La sociedad moderna ha convertido al agua en fuente de poder y de conflicto. Según la científica hindú Vanada Shiva, durante el siglo XXI, el agua será causa de guerras, como lo fue el petróleo en el siglo XX. La figura no parece descabellada si reparamos en que la civilización actual se sostiene en 1% del agua que no está contaminada.
Hoy, gracias a la privatización de los mantos acuíferos que proliferó a partir de los años 90, nada parece más antinatural que tener que comprar agua en una botella de plástico que, además, no siempre va a al reciclaje, sino a contaminar la tierra. En ese sentido, el derecho al agua no aparece todavía en la agenda de los gobiernos, porque muchos de ellos, incluido el nuestro, han considerado el agua como "recurso estratégico" y sujeto a temas de seguridad nacional, en previsión de un futuro amenazado por la escasez.
El precipicio
Según el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente, en menos de 25 años, dos terceras partes de la población mundial vivirán en países con estrés hídrico, es decir, donde el consumo de agua es superior a 10% de sus recursos renovables de agua dulce.
Los conflictos saltan a la vista. Desde los reclamos por agua que protagoniza Estados Unidos contra México en la frontera norte, hasta los movimientos indígenas por la recuperación de derechos sobre su territorio (recursos naturales, ríos, manantiales, etcétera), actualmente sujetos a la privatización y a la explotación por otros sectores.
El uso irracional del recurso, su contaminación, su escasez y su control por intereses poderosos, pueden ponernos al borde del precipicio, si no es que ya lo estamos. De hecho, se calcula que 9 mil niños mueren diariamente en el mundo por falta de agua. América Latina está considerada como zona con mayores riesgos de pérdida de biodiversidad biológica.
Por lo pronto, el agua misma está cobrando su tributo en vidas y en destrucción, a causa del calentamiento global y el cambio climático. Tsunamis en Tailandia, Indonesia y la India. Huracanes, maremotos, inundaciones, sequía, entre otros elementos parecen inaugurar un nuevo episodio de grandes devastaciones en diversos puntos del planeta. En las creencias indígenas, el lugar de la muerte es un lugar húmedo. Nace y regresa cíclicamente al inframundo.
Vulnerabilidad
El problema del agua no alcanza de igual manera a todas las poblaciones. Sucede en todos los sistemas inequitativos donde priva la concentración exagerada de la riqueza y la generalización ilimitada de la miseria: los damnificados son siempre los más vulnerables. En Nueva Orleáns, cuna del jazz y expresión de diversidad cultural en Estados Unidos, entre los más afectados figuran los habitantes afroamericanos pobres, hondureños y salvadoreños inmigrantes. Ahora está habitado por una tercera parte de su población, antes de Catrina.
En México, 87% de la población tiene agua potable dentro de sus viviendas, pero los estados donde habitan poblaciones indígenas: Chiapas, Guerrero, Oaxaca, Veracruz y Yucatán, tienen cubierta menos de 70%. En Oaxaca, el grupo menos favorecido es el zoque. A nivel internacional se reconoce que son los pobres y las mujeres quienes padecen de manera más directa la crisis del agua.
En diversas partes del mundo, pueblos indígenas han sido despojados de territorios y otros han sustituido el manejo sustentable del agua por prácticas de sobrevivencia, presionados por la escasez y la urbanización a medias. Uno de estos grupos indígenas vulnerables son los concá en Sonora quienes viven en el desierto frente a la Isla de Tiburón, en el Mar de Cortés. Hace varios años, un sagaz empresario les propuso un trueque: instalar sus antenas parabólicas en su territorio a cambio de unas pipas de agua.
Recientemente, los tenek de San Luis Potosí han denunciado la sequía de los pozos de Ciudad Valles. Los yaquis han protagonizado también una fuerte lucha por el agua. Las mujeres mazahuas del estado de México han lanzado ya varias señales de alerta en relación con los daños que, señalan, ha causado la extracción de agua del Cutzamala en comunidades que carecen de acceso a ese preciado bien.
En este principio de siglo XXI, poco menos de la mitad de los pueblos indígenas dependen de prácticas arcaicas para la recolección del agua y son las mujeres las que soportan sobre sus espaldas pesadas cubetas o recipientes diversos para la colecta y traslado del agua, con excepción de los concá que dada la aridez del desierto y lo rudo del trabajo de buscar agua, la tarea la asumen los hombres. Curiosamente, son femeninas las diosas del agua terrestre.
Territorio y biodiversidad
Más allá de la cosmogonía, para los pueblos indígenas, el problema del agua remite a un asunto fundamental: el control sobre el territorio y de los recursos naturales. Ese es en el fondo el tema principal del debate en torno a los derechos de los pueblos indios y su planteamiento del "derecho humano al agua".
Los esquemas de distribución de los recursos hídricos y la relación entre el bosque y las ciudades están también a debate internacional. Ríos, lagunas y manantiales de antiguos territorios indígenas alimentan las ciudades sin que se establezcan todavía medidas de reciprocidad, de cuidado del bosque, como sucede en San Agustín Etla, un municipio que aporta casi 40% del agua que alimenta a la ciudad de Oaxaca, sin que a la fecha se hayan instituido mecanismos compensatorios o tratamiento específico como fábrica de agua, lo que supone ciertos apoyos y estímulos para apoyar el desarrollo sustentable del medio ambiente y la comunidad.
Durante el siglo XX, los proyectos de aprovechamiento de los recursos hídricos tuvieron repercusiones negativas en el deterioro de los ecosistemas, poniendo en peligro la existencia de animales, plantas, especies nativas. Eliminaron pantanos y humedales, extrajeron agua para otros usos, alteraron la circulación del agua, a pesar de que el agua también tiene memoria. Hay que recordar, que aún entubada o mucho tiempo después, el agua recuerda sus viejos lechos y tarde o temprano los vuelve a recorrer.
El arrojo de desechos industriales y aguas negras contaminaron el agua. Los efectos de la agricultura y de la deforestación se dejan sentir en el medio ambiente, en la erosión de la tierra y la reducción de la evaporación del agua.
Si la biodiversidad está amenazada lo está también el canto del cenzontle, la mitología indígena, la viabilidad de muchos elementos culturales y lingüísticos de los pueblos y comunidades.
Conocimiento tradicional
El conocimiento tradicional en el manejo de los recursos naturales constituye uno de los patrimonios intangibles más profundos y a la vez más vulnerados por la sociedad moderna, basada en la explotación irracional de los recursos y en la privatización y mercantilización de todo.
La falta de legislación y de protección de este patrimonio inmaterial alienta una fuerte pérdida de recursos, frente al aprovechamiento de la biodiversidad por parte de empresas farmacéuticas trasnacionales que se llevan el nopal y nos lo devuelven envasado. Se llevan el tepezcohuite y nos lo regresan en finos e importados jabones de tocador. El tema de la propiedad intelectual y los derechos colectivos, pone a debate la posibilidad de su armonización con los fundamentos del derecho romano que privilegia el carácter individual.
Estrategias globales
En la batalla internacional, los movimientos indígenas han construido diversas estrategias y redes de acción. Una de ellas es la campaña el Agua es Vida, que promueve la Red Indígena del Medio Ambiente, a partir del "reconocimiento, el honor y el respeto al agua como regalo de la creación universal". Esta Red lleva a cabo un programa que involucra a poblaciones indígenas, gobiernos tribales y activistas por el agua no indígenas de las ONG con miras a proteger el valor sagrado del agua y de la madre tierra contra la explotación del medio ambiente y el respeto al conocimiento tradicional.
La creación del Foro Permanente para las Cuestiones Indígenas de las Naciones Unidas, creado en 2002 e integrado por 16 expertos independientes propuestos por los pueblos indios y los gobiernos, constituye también un nuevo escenario de debate de la agenda internacional.
El III Foro Mundial del Agua celebrado en Kioto, en 2003, hizo un llamado a reafirmar la relación con la madre tierra y la responsabilidad por el futuro de la nuevas generaciones a sumar voces en solidaridad para hablar de la protección del agua.
Los movimientos civiles están planteando la creación de nuevos foros, como el Tribunal Latinoamericano del Agua, que también sesiona en México y en donde se incluye la problemática de las mujeres mazahuas ya mencionado.
El tema del agua gana la atención local, aunque en su justa dimensión global. Los gobiernos ponen el acento en nuevas estrategias para garantizar la satisfacción de las necesidades, la protección de los ecosistemas y otras medidas, que por el momento, tienen el reloj en contra para intentar ganarle la carrera a la crisis del agua.
El IV Foro Mundial del Agua y los pueblos Indígenas
En el contexto del Foro Mundial del Agua que se realiza en la ciudad de México, los planteamientos de las organizaciones indígenas estuvieron presentes en una sesión temática organizada por la Comisión para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas y el Foro Permanente para las Cuestiones Indígenas de Naciones Unidas. Entre los participantes estuvieron la ANIPA, la Asamblea Nacional Indígena por la Pluralidad y la Autonomía, en la voz de Cecilio Solís y la Asamblea Nacional de Jóvenes Indígenas.
El reto global y local es cómo articular el conocimiento tradicional con el desarrollo sustentable del medio ambiente que promueve la agenda 21 de las Naciones Unidas, no sólo en las regiones indígenas, aunque conviene pensar en ellas en primer lugar, sino también en las ciudades, donde cada vez más conviven estas cosmogonías indígenas a causa de la migración. El agua es un tema que nos convoca a pensar en el cambio cultural que encierra su cuidado y su aprovechamiento en armonía con el presente y el futuro de la Tierra.
* Antropóloga