|
Te propongo
algo, si a vos, más precisamente al niño que vive en vos.
“Vamos a jugar un rato”. ¡Si a jugar!, como cuando eras chico y un amigo
te invitaba, ¿te acordás?
¿Qué pasa, hace tiempo que no te hacen una oferta así? O acaso, tal
vez... ¿Hace mucho que no te permitís jugar?
Mirá que jugar “no sólo es cosa de chicos”. Ya sé, como diría mi niño,
lo que ocurre es que: “te da cosa”.
Ah, entonces no hay problemas porque...¡sabés que a mi también me cuesta
un poco esto de permitirme jugar un rato! Pero ocurre que la necesidad
es grande, sentir la maravillosa energía que produce el jugar, eso está
de diez y, como vale realmente la pena, yo me voy a animar. Asi que si
querés, ¡lo intentamos juntos!
Nademos en las aguas del río que lleva al tiempo hacia atrás y
conectémonos con el caudal de las ricas experiencias vividas durante
nuestra infancia. Verás cómo ellas le aportan una dosis extra de
frescura y diversión a la vida del adulto que hoy sos y que muere de
ganas por sacar la alegría del niñito que fuiste.
Eso si, para formar parte de esta aventura acuática, antes de tirarte al
agua primero sé consciente de su valor e implicancia: “éste es un viaje
submarino hacia el reino de las íntimas profundidades del ser”.
Abrite pues a experimentar las sensaciones que el placer de jugar
despertaba en tu pequeño años atrás. Dejate fluir para ser vos mismo y
llegar a revivir aquellas alucinantes vibraciones que te hacían tan bien
por dentro; si justo ahí, donde palpita a cada instante tu vida.
Colocá entonces tu mano en el pecho, pegala bien fuerte a tu corazón y
sentí cómo sus latidos resuenan como un eco transportador de vivas
emociones. Porque los sentimientos que despiertan y emergen cuando uno
se conecta con su niño son tan potentes, tan enérgicos que te rebalsan y
desbordan por dentro.
Entiendo si por ahí me decís que el mensaje está buenísimo pero que a
vos no te resulta nada fácil sacar afuera recuerdos de tu niñez, mucho
menos cosas buenas, mucho menos que menos recordar lo extraordinario que
eran los juegos de por aquel entonces. Sobre todo después de tantos años
transcurridos. Ni que hablar, si tenemos en cuenta cada historia
personal vivida. Cada niñez resulta tan única. Sobre todo porque cada
quien se la apropió de manera absolutamente singular de acuerdo a las
huellas de dolor y/o amor que se grabaron a fuego en su interior.
Pero igual hay que ser valiente, el propósito a alcanzar aquí es lo más
importante: “sanarse, sentirse en paz, alcanzar un profundo estado de
equilibrio y felicidad”.
Porque cuando te conectás con tu niñez, poco a poco aparecen las señales
que te indican dónde más necesitás trabajar internamente para sanar con
amor las heridas que oculta el corazón.
Verdaderamente, vale la pena entonces ponerle pilas.
Sabés igual te entiendo si me planteás que se te hace difícil pensar
desde el chiquito que fuiste, porque ¿sabés qué?... te soy sincera, a mi
también no se me hace tan fácil la tarea de ubicarme en el lugar de
aquella pequeñita que alguna vez fui.
Pero bien, entonces más razón para probar juntos ¿no?
Como diría mi niño o el tuyo: “Dale, probemos, capaz que entre los dos
se nos ocurre algo y se nos hace más fácil la cosa”.
¿Te parece?
Bien empezamos, como cuando éramos chiquitos, a la cuenta de tres:
“A la una, a las dos y a las...¡tres!”.
|