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El éxito es conseguir lo que quieres; la felicidad, querer lo que has
conseguido. Si persistimos en el arte de existir, nuestra bioquímica -
¡gracias, cerebrito!- nos hace más aptos para la felicidad que para el
éxito, ese gran impostor. Los años enseñan a nuestra mente a gratificar
con pequeñas descargas placenteras nuestras íntimas satisfacciones
cotidianas. Un paseo, saludar a un amigo o la caricia del sol saben
mejor con la madurez que todos los honores y medallas anhelados en la
adolescencia. Para la neurología, la felicidad se logra con el discreto
placer de cada día y no con el subidón mayúsculo del triunfador. Si
aprendes a disfrutar la vida con minúscula, podrás celebrarla con
titulares. |
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Estoy en los 40: bastante madura para
la estabilidad emocional y aún joven para mantener buena memoria. Nací
en San Francisco. Casada con otro neurólogo: él es mi niño y yo su niña.
Voté por Obama: su reputación sufrirá ahora todos los efectos de la
amnesia de fuentes
Cómo podemos usar más del 10%
del cerebro?
¡Qué tontería! Todos usamos todo el cerebro: algunos mejor que otros.
Siempre me dijeron que sólo usamos una parte del cerebro.
Eso se lo inventó Dale Carnegie para vender más libros: a la gente le
hace ilusión imaginarse que tiene poderes ocultos...
... Pero no se molesta en usarlos...
"¡Ah, pero el día en que los use, se van a enterar!". Carnegie era un
embustero encantador y atribuyó arbitrariamente esa falsedad del 10% a
un psicólogo famoso y serio, el bueno de William James, quien jamás dijo
nada parecido y lo desmintió siempre que pudo. Esa mentira nos gratifica
el ego.
... Y vendía libros de autoayuda.
Sí, libros como Aprenda a utilizar todo su potencial mental y otros por
el estilo.
¿Así que no me dará ningún truquito? Puedo advertirle acerca de
lo mal construido que está nuestro cerebro y de las enormes deficiencias
que tiene...
¡Pero si es un mecanismo prodigioso!
Esa cantinela es creacionista: Dios es un ser perfecto, ergo nos hizo
perfectos, aunque a veces no nos lo parezca. Los documentales a lo Walt
Disney profundizaron en esa línea tan grata y confortadora: ¡somos
maravillas!
Creerlo sube mucho la moral.
Pues, pese a los documentales para hacernos sentirnos maravillosos y a
Walt Disney y al Dios omnipotente, la realidad es que nuestro cerebro y
nosotros somos productos imperfectos - a veces, mucho- de un proceso
irregular lleno de dudas, errores, retrocesos y avances: la evolución.
A ver: dígame dónde ve los fallos.
Como somos producto de una cadena evolutiva, no podemos reconstruir ex
novo nuestros mecanismos fallidos en la adaptación al medio. Sólo
podemos mejorar a partir de lo heredado, y eso es como construir un F-1
sobre un chasis de utilitario: correrá, pero renqueante. Por eso la
evolución es imperfecta. Y nosotros y nuestros cerebros, también.
Por ejemplo...
Cuando nos dicen algo impactante, tendemos a recordarlo, pero pronto
olvidamos quién nos lo dijo... ¡y si era cierto o falso!
Por eso, calumnia, que algo queda.
Sobre ese fallo mental evolutivo, la source amnesia, fraguó Goebbels el
holocausto, y por ese fallo se han hundido millones de reputaciones. Si
a usted le dicen que un conocido ha matado a su perro a golpes y al día
siguiente lo desmienten con datos fehacientes, a los seis meses usted
seguirá asociando quiera o no a esa persona con ese acto repugnante...
¡Y llegará a olvidar que era falso!
Siempre puedes desmentir...
El desmentido suele ser contraproducente, porque reafirma emocionalmente
la calumnia. Con la edad, esa amnesia de fuentes se agudiza y hace la
calumnia más efectiva.
¿No hay nada bueno en envejecer?
Mucho. Con los años, la bioquímica cerebral proporciona estabilidad
emocional y templanza frente a la adversidad. La madurez nos hace más
positivos ante la vida y - está demostrado empíricamente- más capaces de
disfrutar lo bueno y relativizar lo malo. El joven es más radical porque
su bioquímica no le permite tomar distancia frente a los hechos: eso le
hace más insatisfecho.
Ahora dígame lo malo de cumplir años. La memoria empieza a
perderse a los 30 y la función ejecutiva a los 60, pero haciendo
ejercicio tres veces por semana treinta minutos se puede moderar esta
pérdida.
¿Más taras de nuestra mente genial?
Cada vez que recordamos algo, lo cambiamos: nunca recordamos lo mismo
igual.
La memoria es un país en el que todos somos extranjeros.
Porque nuestro cerebro funciona como un ordenador que cada vez que
cargara un archivo de su memoria perdiera una parte de los datos. Lo que
hacemos para que el recuerdo siga teniendo sentido es rellenar esos
agujeros de contenido con invenciones en función de nuestras
conveniencias, por eso embellecemos nuestros recuerdos.
Cualquier tiempo pasado fue anterior. El cerebro nos miente
siempre. La realidad es sólo una ilusión, pero, como añadía Einstein,
muy persistente. El cerebro genera todos los procesos mentales de tu
existencia, o sea: tu percepción de la realidad. Y rara vez te dice la
verdad, pero casi siempre te dice lo que necesitas saber para subsistir.
Ya es mucho, cerebrito mío.
Es mucho más de lo que te dice la mayoría de los amigos. Pero no por
ello deje de frecuentarlos. La palabra clave para la salud de su cerebro
es conexión: somos poderosísimas máquinas asociativas, y ese poder crea
nuestro lenguaje y los mecanismos simbólicos, metafóricos y de
asociación que las máquinas no han conseguido emular.
¿Oír música hace más listo al bebé?
Otra leyenda neurológica. Lo que sí hace inteligente a cualquiera es
aprender a tocar un instrumento, porque mejora otras habilidades aun sin
advertirlo, como, por ejemplo, las espaciales, tan importantes para el
arte y la arquitectura. Al aprender a realizar cualquier nueva actividad
a cualquier edad, estableces nuevas conexiones neuronales y todo el
cerebro se beneficia de ellas.
Todo está conectado si sabes verlo.
Y desconectarse es morir. Por eso insisto a mis pacientes: "Formen
redes, agrúpense; conéctense y vivirán más y mejor. Márquense retos y
metas y conéctense para realizarlos, y frenarán la vejez". |