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Es
obvio que cada una de las mujeres de quienes hemos hablado
encontró un hombre que le presentaba la clase de desafío que
ella ya había conocido y que, por consiguiente, era alguien
con quien podía sentirse cómoda, sentirse ella misma, pero
es importante entender que ninguna de estas mujeres
reconoció lo que la atraía. De haber existido esa
comprensión, también habría habido una elección más
consciente respecto de entrar o no en una situación que
constituía tal desafío. Muchas veces creemos que nos atraen
cualidades que parecen ser lo opuesto a las que
poseían nuestros padres. Arleen, por ejemplo, al verse
atraída por un hombre bisexual mucho más joven que ella, de
contextura menuda y nada agresivo físicamente hacia ella,
sintió conscientemente que estaría a salvo con un hombre
que, casi con certeza, no repetiría el patrón de violencia
de su padre. Pero la lucha menos consciente por convertirlo
en lo que no era, por permanecer en una situación que desde
el comienzo obviamente no satisfaría su necesidad de amor y
seguridad, fue el elemento incitante en el desarrollo de una
relación con él, y eso hizo que le resultara tan difícil
abandonar a Ellis y al desafío que él representaba.
Más tortuoso aun, pero igualmente común, es
lo ocurrido entre Mary, la estudiante de arte, y su misógino
violento. En su primera conversación estuvieron presentes
todos los indicios acerca de quién era él y de su forma de
sentir, pero la necesidad de Mary de aceptar el desafío que
él representaba era tan grande que, en lugar de verlo como
peligrosamente irascible y agresivo, lo percibió como una
víctima indefensa que necesitaba comprensión. Yo me
atrevería a suponer que no todas las mujeres que conocieran
a ese hombre lo verían así. La mayoría trataría de apartarse
de él y de sus actitudes, pero Mary distorsionó lo que veía,
debido a la intensidad de su impulso de relacionarse con ese
hombre y con todo lo que él representaba. .
Una vez iniciadas, ¿por qué resulta tan
difícil poner fin a estas relaciones, dejar a esa persona
que nos está arrastrando por todos los pasos dolorosos de
esa danza destructiva? Hay una regla empírica que dice así:
cuanto más difícil es poner fin a una relación que es mala
para nosotros, más elementos de nuestra lucha infantil
contiene. Cuando amamos demasiado, es porque tratamos de
vencer los viejos miedos, enojos, frustraciones y dolores de
la niñez, y darse por vencido es renunciar a una valiosísima
oportunidad de encontrar alivio y de rectificar lo que hemos
hecho mal. |