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** LA HISTORIA DE THOTH, EL ATLANTE **
Me enseñó él, el camino a Amenti, el inframundo en
el que los grandes Reyes se sientan sobre su trono de poder.
Una profunda reverencia hice en homenaje ante los
Señores de la Vida y los Señores de la Muerte, recibiendo como mi regalo
la Llave de la Vida.
Libre fui de los Salones de Amenti, no destinado a
estar muerto en el círculo de la vida. Lejos a las estrellas viajé hasta
que el espacio y el tiempo se convirtieron en nada.
Después de haber bebido profundamente de la copa
de la sabiduría, miré en los corazones de los hombres y ahí encontré
misterios más grandes y estaba contento. Puesto que solamente en la
Búsqueda de la Verdad podría mi Alma estar tranquila y la flama interior
estar apagada.
A través de las eras viví, viendo a aquellos a mi
alrededor probar de la copa de la muerte y regresar de nuevo en la luz
de la vida.
Gradualmente desde los Reinos de la Atlántida
pasaron olas de conciencia que había sido una conmigo, solamente para
ser recolocadas por semillas de una estrella inferior.
En obediencia a la ley, la palabra del Maestro se
volvió flor. Descendentes a la oscuridad se volvieron los pensamientos
de los Atlantes, hasta que al fin en esta cólera surgida de su AGWANTI
(esta palabra no tiene equivalente; significa un estado de
indiferencia), el Morador, hablando La Palabra, llamando al poder.
Profundo en el corazón de la Tierra, los hijos de
Amenti escucharon, y escucharon, dirigiendo el cambio de la flor de
fuego que arde eternamente, cambiando y cambiando, usando el LOGOS,
hasta que ese gran fuego cambió su dirección.
Sobre el mundo entonces se abrieron las grandes
aguas, inundando y hundiendo, cambiando el equilibrio de la Tierra hasta
que solamente quedó el Templo de la Luz parado sobre la gran montaña en
UNDAL todavía surgiendo del agua; algunos hubo que estaban viviendo,
salvados del torrente de las fuentes.
Me llamó entonces el Maestro, diciendo: Reunid a
mi gente. Llévalos por las artes que has aprendido a través de las
lejanas aguas, hasta que alcances la tierra de los velludos bárbaros,
morando en cuevas del desierto. Sigue allí el plan que todavía conoces.
Reuní entonces a mi pueblo y entré al gran barco
del Maestro. Hacia arriba nos elevamos en la mañana. Oscuro debajo de
nosotros yace el Templo. Repentinamente sobre él surgen las aguas.
Desaparecido de la Tierra, hasta el tiempo señalado, fue el gran Templo.
Rápido volamos hacia el sol de la mañana, hasta
que debajo de nosotros yació la tierra de los hijos de KHEM. Furiosos,
con palos y lanzas, elevados en ira buscando asesinar y completamente
destruir a los Hijos de la Atlántida.
Entonces elevé mi báculo y dirigí un rayo de
vibración, alcanzándoles en sus caminos como fragmentos de piedra de la
montaña.
Después les hablé con palabras tranquilas y
pacíficas, hablándoles del poder de la Atlántida, diciendo que nosotros
éramos hijos del Sol y sus mensajeros. Los intimidé con mi manifestación
de magia-ciencia, hasta que a mis pies se postraron, cuando los liberé.
Mucho habitamos en la tierra de KHEM, mucho y
todavía más nuevamente. Hasta que obedecieran las órdenes del Maestro,
quien mientras duerme no obstante vive eternamente, envié a los Hijos de
la Atlántida, los envié en muchas direcciones, que desde el vientre de
la sabiduría del tiempo puede surgir nuevamente en sus hijos.
Largo tiempo habité en la tierra de KHEM, haciendo
grandes trabajos por la sabiduría dentro de mí. Hacia arriba crié en la
luz del conocimiento a los hijos de KHEM, regados por las lluvias de mi
sabiduría.
Continua ..... |