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Energética, generosa, de profunda convicción religiosa, Petrosino
lleva 40 años trabajando con los pobres y marginados de su país.
Nació en 1938 en la ciudad de Bahía Blanca, al sur de Buenos
Aires. En la década de los años 60 era una bella modelo de clase
acomodada pero, según relata, una grave enfermedad la hizo
"descubrir a Dios" y cambiar para siempre.
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programa
"Tuve una operación muy complicada y casi me voy del otro lado.
Ahí me di cuenta de que era perecedera y busqué un sentido para mi
vida", recuerda.
Petrosino aclara que no pertenece a ninguna congregación
religiosa o institución porque cree en "la libertad que da no tener
que pedir permiso".
"Soy católica en el sentido de universal. Amo a Jesús, pero
también a los grandes que vinieron a este mundo a hacer algo, como
Buda y Zoroastro o contemporáneos como Ghandi y Teresa de Calcuta".
Petrosino es muy religiosa, pero no pertenece a
ninguna congregación. |
Actualmente,
Petrosino vive en una casa rodante, en la que viaja por Argentina
asistiendo a comunidades indígenas olvidadas, llevando alimentos y
asistencia médica a indigentes, y construyendo escuelas y
hospitales.
En 1978 fundó un hogar para desamparados con el propósito de
atender a niños de la calle, enfermos terminales, mujeres
embarazadas sin recursos y vagabundos.
Tras el colapso económico de 2001 en Argentina, este hogar se
convirtió en un centro de distribución de alimentos, las llamadas
"ollas populares".
Amor a los pobres
Sobre el hecho de que la denominen la "Madre Teresa argentina",
Petrosino comenta: "A mí me parece hermoso que me llamen así, porque
ella amaba a los pobres, pero tengo poco que ver con Teresa en el
sentido de que pertenecía a un grupo religioso determinado".
"Yo les critico a algunas iglesias que en ocasiones no viven lo
que predican, porque si así lo hicieran todos estaríamos muy
unidos", afirma.
Se decidió a ayudar a otros luego de que casi
pierde la vida en una
operación. |
Petrosino
ha hecho su trabajo a pulmón, sin el amparo de organización alguna.
La difusión boca a boca de su labor le ha reportado numerosas
donaciones y colaboraciones de todo el mundo.
"Cuando tengo que construir una escuela o un hospital, muchas
veces no hay nada. Entonces me pongo a buscar y cuando la gente se
entera empieza a mandar dinero y materiales. Creo que es porque Dios
quiere que sea así. Pero cuando no me llega nada, no me enojo con
él. Trato de hacer las cosas igual".
La filosofía detrás del trabajo de Petrosino es que cualquiera
puede ser solidario con el prójimo sin necesidad de contar con
recursos económicos.
"Lo importante es tener ganas de mejorar la vida de los otros.
Uno puede hacer muchas cosas: acercarse a un hospital para hablar
con un enfermo o donar la ropa y los alimentos que tiene de más. Si
uno se propone dar, tiene de sobra aunque posea poco".
"Pienso que no hay que fijarse en lo que hacen los otros, el
gobierno, las iglesias. Cada uno debe tomar la iniciativa y decir:
'Hoy empiezo'. Y después es probable que se le sumen otras
personas", dice.
Petrosino viaja por toda Argentina con su casa
rodante, asistiendo a comunidades indígenas
olvidadas. |
Como
ejemplo, Petrosino cuenta que a cada una de sus obras se han
acercado voluntarios deseosos de ayudar sin cobrar un solo centavo.
"Nosotros no recibimos sueldos ni los pagamos. No manejamos
dinero, porque todo lo que recibimos son alimentos y materiales que
distribuimos o utilizamos en las construcciones", aclara.
¿Cargo político?
En 2006, Petrosino obtuvo el premio internacional "Mujer del Año"
en reconocimiento a su labor.
Le han ofrecido varios cargos en la provincia de Buenos Aires, la
más poblada de Argentina, pero ella dice que los ha rechazado para
"tener manos libres".
A pesar de sus 70 años, ella sigue dedicándose
a ayudar a los que menos
tienen. |
"Jamás
voy a aceptar, porque yo no podría pertenecer a ningún grupo
institucional que me ponga limitaciones", insiste. "Creo que he
podido hacer mi tarea todos estos años porque he gozado de la
libertad de los hijos de Dios".
Con sus 70 años recién cumplidos, Petrosino está convencida de
que su misión solidaria no terminará con su partida de este mundo.
"Mientras pueda, voy a seguir. Después Dios seguramente
encontrará alguien que continúe, porque él ama a los pobres",
concluye.
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