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Una explicación del calentamiento global remite a las modificaciones del ciclo
solar. El mecanismo funcionaría del siguiente modo: el aumento del viento solar
y su campo magnético repele los rayos cósmicos que, de otra manera, bañarían la
troposfera terrícola, lo que tendría como resultado menos aerosoles en la baja
atmósfera y una disminución de la formación de nubes. A menor cobertura nubosa,
más insolación y, finalmente, mayor temperatura. Una simulación ha puesto a
prueba por primera vez dicha hipótesis.
rasbcn (Flickr)
Hasta el momento, la influencia de la ducha de radiación venida del espacio
exterior en la creación de nubes no había sido verificada; los indicios a favor
de la mencionada hipótesis se reducían a la existencia de una correlación
estadística entre el flujo de radiación espacial y las nubes que cubren los
océanos, defendida por el investigador danés Henrick Svensmark y su colega Friis-Christensen.
Pero establecer un nexo causal a partir de una correlación requiere unas cuantas
evidencias contantes y sonantes.
Los primeros ataques a esa conjetura surgieron de una observación realizada por
las universidades británicas de Lancaster y Durban. Sus responsables, T. Sloan y
A. Wolfendale, no encontraron correlación alguna entre los cambios en la capa
nubosa que cubre el planeta y las variaciones en la intensidad de los rayos
cósmicos; ni siquiera durante las 'tormentas magnéticas' que bombardean la
Tierra, como la que ocasionó un apagón en Québec en 1989. "No existe evidencia
de cambios en la capa nubosa inferior inducidos por cambios conocidos en la tasa
de rayos cósmicos ionizantes", sentenciaron.
El último mentís lo acaban de dar dos científicos norteamericanos, con una
simulación de las condiciones atmosféricas detallada en Geophysical Research
Letters. "Hasta ahora, los partidarios de esa hipótesis podían afirmar que el
sol estaría causando un calentamiento global, porque nadie disponía de un modelo
informatizado para verificar realmente esas afirmaciones", comentó Peter Adams,
investigador de la Universidad Carnegie Mellon (EEUU), y uno de los autores del
trabajo, junto con Jeffrey Pierce.
"En nuestras simulaciones, los cambios en las concentraciones de núcleos de
condensación nubosos derivados de cambios en los rayos cósmicos durante un ciclo
solar han sido dos órdenes de magnitud demasiada pequeños (100 veces inferiores)
para dar cuenta de las modificaciones observadas en las propiedades de las
nubes", afirman ambos expertos. "En consecuencia, concluimos que el hipotético
efecto resulta demasiado pequeño para jugar un papel significativo en el cambio
climático actual". "Además, esas partículas son extremadamente pequeñas y
necesitan crecer para poder afectar a las nubes. Y la mayoría no sobrevive para
llegar a ello", añadió Adams.
A los investigadores no se les escapan las limitaciones intrínsecas de su
modelo. "Ninguna simulación por ordenador de algo tan complejo como la atmósfera
llegará alguna vez a ser perfecta", admite Adams, y al mismo tiempo arroja un
guante a sus adversarios: "Probablemente los defensores de la hipótesis de los
rayos cósmicos intentarán cuestionar estas conclusiones, pero el efecto
observado en nuestro modelo es tan débil que nos parece difícil que sus
resultados básicos se puedan modificar".
Quizás la última palabra la tendrá el Proyecto Nube, que se está llevando a cabo
en el CERN de Ginebra. Allí han construido dos cámaras en cuyo interior se
reproducen con aire, vapor de agua, gases y aerosoles las condiciones de la
atmósfera, para exponerlas a rayos de partículas que simulan la acción de la
radiación espacial a cualquier altitud o latitud. Se espera que en 2011
comiencen a salir los primeros datos, que ayuden a confirmar o refutar
definitivamente la conexión rayos cósmicos-clima. |