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Un anuncio de Vodka en Moscú.
MADRID.- Una copa después del café de la comida. Una cerveza a media
tarde. Otras cañas al salir del trabajo, que se unen ya con los cubatas
de la noche. Y así, una semana tras otra hasta que un día el individuo
descubre que ha desarrollado un trastorno por culpa de la bebida. Un
nuevo análisis, con datos de 10 países, señala que el alcohol causa una
de cada 25 muertes en el mundo y es responsable del 5% del total de las
enfermedades.
Sin embargo, a pesar de que su impacto en la salud es tan negativo como
el del tabaco, tanto la Organización Mundial de la Salud (OMS) como los
gobiernos son muy permisivos con esta sustancia, según critica un número
especial de la revista 'The Lancet' sobre el tema.
El alcohol forma parte de la cultura humana desde el principio de su
historia. Una arraigada tradición no exenta de problemas. El doctor
Jürgen Rehm, del Centro de Adicciones y Salud Mental de Toronto
(Canadá), escribe en el primero de los artículos que el volumen de
alcohol ingerido y los patrones de consumo son las dos dimensiones que
más influyen en la salud. Y, en ambos aspectos, Europa se lleva la
palma, con una de cada 10 muertes atribuibles directamente al alcohol,
una cifra superior a la de los otros continentes. Según los
investigadores canadienses, la media de consumo de alcohol a nivel
global equivale a 6,2 litros puros de etanol (el principal compuesto de
las bebidas alcohólicas) o a 12 unidades por persona a la semana. En
Europa, la media es de 11,9 litros de etanol. Le sigue NorteAmérica, con
9,4 litros. En todos los países, los hombres beben más que las mujeres.
Algunas enfermedades, como un trastorno del hígado, han sido creadas por
el alcohol, de tal manera que si no se bebiera no existirían", señala el
doctor Rehm. "Y entre las que ya existen pero que se ven muy potenciadas
por la bebida se encuentran los tumores de boca y garganta, el cáncer
colorrectal, la depresión, el infarto y otros problemas
cardiovasculares, cirrosis y diabetes", añade.
Pero no son los únicos daños originados por el alcohol. Los accidentes
de tráfico, los crímenes violentos, los comportamientos sexuales de
riesgo y los suicidios esconden muchas veces un alto grado de alcohol en
sangre.
En cuanto a los grupos más afectados, los científicos apuntan a que son
los jóvenes, de ambos sexos, los que se ven más perjudicados por los
efectos del alcohol y éste es responsable de una gran proporción de
muertes prematuras en los individuos entre 15 y 29 años.
Subir el precio, una medida eficaz
En otro trabajo publicado en la misma revista, el Doctor Peter Anderson
de la Universidad de Maastricht (Holanda) y su equipo analizan una por
una las mejores medidas para tratar de reducir el consumo de alcohol y,
como consecuencia, sus efectos dañinos en la salud. Tras reconocer que
los países han hecho poco para controlar la situación, estos
investigadores concluyen que "encarecer el alcohol y hacerlo menos
accesible y prohibir cualquier tipo de publicidad relacionada con este
producto son las dos medidas con mejor relación coste-eficacia".
Después de su análisis, basado en datos de la Organización Mundial de la
Salud, aportan cuáles son las seis mejores políticas que pueden aplicar
aquellos países donde el alcohol se puede consumir fácilmente.
En primer lugar citan la importancia de fijar un impuesto mínimo para
todas las bebidas con alcohol (aunque reconocen que la existencia de un
creciente mercado ilícito de bebidas alcohólicas complica la
implantación de esta iniciativa). También plantean que el Gobierno tenga
el monopolio de las ventas de alcohol o, en su defecto, establecer un
sistema de licencias que regule la edad y las horas de venta, bajo
multas importantes si no se cumplen, y que se prohíban totalmente los
anuncios directos e indirectos de alcohol -que ahora se promocionan
incluso en eventos deportivos-.
Fijar una concentración máxima de alcohol en sangre para poder conducir,
mejorar la ayuda ofrecida por los especialistas de Atención Primaria y
establecer programas educativos son otras medidas que pueden ayudar,
aunque no han mostrado tanta eficacia como las anteriores.
"A pesar de los paralelismos existentes entre el alcohol y los
cigarrillos, parece que los gobiernos no ven de la misma manera a ambos
productos", escribe en un comentario Robert Beaglehole, de la
Universidad de Auckland (Nueva Zelanda). Pero a la vista de estas
evidencias sobre todos los especialistas que firman en 'The Lancet' unen
su voz para pedir mayor implicación de los políticos y de las
instituciones para atajar el problema y piden que se establezca una
Convención de Control del Alcohol, al igual que se hizo con el tabaco.
El vodka, la condena de los rusos
Si hay un país en el que el alcohol causa estragos, ése es Rusia. En los
últimos años el exceso de alcohol ha sido responsable del 52% de las
muertes prematuras en los hombres de entre 15 y 54 años. Actualmente, la
tasa de mortalidad rusa para las personas en esta franja de edad es
cinco veces más alta que en el resto de Europa para los varones y tres
veces superior en el caso de las mujeres. "Sin el alcohol, el índice de
mortalidad sería sólo un poco más elevado, pero no llegaría ni a doblar
la media europea", afirma Richard Peto, de la Universidad de Oxford
(Reino Unido), que ha realizado una investigación con más de 60.000
ciudadanos en las ciudades de Tomsk, Branaul y Biysk.
La posibilidad de que un chico de 15 años muera en Rusia antes de
cumplir los 35 años es del 10% y de que fallezca antes de llegar a los
57 es del 27%. En Europa Occidental este riesgo es del 2% y el 6%,
respectivamente. La diferencia de cifras se debe, en gran parte, al
consumo de vodka, la bebida que más gusta a los rusos.
El alcohol es una gran fuente de ingresos para el país. Por eso todos
los esfuerzos por controlar y reducir su consumo han encontrado siempre
mucho rechazo. La principal reforma la llevó a cabo Gorbachov en 1985.
Redujo la producción y limitó las ventas, lo que contribuyó a salvar un
millón de vidas y a aumentar la esperanza de vida en dos años. Sin
embargo, estos logros acabaron con el colapso sufrido por la Unión
Soviética en 1991, cuando el consumo, las muertes y los accidentes
volvieron a escalar posiciones. En 2005, el entonces presidente Putin,
consciente de que 40.000 rusos fallecen cada año por culpa del alcohol
(aunque las estimaciones elevan esta cifra hasta los 600.000), introdujo
una legislación para limitar las ventas, pero aún hay que hacer mucho
más.
Lo primero, según los autores, es frenar la producción ilícita de
bebidas y de vodka, fundamentalmente, que supone el 50% de todo el
alcohol que se consume en el país. |