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El mundo está volviendo a mirar con buenos ojos a la energía nuclear. Por el
momento, parece ser la alternativa más realista para mitigar el cambio climático
provocado por el uso de combustibles fósiles.
El carbón, gas y petróleo no sólo están calentando el planeta sino que, algún
día, se van a terminar, por lo que su precio seguramente irá en alza. Mientras
tanto, las energías solar y eólica no terminan de despegar para volverse
masivas.
Ante esta realidad, varios gobiernos entienden que la alternativa más sensata y
probada parece ser el poder del átomo, a pesar del temor que genera y de las
críticas que recibe.
Argentina, la potencia nuclear latinoamericana, también se sube a este carro con
la puesta en marcha para 2011 de su tercera central nuclear: Atucha II. Pero
también proyecta tener lista una cuarta (Atucha III) entre 2016 y 2018. Y el
ministro de Planificación Federal, Julio de Vido, aspira a construir una quinta,
mientras que la Comisión Nacional de Energía Atómica (Cnea) avanza a paso firme
en la construcción de un reactor nuclear de baja potencia ciento por ciento
argentino.
Otros 13 países están construyendo 48 nuevas centrales , según el Organismo
Internacional de Energía Atómica. Para acompañar su despegue industrial, China
proyecta construir 12 y en 20 años aspira a pasar de 11 plantas a 104. Rusia
construye ocho e India, seis. Estados Unidos anunció que quiere levantar siete.
Brasil también está reiniciando la construcción de su tercer reactor ubicado,
como los otros dos, en Angra dos Reis. En el plan de energía brasileño figura la
construcción de otras cuatro centrales para 2030.
Chile está debatiendo su política energética y quiere, por primera vez, incluir
en el debate a la energía nuclear, pedida a gritos por las mineras. Otros países
como Italia están replanteando leyes de la década de 1980 que abolían la energía
nuclear o que promovían una paralización en la construcción de nuevas centrales.
En la década de 1970, las centrales nucleares proliferaron ayudadas por la
crisis del petróleo de 1973. Pero en los ´80 la moda mundial por las "pilas
atómicas" decayó tras el terror que generó el accidente de Chernobyl, en 1986.
En el mundo hay 437 centrales nucleares en funcionamiento. La mayoría se
construyó antes de Chernobyl, por lo que muchas de ellas ya están cumpliendo su
vida útil. De hecho, desde 2000 se han cerrado unas 30, mientras que otras 26
tienen más de 38 años de uso.
Las nuevas plantas que se construyan deberán ir reemplazando a las que cierren,
pero también sumar más kilovatios para cubrir la demanda mundial. En la
actualidad, la energía nuclear representa 16 por ciento de la torta energética
mundial.
Según un informe del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), aun
incluyendo en el cálculo los anuncios de centrales a construir, el total de
energía nuclear no alcanza para aumentar ese porcentaje al 20 por ciento, cifra
que podría contribuir a mitigar el cambio climático.
La energía que produce una pastilla de uranio equivale a tres barriles de
petróleo o una tonelada de carbón. Parece mágico. El problema es que las
centrales nucleares requieren de mucha inversión para construirlas, comparadas
con las centrales de combustible fósil. Son caras al principio, pero baratas
luego porque el costo del combustible (uranio) no es tan elevado, frente a los
miles de metros cúbicos necesarios para alimentar una planta termoeléctrica.
En contra. Pero la energía atómica no tiene buena imagen. Los argumentos que
apoyan la mala fama son su peligrosidad, ser blanco terrorista y dejar residuos
intratables, además de estar fuertemente vinculada a la bomba atómica.
"No existe tal resurgimiento (de la energía nuclear). Es el modo más caro e
ineficiente de reducir emisiones de gases que afectan el clima. El anuncio del
Gobierno nacional es simplemente propaganda falsa del lobby nuclear y muestra
una total falta de visión en materia energética", señala Juan Carlos Villalonga,
director de Campañas de Greenpeace Argentina.
Sin embargo, tras más de medio siglo de uso, los expertos afirman que se dispone
de tecnología más segura y que los desechos pueden ser reciclados o
neutralizados con más eficiencia.
¿Qué tan barata es la energía nuclear? La respuesta es variable, pero
países como Argentina, con años de experiencia y masa crítica, corren con
ventaja por sobre el resto. El informe del MIT calculó que el costo, en Estados
Unidos, de un kilovatios generado por energía nuclear es de cuatro mil dólares.
En el caso del carbón, 2.300. Y para el gas natural, 850. En los cálculos no se
incluye el costo ambiental.
Greenpeace entiende que se trata de una industria que con más de 50 años aún no
puede desarrollarse sin inmensos subsidios estatales, y señala que si las
energías renovables recibieran el mismo apoyo económico, se lograrían grandes
avances en alternativas más verdes.
¿Podrá la energía nuclear exorcizar sus demonios y convertirse en la alternativa
pacífica y salvadora? |