimientos de tristeza, miedo y rabia
afloran a la superficie. Si eso pasa, quiérete lo suficiente como para vivir el
proceso de curación que en el pasado no te permitiste tener.
No hace falta que sepas en qué consistió la pérdida (lo más probable es que sea
una combinación de varias pérdidas a lo largo de muchos años), basta con que en
esta ocasión te dejes curarte a ti mismo. En otras palabras, no te interpongas
en tu propio camino. Siéntete mal si quieres sentirte mal. Siente el regocijo
también. La curación se está produciendo. Una parte de ti que hasta ahora era
inservible está siendo reclamada para que en el futuro pueda vivir la alegría.
A veces una pérdida sin importancia puede desencadenar el dolor de una pérdida
anterior que todavía no se ha sanado. Te puedes preguntar, por ejemplo, "¿por
qué me ha trastornado tanto el rechazo de esa persona? Pero si acababa de
conocerla". A lo mejor todo consiste en que la curación de una vieja amistad que
perdiste (alguna que significó mucho para ti) está teniendo lugar.
Melva Colgrove, Harold Bloomfield y P. McWilliams |
|
|
|
|
| |
| |
|
 | PUBLICIDAD |
|
|
| |