Lógicas porcinas y vacunas más
peligrosas que la gripe
Silvia Ribeiro*
27-09-2009
Ante los rebrotes de la gripe
porcina y la amenaza” de nuevos
contagios masivos en las estaciones
frías que se aproximan en el
hemisferio norte, varios gobiernos
se aprestan a iniciar campañas de
vacunación masiva, todas con gran
drenaje de recursos públicos, que
invariablemente beneficiarán al
pequeño club de trasnacionales
farmacéuticas que monopolizan las
patentes y fabricación de vacunas a
nivel global.
El gobierno de México, que ha usado
la epidemia de gripe porcina para
ponerse como “ejemplo mundial” de
las medidas que deberían tomarse al
respecto, anuncia que invertirá
cuantiosos recursos públicos –hasta
2 mil 500 millones de pesos– en
adquirir vacunas para administrar a
los sectores de población que define
como más vulnerables. Gasto que
según el secretario de Salud
justifica el absurdo paquete fiscal
de saqueo a los pobres propuesto por
Felipe Calderón.
Sin embargo, nada ha hecho para
atacar o limitar las causas que
originaron la gripe porcina. Aunque
el surgimiento de este virus está
indisolublemente ligado a la cría
industrial de animales (cerdos y
pollos), el gobierno no ha tomado
medidas para detener la vasta
contaminación ambiental y a la salud
que producen esas instalaciones,
como la de Granjas Carroll en
Veracruz (propiedad de Smithfield,
la mayor productora global de cerdos
industriales), señalada como
causante del contagio del llamado
“paciente cero”, un niño de La
Gloria, poblado vecino a esa cochina
fábrica.
Al contrario, el gobierno premió a
la cría industrial de cerdos con
nuevos subsidios, para resarcirlos
de los efectos negativo que les
pudiera haber causado provocar la
epidemia. Incluso Alberto Cárdenas,
el ahora renunciado secretario de
Agricultura, se embarcó con esa
industria en una irresponsable
campaña para desinformar más al
público, afirmando que el consumo de
carne de cerdo no estaba vinculado a
la gripe. No se molestó en advertir
a la población que la carne cruda y
la sangre de cerdo pueden ser
obviamente fuente de contagio, mucho
menos que esa devastadora industria
es el origen del virus.
Para completar el cinismo
gubernamental, varios pobladores de
La Gloria, Veracruz, y Chichicuautla,
Puebla, que se organizaron para
denunciar el desastre que allí se
cocinaba y que los enferma, siguen
acusados como criminales y en
proceso de juicios por defender su
medioambiente y su salud. Y la del
resto del planeta, porque su lucha
sí es un verdadero ejemplo para el
mundo.
Garantizando así que va a seguir la
gripe porcina y sin duda surgirán
nuevos virus, ahora van por
favorecer a otra dudosa y lucrativa
industria: la de vacunas.
Aunque el contagio de la gripe
porcina humana (A/H1N1) se ha
extendido rápidamente por todo el
planeta, las cifras de mortalidad,
según la Organización Mundial de la
Salud y estadísticas oficiales de
los países, la ubican en porcentajes
muy por debajo de otras
enfermedades, incluyendo debajo de
las muertes por gripe estacional.
Pese a eso, el gobierno de Estados
Unidos, así como de varios países
europeos y México, entre otros, han
instrumentado campañas de vacunación
masiva, que podrían acelerar nuevas
mutaciones del virus. No explican
por qué invertir miles de millones
de dólares en esta llamada
“pandemia”, y no en otras
enfermedades y causas de mortalidad
más frecuentes, pero están decididos
incluso a permitir el uso de nuevas
vacunas específicas contra la gripe
porcina aunque estén en etapa
experimental y su inocuidad no haya
sido suficientemente probada.
Hay 15 empresas compitiendo
agresivamente por la fabricación de
vacunas. Las trasnacionales
GlaxoSmithKline (con Baxter),
MedInmmune (de AstraZeneca),
Novartis, Sanofi Pasteur (de Sanofi
Aventis), han anunciado que pronto
tendrán vacunas disponibles,
logrando lucrativos contratos de
abasto a nivel global. Novavax
(acusada por algunos científicos de
haber “creado” el virus de la gripe
porcina a partir de su colaboración
con los Centros de Prevención de
Enfermedades de Estados Unidos)
logró contratos para su vacuna en
España.
Todas están usando métodos nuevos de
producción de vacunas, no probados
anteriormente, que implican el uso
de transgénicos en su producción.
Además, todas contienen algún
coadyuvante o potenciador (por
ejemplo escualeno, hidróxido de
aluminio, tiomersal) sobre los que
existe abundante literatura
científica de daños colaterales,
incluyendo reacciones inmunológicas,
fibromialgia y desórdenes
neurológicos, entre otros.
En 1976, una vacuna que se usó en
Estados Unidos contra una epidemia
de gripe porcina (similar a la
actual) que nunca se materializó,
provocó la muerte de 25 personas y
parálisis a más de 500 por la
enfermedad de Guillain-Barré. Miles
de personas levantaron demandas por
daños y perjuicios. Con este
antecedente, la Secretaría de Salud
de Estados Unidos ahora le garantizó
inmunidad legal ¡a los fabricantes
de las nuevas vacunas!
Aquí ni siquiera necesitan
anunciarlo: la impunidad de las
trasnacionales es parte de las
políticas oficiales.
*Investigadora del Grupo ETC
(Fuente: La Jornada)
